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Curso 2015-2016

Filópolis. Seminario permanente de filosofía política
UIMP / Ateneo Mercantil de Valencia
Noviembre de 2015 /mayo de 2016
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Filópolis

Apología de Sócrates 24 b: πεξὶ κὲλ νὖλ ὧλ νἱ πξῶηνί κνπ θαηήγνξνη θαηεγόξνπλ
αὕηε ἔζησ ἱθαλὴ ἀπνινγία πξὸο ὑκ᾵ο: πξὸο δὲ Μέιεηνλ ηὸλ ἀγαζὸλ θαὶ φιλόπολιν, ὥο θεζη,
θαὶ ηνὺο ὑζηέξνπο κεηὰ ηαῦηα πεηξάζνκαη ἀπνινγήζαζζαη.
[Acerca de las acusaciones que me hicieron los primeros acusadores, sea esta
suficiente defensa ante vosotros. Contra Meleto, el honrado y el amante de la
ciudad, según él dice, y contra los acusadores recientes, voy a intentar defenderme a
continuación.

Apología de Sócrates, ed. J. Calonge, Gredos, Madrid, 1981.]

República 470 d: ζθόπεη δή, εἶπνλ, ὅηη ἐλ ηῇ λῦλ ὁκνινγνπκέλῃ ζηάζεη, ὅπνπ ἄλ ηη
ηνηνῦηνλ γέλεηαη θαὶ δηαζηῇ πόιηο, ἐὰλ ἑθάηεξνη ἑθαηέξσλ ηέκλσζηλ ἀγξνὺο θαὶ νἰθίαο
ἐκπηκπξῶζηλ, ὡο ἀιηηεξηώδεο ηε δνθεῖ ἡ ζηάζηο εἶλαη θαὶ νὐδέηεξνη αὐηῶλ φιλοπόλιδες.
[A Glaucón. —Observa ahora cuando ocurre algo de esta índole que hemos
convenido en llamar disputa intestina, en la que la ciudad se divide en facciones y cada
una de ellas devasta los campos de la otra e incendia sus casas, cómo la disputa
intestina parece abominable y ninguna de las facciones patrióticas.]

República 502 e-503 b: θαὶ ηὰ κὲλ δὴ ηῶλ γπλαηθῶλ ηε θαὶ παίδσλ πεπέξαληαη, ηὸ δὲ
ηῶλ ἀξρόλησλ ὥζπεξ ἐμ ἀξρῆο κεηειζεῖλ δεῖ. ἐιέγνκελ [503 α] δ᾽, εἰ κλεκνλεύεηο, δεῖλ αὐηνὺο
φιλοπόλιδάς ηε θαίλεζζαη, βαζαληδνκέλνπο ἐλ ἡδνλαῖο ηε θαὶ ιύπαηο, θαὶ ηὸ δόγκα ηνῦην κήη᾽
ἐλ πόλνηο κήη᾽ ἐλ θόβνηο κήη᾽ ἐλ ἄιιῃ κεδεκηᾶ κεηαβνιῇ θαίλεζζαη ἐθβάιινληαο, ἢ ηὸλ
ἀδπλαηνῦληα ἀπνθξηηένλ, ηὸλ δὲ παληαρνῦ ἀθήξαηνλ ἐθβαίλνληα ὥζπεξ ρξπζὸλ ἐλ ππξὶ
βαζαληδόκελνλ, ζηαηένλ ἄξρνληα θαὶ γέξα δνηένλ θαὶ δῶληη θαὶ ηειεπηήζαληη θαὶ ἆζια. ηνηαῦη᾽
ἄηηα ἦλ ηὰ ιεγόκελα παξεμηόληνο θαὶ παξαθαιππηνκέλνπ ηνῦ [503 β] ιόγνπ, πεθνβεκέλνπ
θηλεῖλ ηὸ λῦλ παξόλ.
ἀιεζέζηαηα, ἔθε, ιέγεηο: κέκλεκαη γάξ.
ὄθλνο γάξ, ἔθελ, ὦ θίιε, ἐγώ, εἰπεῖλ ηὰ λῦλ ἀπνηεηνικεκέλα: λῦλ δὲ ηνῦην κὲλ
ηεηνικήζζσ εἰπεῖλ, ὅηη ηνὺο ἀθξηβεζηάηνπο θύιαθαο θηινζόθνπο δεῖ θαζηζηάλαη.

