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Introducción a la Filosofía

El primer curso de la Escuela de Filosofía del Ateneo de Valencia será introductorio. Celebraremos varias sesiones o reuniones para personas que no tengan necesariamente especiales conocimientos en la materia.

Estas sesiones serán impartidas por el director de la Escuela de Filosofía y tratarán sobre la vida examinada (por decirlo como Sócrates) o la vida deliberada (por decirlo como Thoreau). Serán conversaciones casi informales, amenas, rigurosas en los instantes decisivos. No para hablar de filosofía sino para que esas mismas conversaciones sean ya filosofía.

Se trataría de introducirnos en la filosofía como un modo de vida, dar cuenta de algunas ideas elementales y de algunos rasgos históricos, de la relación con la religión y la política, con las costumbres y las tradiciones, con la ciencia y el conocimiento en general. “Vida examinada”, “cuidado del alma”, “idea del bien” son términos, entre otros, que habría que poner sobre la mesa. A partir de noviembre comenzaremos el curso en seis sesiones (todas celebradas en el Ateneo Mercantil de Valencia), con arreglo al siguiente calendario:

  1. ¿Qué es la filosofía? ¿Quién es el filósofo?
  2. ¿Tiene historia la filosofía?
  3. ¿Son ateos los filósofos?
  4. ¿Puede un filósofo ser buen ciudadano?
  5. ¿Cómo vive un filósofo?
  6. ¿Cómo muere un filósofo?

1: ¿Qué es la Filosofía? ¿Quién es Filósofo?

7 de noviembre de 2017 | Curso 2017-2018

El pasado martes 7 de noviembre, en la Sala de Juntas del Ateneo, que siempre invita al diálogo por su disposición, se reunió un grupo de personas de diversas edades como amigos de la filosofía. Amigos que inauguraban el primer curso de la Escuela de Filosofía del Ateneo.

“Introducción a la filosofía” es el nombre que recibe este primer curso, dirigido e impartido por el director de la Escuela, el Dr. Antonio Lastra, un curso que nos conduce precisamente a las entrañas mismas de la filosofía, o dicho de otro modo, a la filosofía como modo de vida.

La palabra Escuela procede del término griego σχολή (esjolé). Los romanos la tradujeron al latín por otium, es decir, ocio. Para los griegos esjolé significaba ocio, el tiempo libre para aprender. Cuando el ser humano ha satisfecho sus necesidades vitales dispone de tiempo para las enseñanzas. Así es como la esjolé se convirtió en escuela. Esta fue la primera lección que el profesor Lastra nos ofreció. La pretensión de esta Escuela no es más que la vieja pretensión griega de disponer de tiempo para pensar, para aprender, para filosofar.

El diálogo, quizás la forma más idónea que la filosofía tiene para presentarse, tomó el protagonismo en esta primera sesión. El diálogo permite, a la manera socrática, que la filosofía se vaya haciendo. La conversación tuvo como horizonte la cuestión primordial que toda escuela de filosofía debe plantearse, qué es la filosofía y quién es el filósofo.

La primera tarea es filológica. La palabra filosofía, que nunca ha sido traducida, la tomamos directamente del griego, de dos palabras griegas, φιλíα (amistad) y σοφία (sabiduría). El filósofo es amigo de la sabiduría. El hecho de que la palabra filosofía no se haya traducido es un síntoma de extrañeza. Realmente no sabemos qué decimos con la palabra filosofía ni cuál era la actividad del filósofo griego. Esto es lo que primeramente nos causa perplejidad. Y a la primera perplejidad le sigue la siguiente: la filosofía, por tanto, nos es extraña, es una indigestión, como Nietzsche y el historiador de la filosofía Rémi Brague sostienen. Aunque no podemos prescindir de ella, somos incapaces de digerirla.