[A Adimanto. —Es cierto que, en lo concerniente a las mujeres y a los niños
hemos concluido, pero en cuanto a los gobernantes es preciso retomar la cosa
prácticamente desde el principio. Decíamos, si recuerdas, que debían mostrar su amor
a la ciudad, poniéndose a prueba tanto en los placeres como en los dolores, sin
rechazar esta convicción en medio de fatigas, temores ni cualquier otra circunstancia.
Antes bien, aquel que se muestre incapaz de ello debe ser excluido, mientras que quien
emerja puro en todo sentido, como oro probado con el fuego, será erigido gobernante y
colmado de dones y premios tanto durante la vida como tras la muerte.
Aproximadamente esto es lo que se había dicho en momentos en que el argumento se
desvió y se cubrió de un velo, en el temor de vérnoslas con lo que ahora se presenta.
Gran verdad, ahora lo recuerdo.
En efecto, amigo mío, yo titubeaba en aventurarme a hacer las audaces
declaraciones que acabo de hacer, pero ahora hemos de ser más audaces y decir que es
necesario que los guardianes perfectos sean filósofos.
República, ed. C. Eggers Lan, Gredos, Madrid, 1986.]

Leyes 694 c: καληεύνκαη δὴ λῦλ πεξί γε Κύξνπ, ηὰ κὲλ ἄιι᾽ αὐηὸλ ζηξαηεγόλ ηε
ἀγαζὸλ εἶλαη θαὶ φιλόπολιν, παηδείαο δὲ ὀξζῆο νὐρ ἧθζαη ηὸ παξάπαλ, νἰθνλνκίᾳ ηε νὐδὲλ ηὸλ
λνῦλ πξνζεζρεθέλαη.
[Adivino ahora acerca de Ciro que si bien era un buen general y amante de su
ciudad, en absoluto se ocupaba de la buena educación ni prestaba ninguna atención a
la organización de su casa.
Leyes, ed. F. Lisi, Gredos, Madrid, 1999.]

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Diálogos platónicos y amor a la ciudad
Atenas, ciudad abierta (403 a. C.): de la amnistía a la anámnesis.
Las fuentes de la literatura socrática. Los diálogos de Platón como
apología de Sócrates. El problema de Sócrates: “War Sokrates überhaupt
ein Grieche?” (Nietzsche).
La necesidad logográfica de la Apología de Sócrates: 1) lo que se
dice de Sócrates (las acusaciones antiguas y actuales, “corruptor de la
juventud”, “impío”, “ateo”), 2) lo que Sócrates dice de sí mismo
(“extranjero”, “sabio”, “idiota”, “maestro de nadie”, “ironizo”, “profeta”) y
3) lo que Sócrates dice de aquellos a los que se dirige (“atenienses”,
“acusadores”, “descarado e intemperante”, “jueces”, “amigos”). El “ruido”
que arman los atenienses. Perfección humana y política. La sabiduría
propia del hombre. “Lo más importante para el que investiga según el
dios” (δεηνῦληη θαηὰ ηὸλ ζεόλ, 22 a). Potidea, Anfípolis, Delion (28 d): la
centralidad no histórica de Anfípolis (Sócrates, Tucídides, Platón: la
historia y la filosofía). Obedecer al dios más que a los atenienses (29 d).
Vida filosófica y examinada. “Algo divino y demónico” (ζεῖόλ ηη θαὶ
δαηκόληνλ, 31 c-d). El mito: Hades e inmortalidad. Muerte, esperanza,
transformación, cambio de morada. Últimas palabras: ὁπόηεξνη δὲ ἡκῶλ
ἔξρνληαη ἐπὶ ἄκεηλνλ πξ᾵γκα, ἄδεινλ παληὶ πιὴλ ἢ ηῷ ζεῷ.
“Socrates a une manière d‟obéir qui est une manière de résister”
(Maurice Merleau-Ponty): revelación y desobediencia civil.