Pero al problema de la extrañeza de la filosofía, entre otras razones extraña porque está fuera de todo tiempo, se suma el problema de la transmisión de la filosofía. Cuando Cicerón se encontró con esta palabra no logró traducirla y usó el concepto de cultura para referirse a la filosofía. La cultura era el cultivo del alma, esto es, la manera de aprender y entender la filosofía para los romanos.
Para entender qué sucede con la filosofía hay que seguir andando los caminos de la historia. Es entonces cuando nos encontramos con la Edad Media. Es imprescindible entender la tensión que existe en esta época entre filosofía e iglesia. Tanto el cristianismo como el judaísmo eran pueblos que no necesitaban de la filosofía, pues ya tenían el Evangelio y la Ley de Dios respectivamente. Pero en el siglo XIII el filósofo Tomás de Aquino defendió la inclusión de la filosofía en las enseñanzas oficiales del mundo cristiano. Para Aquino la teología debía someterse al tribunal de la filosofía.

Toda Escuela de Filosofía empieza con un acontecimiento significativo, con la condena a muerte de Sócrates por la Atenas de Pericles, o, lo que es lo mismo, por la expulsión que los romanos llevaban a cabo cada cierto tiempo de los filósofos de su ciudad. La filosofía nos es extraña y en su extrañeza o indigestión reside su peligrosidad para la ciudad. Es un elemento extraño que no conseguimos digerir, que no logramos comprender y tratamos de expulsarlo. Pero necesitamos de la filosofía.

Como colofón de nuestra sesión leímos y comentamos un breve pasaje de un diálogo platónico, el Menón. Menón es un joven muchacho que viaja a Atenas para que Sócrates le enseñe. Pero lo único que hace Sócrates, según Menón, es problematizarse y problematizar a los demás. La palabra griega para esto es ἀπορείv (aporía), es decir, llegar a un camino sin salida. Lo propio de la filosofía y del filósofo es el ἀπορείv. Y este es el objetivo de nuestras sesiones, problematizarnos, hechizarnos, embrujarnos y encantarnos, tal y como Menón se siente frente a las enseñanzas de Sócrates. La filosofía nos problematiza, nos hechiza y por esto mismo no podemos prescindir de ella. El filósofo es una especie de brujo o hechicero, o dicho de otro modo, un extranjero.

Curso Introducción a la Filosofía 2017 – Sesión 1: ¿Qué es la Filosofía? ¿Quién es Filósofo? – Ateneo Mercantil de Valencia (ateneovalencia.es)

 

2. ¿Tiene Historia la Filosofía?

21 de noviembre de 2017 | Curso 2017-2018

La segunda sesión del curso de Introducción a la Filosofía organizado por la Escuela de Filosofía del Ateneo Mercantil de Valencia, a cargo de Antonio Lastra, ha empezado retomando el concepto filosófico fundamental sobre el que versó la primera sesión (aporein) para poner en cuestión el oficio de profesor de filosofía: ¿tiene sentido que la ciudad pague al filósofo por su actividad?

Durante la sesión el debate ha dirigido hacia uno de los problemas platónicos por excelencia, que es la relación entre el filósofo y la ciudad. Una de las caras del asunto es la cuestión de la sofistería: ¿sabían los sofistas lo que hay que saber pero hacían un uso perverso de ello? Otra de las caras es la contrarréplica de Sócrates a la primera sentencia de la ciudad: lo que dice Sócrates que cree merecer en lugar de la pena de muerte es un sueldo, pero no podemos estar seguros, como señala Eva Brann, de que Sócrates y los atenienses estén hablando de la misma ciudad.

Tras hacerse cargo de la figura del profesor de filosofía como enamorado del bien, Lastra ha abordado la pregunta que daba nombre a esta segunda sesión: ¿tiene historia la filosofía? A partir de un texto de Nietzsche, ha propuesto que la historia es lo que constituye tradiciones y, en este sentido, representa a la ciudad. El filósofo se dedica a la eternidad, que es un ámbito previo o posterior o superior. La filosofía “deshistoriza”.

“Superior” es uno de los dos elementos de la noción de “leyes superiores”, que es la expresión que se trajo a colación para poner en cuestión los principios de las leyes de la ciudad: ¿pueden ser superiores otras leyes que aquellas con las que trata el filósofo? ¿Qué leyes son esas? En la misma dirección, nos encontramos con la pregunta que guiará la siguiente sesión, que tendrá lugar el 19 de diciembre: ¿son ateos los filósofos?