Socrates is distinguished from all philosophers who preceded him
by the fact that he sees the core of the whole, or of the nature, in noetic
heterogeneity. The whole is not one, nor homogeneous, but
heterogeneous. Yet the heterogeneity is not sensible heterogeneity, like
the heterogeneity of the four elements, for example, but noetic
heterogeneity, essential heterogeneity. It is for this reason that Socrates
founded political science. Only if there is essential heterogeneity can
there be an essential difference between political things and things which
are not political. The discovery of noetic heterogeneity permits one to let
things be what they are and takes away the compulsion to reduce
essential differences to something common. The discovery of noetic
heterogeneity means the vindication of what one could call common
sense. Socrates called it a return from madness to sanity or sobriety, or,
to use the Greek term, sophrosynē, which I would translate as
moderation. Socrates discovered the paradoxical fact that, in a way, the
most important truth is the most obvious truth, or the truth of the
surface. Furthermore, the fact that there is a variety of being, in the
sense of kinds or classes, means that there cannot be a single total
experience of being, whether that experience is understood mystically or
romantically, the specifically romantic assertion being that feeling, or
sentiment, or a certain kind of sentiment, is this total experience. There
is indeed mental vision, or perception, of this or that kind or pattern, but
the many mental patterns, many mental perceptions, must be connected
by logismos, by reasoning, by putting two and two together.

LEO STRAUSS
„The Problem of Socrates‟ (1958), The Rebirth of Classical
Political Rationalism, ed. T. L. Pangle, Chicago UP, 1989, pp. 142-143

He [Platón] afterwards investigated the manner and the method
by means of which the citizens of cities and nations ought to be
instructed in this science and their character formed by those ways of
life, whether the method ought to be the method used by Socrates or the
one that was the method of Thrasymachus. Here he delineated once
again Socrates‟ method for realizing his aim of making his own people
understand through scientific investigation the ignorance they were in.
He explained Thrasymachus‟ method and made it know that
Thrasymachus was more able than Socrates to form the character of the
youth and instruct the multitude; Socrates possessed only the ability to
conduct a scientific investigation of justice and the virtues, and a power
of love, but did not possess the ability to form the character of the youth
and the multitude; and the philosopher, the prince, and the legislator
ought to be able to use both methods: the Socratic method with the elect,
and the Thrasymachus‟ method with the youth and the multitude.

Alfarabi’s Philosophy of Plato and Aristotle
ed. Muhsin Mahdi, The Free Press of Glencoe, Nueva York, 1962, pp. 66-67

Sokrates gehörte, seiner Herkunft nach, zum niedersten Volk:
Sokrates war Pöbel. Man weiss, man sieht es selbst noch, wie hässlich er
war. Aber Hässlichkeit, an sich ein Einwand, ist unter Griechen beinahe
eine Widerlegung. War Sokrates überhaupt ein Grieche? Die
Hässlichkeit ist häufig genug der Ausdruck einer gekreuzten, durch
Kreuzung gehemmten Entwicklung. Im andren Falle erscheint sie als
niedergehende Entwicklung. Die Anthropologen unter den Criminalisten
sagen uns, dass der typische Verbrecher hässlich ist: monstrum in
fronte, monstrum in animo. Aber der Verbrecher ist ein décadent. War
Sokrates ein typischer Verbrecher?— Zum Mindesten widerspräche dem
jenes berühmte Physiognomen-Urtheil nicht, das den Freunden des
Sokrates so anstössig klang. Ein Ausländer, der sich auf Gesichter
verstand, sagte, als er durch Athen kam, dem Sokrates in‟s Gesicht, er sei
ein monstrum,—er berge alle schlimmen Laster und Begierden in sich.
Und Sokrates antwortete bloss: “Sie kennen mich, mein Herr!” —
[Sócrates pertenecía, por su ascendencia, a lo más bajo del
pueblo: Sócrates era plebe. Se sabe, incluso se ve todavía, qué feo era.
Mas la fealdad, en sí una objeción, es entre los griegos casi una
refutación. ¿Era Sócrates realmente un griego? Con bastante frecuencia
la fealdad es expresión de una evolución cruzada, estorbada por el cruce.
En otros casos aparece como una evolución descendente. Los
antropólogos entre los criminalistas nos dicen que el criminal típico es
feo: monstrum in fronte, monstrum in animo. Pero el criminal es un
décadent. ¿Era Sócrates un criminal típico? — Al menos no estaría en
contradicción con esto aquel famoso juicio de un fisonomista, que tan
chocante pareció a los amigos de Sócrates. Un extranjero que entendía
de rostros, pasando por Atenas, le dijo a Sócrates a la cara que era un
monstrum, — que escondía en su interior todos los vicios y apetitos
malos. Y Sócrates se limitó a responder: “¡Usted me conoce, señor mío!”]
FRIEDRICH NIETZSCHE
„El problema de Sócrates‟, § 3, Crepúsculo de los ídolos, ed. de A.
Sánchez Pascual, Alianza, Madrid, 1993, p. 39
ἔρεη γὰξ νὑησζί. λῦλ ἐγὼ πξῶηνλ ἐπὶ δηθαζηήξηνλ ἀλαβέβεθα, ἔηε
γεγνλὼο ἑβδνκήθνληα: ἀηερλῶο νὖλ μέλσο ἔρσ ηῆο ἐλζάδε ιέμεσο. ὥζπεξ νὖλ
ἄλ, εἰ ηῷ ὄληη μέλνο ἐηύγραλνλ ὤλ, ζπλεγηγλώζθεηε δήπνπ ἄλ κνη εἰ ἐλ ἐθείλῃ ηῇ