Curso Introducción a la Filosofía 2017 – Sesión 2: ¿Tiene Historia la Filosofía? – Ateneo Mercantil de Valencia (ateneovalencia.es)

 

3. ¿Son ateos los Filósofos?

19 de diciembre de 2017 | Curso 2017-2018

La tercera sesión del curso de Introducción a la Filosofía de la Escuela de Filosofía del Ateneo de Valencia, impartida por Antonio Lastra, giró alrededor de dos puntos: si son ateos los filósofos y la acción verbal de inmortalizarnos. El texto que sirvió de apoyo fue un pasaje de la Ética a Nicómaco de Aristóteles (1177a-1178b).

La respuesta a la pregunta de si los filósofos son ateos no se hizo esperar: los filósofos no son más ateos que creyentes. Inmortalizarnos es uno de los verbos que nos salen al paso en el pasaje final de la Ética a Nicómaco de Aristóteles y consiste en habitar la razón (nous) y no la historia (“deshistorizar” era el verbo sobre el que giraba la sesión anterior). Si lo histórico es lo sometido al paso del tiempo, el filósofo vive como si no fuese a morir nunca.

La función que cumple la filosofía en la ciudad es la de definir los términos necesarios para la conversación, que pasan por mantener irresuelta la tensión entre la teología y la política. El entendimiento se vuelve imposible cuando una de ambas colapsa el significado de la realidad de las cosas y se abre paso la tiranía.

Sin embargo, aquí no se agota lo que el filósofo es. Siguiendo el texto de Aristóteles, el filósofo es el único que puede emprender la búsqueda de la felicidad, búsqueda que puede ser en sí misma su propio fin. Quizá en la actividad del filósofo está la realización de su propósito que es, con un verso de Santayana, contemplar estrellas que se mueven lentamente.

Curso Introducción a la Filosofía 2017 – Sesión 3: ¿Son ateos los Filósofos? – Ateneo Mercantil de Valencia (ateneovalencia.es)

 

4. ¿Pueden los filósofos ser buenos ciudadanos?

16 de enero de 2018 | Curso 2017-2018

La sesión del martes 16 de enero del curso de Introducción a la filosofía de la Escuela de Filosofía del Ateneo de Valencia llevó por título “¿Pueden los filósofo ser buenos ciudadanos?”. Giró alrededor de un pasaje de la Apología de Sócrates de Platón y comenzó con una apología.

El profesor Antonio Lastra respondió a las acusaciones (amistosas) de ausencia de metafísica en el curso y de insistencia en lo político como foco de la discusión: del principio metafísico capital depende que la expresión sea efectiva y la tentativa de expresión se da siempre en la ciudad. Pero ¿en qué ciudad vive el filósofo? ¿En qué sentido es su deber bajar a la caverna que parece insuperable?

La tentativa de respuesta fue satisfactoria para todo aquel que siguió la pauta filosófica de tener los ojos y los oídos abiertos, y a la afirmación del carácter desconocido de la revelación del pensamiento le siguió la afirmación de la importancia de entender la contingencia de nuestra condición.

Tratar de habitar la propia casa adecuadamente depende de que, como Sócrates, examinemos nuestra vida y cuestionemos dónde nos encontramos y quién ha situado al filósofo en su puesto. ¿Puede la ciudad, por otro lado, obligarle a abandonarlo? El intento de respuesta a estas preguntas nos acercará también a entender en qué sentido el filósofo es y no es un ciudadano.

Curso Introducción a la Filosofía 2017 – Sesión 4: ¿Pueden los filósofos ser buenos ciudadanos? – Ateneo Mercantil de Valencia (ateneovalencia.es)

 

5. ¿Cómo vive un filósofo?

30 de enero de 2018 | Curso 2017-2018

La quinta sesión del curso de INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA organizado por la Escuela de Filosofía del Ateneo de Valencia llevaba por título la pregunta «¿Cómo vive un filósofo?».