θσλῇ ηε θαὶ ηῷ ηξόπῳ [18α] ἔιεγνλ ἐλ νἷζπεξ ἐηεζξάκκελ, θαὶ δὴ θαὶ λῦλ
ηνῦην ὑκῶλ δένκαη δίθαηνλ, ὥο γέ κνη δνθῶ, ηὸλ κὲλ ηξόπνλ ηῆο ιέμεσο ἐ᾵λ—
ἴζσο κὲλ γὰξ ρείξσλ, ἴζσο δὲ βειηίσλ ἂλ εἴε—αὐηὸ δὲ ηνῦην ζθνπεῖλ θαὶ ηνύηῳ
ηὸλ λνῦλ πξνζέρεηλ, εἰ δίθαηα ιέγσ ἢ κή: δηθαζηνῦ κὲλ γὰξ αὕηε ἀξεηή,
ῥήηνξνο δὲ ηἀιεζῆ ιέγεηλ.
[En efecto, la situación es esta. Ahora, por primera vez,
comparezco ante un tribunal a mis setenta años. Simplemente soy ajeno
al modo de expresarse aquí. Del mismo modo que si, en realidad, fuera
extranjero me consentiríais, por supuesto, que hablara con el acento y
manera en los que me hubieran educado, también ahora os pido como
algo justo, según me parece a mí, que me permitáis mi manera de
expresarme —quizá podría ser peor, quizá mejor— y consideréis y
pongáis atención solo a si digo cosas justas o no. Ese es el deber del juez,
el del orador decir la verdad.]
PLATÓN
Apología de Sócrates, ed. J. Calonge, Diálogos, vol. I, Gredos,
Madrid, 20068
, 17 d-18 a
ἀιι᾽ ἀλάγθε ἀηερλῶο ὥζπεξ ζθηακαρεῖλ ἀπνινγνύκελόλ ηε θαὶ ἐιέγρεηλ
κεδελὸο ἀπνθξηλνκέλνπ.
[… sino que es necesario que yo me defienda sin medios, como si
combatiera sombras, y que argumente sin que nadie me responda.]
Apol. 18 d
ἐγὼ γάξ, ὦ ἄλδξεο Ἀζελαῖνη, δη᾽ νὐδὲλ ἀιι᾽ ἢ δηὰ ζνθίαλ ηηλὰ ηνῦην ηὸ
ὄλνκα ἔζρεθα. πνίαλ δὴ ζνθίαλ ηαύηελ; ἥπεξ ἐζηὶλ ἴζσο ἀλζξσπίλε ζνθία: ηῷ
ὄληη γὰξ θηλδπλεύσ ηαύηελ εἶλαη ζνθόο.
[En efecto, atenienses, yo no he adquirido este renombre por otra
razón que por cierta sabiduría. ¿Qué sabiduría es esa? La que, tal vez, es
sabiduría propia del hombre, pues en realidad es probable que yo sea
sabio al respecto.]
Apol. 20 d
‘ηί πνηε ιέγεη ὁ ζεόο, θαὶ ηί πνηε αἰλίηηεηαη; ἐγὼ γὰξ δὴ νὔηε κέγα νὔηε
ζκηθξὸλ ζύλνηδα ἐκαπηῷ ζνθὸο ὤλ: ηί νὖλ πνηε ιέγεη θάζθσλ ἐκὲ ζνθώηαηνλ
εἶλαη; νὐ γὰξ δήπνπ ςεύδεηαί γε: νὐ γὰξ ζέκηο αὐηῷ.’ θαὶ πνιὺλ κὲλ ρξόλνλ
ἠπόξνπλ ηί πνηε ιέγεη: ἔπεηηα κόγηο πάλπ ἐπὶ δήηεζηλ αὐηνῦ ηνηαύηελ ηηλὰ
ἐηξαπόκελ.
5
[¿Qué dice realmente el dios y qué indica en enigma? Yo tengo
conciencia de que no soy sabio, ni poco ni mucho. ¿Qué es lo que
realmente dice al afirmar que yo soy muy sabio? Sin duda, no miente; no
le es lícito. Durante mucho tiempo estuve confuso sobre lo que en verdad
quería decir. Más tarde, a regañadientes me incliné a una investigación
del oráculo del modo siguiente.]
Apol. 21 b
ηνῦ δὲ ζενῦ ηάηηνληνο, ὡο ἐγὼ ᾠήζελ ηε θαὶ ὑπέιαβνλ, θηινζνθνῦληά
κε δεῖλ δῆλ θαὶ ἐμεηάδνληα ἐκαπηὸλ θαὶ ηνὺο ἄιινπο
[Y, en cambio, ahora, al ordenarme el dios, según he creído y
aceptado, que debo vivir filosofando y examinándome a mí mismo y a los
demás…]
Apol. 28 e
ἴζσο ἂλ νὖλ δόμεηελ ἄηνπνλ εἶλαη, ὅηη δὴ ἐγὼ ἰδίᾳ κὲλ ηαῦηα
ζπκβνπιεύσ πεξηηὼλ θαὶ πνιππξαγκνλῶ, δεκνζίᾳ δὲ νὐ ηνικῶ ἀλαβαίλσλ εἰο
ηὸ πιῆζνο ηὸ ὑκέηεξνλ ζπκβνπιεύεηλ ηῇ πόιεη. ηνύηνπ δὲ αἴηηόλ ἐζηηλ ὃ ὑκεῖο
ἐκνῦ πνιιάθηο ἀθεθόαηε πνιιαρνῦ ιέγνληνο, ὅηη κνη ζεῖόλ ηη θαὶ [31δ]
δαηκόληνλ γίγλεηαη θσλή, ὃ δὴ θαὶ ἐλ ηῇ γξαθῇ ἐπηθσκῳδῶλ Μέιεηνο
ἐγξάςαην. ἐκνὶ δὲ ηνῦη᾽ ἔζηηλ ἐθ παηδὸο ἀξμάκελνλ, θσλή ηηο γηγλνκέλε, ἣ ὅηαλ
γέλεηαη, ἀεὶ ἀπνηξέπεη κε ηνῦην ὃ ἂλ κέιισ πξάηηεηλ, πξνηξέπεη δὲ νὔπνηε.
ηνῦη᾽ ἔζηηλ ὅ κνη ἐλαληηνῦηαη ηὰ πνιηηηθὰ πξάηηεηλ, θαὶ παγθάισο γέ κνη δνθεῖ
ἐλαληηνῦζζαη: εὖ γὰξ ἴζηε, ὦ ἄλδξεο Ἀζελαῖνη, εἰ ἐγὼ πάιαη ἐπερείξεζα
πξάηηεηλ ηὰ πνιηηηθὰ πξάγκαηα, πάιαη ἂλ ἀπνιώιε θαὶ νὔη᾽ ἂλ ὑκ᾵ο ὠθειήθε
[31ε] νὐδὲλ νὔη᾽ ἂλ ἐκαπηόλ. θαί κνη κὴ ἄρζεζζε ιέγνληη ηἀιεζῆ: νὐ γὰξ ἔζηηλ
ὅζηηο ἀλζξώπσλ ζσζήζεηαη νὔηε ὑκῖλ νὔηε ἄιιῳ πιήζεη νὐδελὶ γλεζίσο
ἐλαληηνύκελνο θαὶ δηαθσιύσλ πνιιὰ ἄδηθα θαὶ παξάλνκα ἐλ ηῇ πόιεη
γίγλεζζαη, ἀιι᾽ [32α] ἀλαγθαῖόλ ἐζηη ηὸλ ηῷ ὄληη καρνύκελνλ ὑπὲξ ηνῦ δηθαίνπ,
θαὶ εἰ κέιιεη ὀιίγνλ ρξόλνλ ζσζήζεζζαη, ἰδησηεύεηλ ἀιιὰ κὴ δεκνζηεύεηλ.
[Quizá pueda parecer extraño que yo, privadamente, yendo de
una a otra parte, dé estos consejos y me meta en muchas cosas, y no me
atreva en público a subir a la tribuna del pueblo y dar consejos a la
ciudad. La causa de esto es lo que vosotros me habéis oído decir muchas
veces, en muchos lugares, a saber, que hay junto a mí algo divino y
demónico; esto también lo incluye en la acusación Meleto burlándose.
Está conmigo desde niño, toma forma de voz y, cuando se manifiesta,
siempre me disuade de lo que voy a hacer, jamás me incita. Es esto lo
que se opone a que yo ejerza la política, y me parece que se opone muy
acertadamente. En efecto, sabed bien, atenienses, que si yo hubiera
intentado antes realizar actos políticos, habría muerto hace tiempo y no
os habría sido útil a vosotros ni a mí mismo. Y no os irritéis conmigo
porque digo la verdad. En efecto, no hay hombre que pueda conservar la