La tónica del curso ha sido cuál es la relación entre el filósofo y la ciudad, qué espacio comparten y dónde se agota todo lo que son: el filósofo problematiza a la ciudad respecto a las cosas que la ciudad cree saber. Antonio Lastra empezó esta quinta sesión proponiendo que, en los mismos términos que el filósofo cuestiona la ciudad, Sócrates cuestionó el cuerpo de doctrina que en su época empezaba a recibir el nombre de filosofía y que hoy clasificamos como filosofía o pensamiento presocrático.

Al comentar la vigencia de estudios que ponen sobre la mesa la posibilidad de que el calificativo de presocrático fuese pertinente, Lastra dejó lo suficientemente claro que en los mismos términos se puede ser presocrático después de Sócrates: nos es casi imposible desligar qué es o cómo debe vivir un filósofo de la cuestión de cómo vivió y murió Sócrates.

De las anteriores sesiones se retomó la afirmación de que el filósofo respeta la contingencia de su tiempo, no se marcha de la ciudad. Pero vive y muere en la ciudad en unos términos radicalmente diferentes a los términos en los que viven los no filósofos (que son todos los demás): a la delicadeza irónica con que se toma en serio la contingencia del mundo en el que le ha tocado vivir se une la valentía de estar dispuesto, estando siempre dentro y a la vez fuera de la ciudad, a redefinir los términos de su conversación y de su vida desde el principio.

Curso Introducción a la Filosofía 2017 – Sesión 5: ¿Cómo vive un filósofo? – Ateneo Mercantil de Valencia (ateneovalencia.es)

 

6. ¿Cómo muere un filósofo?

13 de febrero de 2018 | Curso 2017-2018

La última lección del curso de Introducción a la Filosofía de la Escuela de Filosofía del Ateneo de Valencia llevaba por título ¿Cómo muere un filósofo? Una de las constantes del curso ha sido la afirmación de que pensar qué es la filosofía está casi indisolublemente ligado a pensar qué representa la figura de Sócrates. En consonancia, esta última sesión versó sobre el Fedón de Platón y, de este modo, Antonio Lastra hizo coincidir el final del curso con el diálogo que representa el final de la vida de Sócrates. Si planteamos la disposición de los diálogos platónicos según su ordenación dramática, basándonos en la representación que ofrecen de la vida de Sócrates, el Fedón sería el diálogo que figuraría en último lugar.

Antonio Lastra aprovechó un texto de Joseph Addison, en el que se dice que Catón se suicidó con el Fedón en la mano y que lleva por título Catón: una tragedia, para poner de relieve dos errores centrales, puesto que tal vez los diálogos platónicos sean sobre todo una comedia y, en el Fedón, Sócrates afirma que el suicidio está prohibido. Los diálogos platónicos serán una comedia en la medida en que propongan la posibilidad de que nuestra situación no sea desesperada, de que la tragedia no sea la última palabra.

¿En qué sentido, entonces, el Fedón puede representar a la vez la última palabra de Sócrates, de la obra de Platón y de nuestro curso de introducción a la filosofía? Las últimas palabras de Sócrates son una revisión de la mitología, una risa, la proposición de la misología (o el odio al logos) como el verdadero minotauro al que enfrentarse, una despedida caracterizada por la completa ausencia de temor, la petición de que se pague a Asclepio un gallo que se le debe y la composición de su semblante. Sobre el gallo dijo Antonio Lastra que era la deuda que se había de pagar porque Platón, de quien se nos dice que estaba enfermo, se ha curado y gracias a ello será capaz de escribir los diálogos. Lo demás, se nos dijo, representa el intento de ofrecer los términos para hacer posible que la conversación se mantenga y que cada uno de los interlocutores del diálogo y nosotros, los lectores, lleve una vida examinada y ascendente sin desesperar y con capacidad para ser felices. El filósofo, por tanto, muere como ha vivido.

Curso Introducción a la Filosofía 2017 – Sesión 6: ¿Cómo muere un filósofo? – Ateneo Mercantil de Valencia (ateneovalencia.es)