vida si se opone noblemente a vosotros o a cualquier otro pueblo y si
trata de impedir que sucedan en la ciudad muchas cosas injustas e
ilegales; por el contrario, es necesario que el que, en realidad, lucha por
la justicia, si pretende vivir un poco de tiempo, actúe privadamente y no
públicamente.]
Apol. 31 c-32 a
ἴζσο νὖλ ἄλ ηηο εἴπνη: ‘ζηγῶλ δὲ θαὶ ἡζπρίαλ ἄγσλ, ὦ Σώθξαηεο, νὐρ
νἷόο η᾽ ἔζῃ ἡκῖλ ἐμειζὼλ δῆλ;’ ηνπηὶ δή ἐζηη πάλησλ ραιεπώηαηνλ πεῖζαί ηηλαο
ὑκῶλ. ἐάληε γὰξ ιέγσ ὅηη ηῷ ζεῷ ἀπεηζεῖλ ηνῦη᾽ ἐζηὶλ θαὶ δηὰ ηνῦη᾽ ἀδύλαηνλ
[38α] ἡζπρίαλ ἄγεηλ, νὐ πείζεζζέ κνη ὡο εἰξσλεπνκέλῳ: ἐάλη᾽ αὖ ιέγσ ὅηη θαὶ
ηπγράλεη κέγηζηνλ ἀγαζὸλ ὂλ ἀλζξώπῳ ηνῦην, ἑθάζηεο ἡκέξαο πεξὶ ἀξεηῆο ηνὺο
6
ιόγνπο πνηεῖζζαη θαὶ ηῶλ ἄιισλ πεξὶ ὧλ ὑκεῖο ἐκνῦ ἀθνύεηε δηαιεγνκέλνπ θαὶ
ἐκαπηὸλ θαὶ ἄιινπο ἐμεηάδνληνο, ὁ δὲ ἀλεμέηαζηνο βίνο νὐ βησηὸο ἀλζξώπῳ,
ηαῦηα δ᾽ ἔηη ἧηηνλ πείζεζζέ κνη ιέγνληη. ηὰ δὲ ἔρεη κὲλ νὕησο, ὡο ἐγώ θεκη, ὦ
ἄλδξεο, πείζεηλ δὲ νὐ ῥᾴδηνλ.
[Quizá diga alguno: “¿Pero no serás capaz de vivir alejado de
nosotros en silencio y llevando una vida tranquila?” Persuadir de esto a
alguno de vosotros es lo más difícil. En efecto, si digo que eso es
desobedecer al dios y que, por ello, es imposible llevar una vida
tranquila, no me creeréis pensando que hablo irónicamente. Si, por otra
parte, digo que el mayor bien para un hombre es precisamente ese, tener
conversaciones cada día acerca de la virtud y de los otros temas de los
que vosotros me habéis oído dialogar cuando me examinaba a mí mismo
y a otros, y si digo que una vida sin examen no tiene objeto vivirla para el
hombre, me creeréis aún menos. Sin embargo, la verdad es así, como yo
digo, atenienses, pero no es fácil convenceros.]
Apol. 37 e-38 a

ἐλλνήζσκελ δὲ θαὶ ηῇδε ὡο πνιιὴ ἐιπίο ἐζηηλ ἀγαζὸλ αὐηὸ εἶλαη. δπνῖλ
γὰξ ζάηεξόλ ἐζηηλ ηὸ ηεζλάλαη: ἢ γὰξ νἷνλ κεδὲλ εἶλαη κεδὲ αἴζζεζηλ κεδεκίαλ
κεδελὸο ἔρεηλ ηὸλ ηεζλεῶηα, ἢ θαηὰ ηὰ ιεγόκελα κεηαβνιή ηηο ηπγράλεη νὖζα
θαὶ κεηνίθεζηο ηῇ ςπρῇ ηνῦ ηόπνπ ηνῦ ἐλζέλδε εἰο ἄιινλ ηόπνλ.
[Reflexionemos también que hay gran esperanza de que esto sea
un bien. La muerte es una de estas dos cosas: o bien el que está muerto
no es nada ni tiene sensación de nada, o bien, según se dice, la muerte es
precisamente una transformación, un cambio de morada para el alma de
este lugar de aquí a otro lugar.]
Apol. 40 c