WELTLITERATUR. ¿UNA IDEA OBSOLETA?

Weltliteratur. ¿Una idea obsoleta?[1]

MICHELE COMETA Índice/Summarypdf

Nos inventamos recíprocamente y nos
reconocemos diferentes.

Michel De Certeau

Cualquier literatura termina por hastiarse si
se encierra en sí misma, si no encuentra una
frescura nueva en el interés de los
extra
njeros.
Johann Wolfgang Goethe

 

1.LITERATURAS COMPARADAS. La literatura es ciertamente uno de los ámbitos en los que se puede pensar la relación entre global y local. Esto es así porque la literatura a menudo fructifica y prospera a partir del “sistema” –con frecuencia inhumano– del encuentro/desencuentro entre las culturas, de la “migración”, del conflicto post-colonial, de la diáspora.

Por cínica que pueda parecer esta afirmación, se trata de reconocer que la gran literatura se nutre de los cruces de frontera en tal medida que se podría decir –y se ha dicho, al menos desde el Romanticismo– que su nomadismo, bien sea espontáneo o forzoso, es un elemento esencial de la definición de lo que entendemos por cultura.

Sería además ingenuo y ahistórico considerar el fenómeno de los cruces de frontera (de los seres humanos y de los textos) como una peculiaridad de la era de la globalización, es decir, un fenómeno en suma limitado a la situación post-colonial y post-moderna. Es cierto que hoy día las distintas formas de estudios culturales nos han habituado a reconsiderar la literatura en el contexto de flujos migratorios y de fenómenos de homologación e intercambio de un alcance cada vez más amplio y global. Y seguramente la topología más interesante que proponen los estudios literarios de las últimas décadas es la que estudia los fenómenos de confín, los conflictos de frontera, las literaturas de la emigración y la migración de textos (la traducción)[1]. Sin embargo, sería un error obviar otros fenómenos determinantes del pasado en esta fantasmagoría postmoderna.

La literatura siempre ha sido en este sentido una “escritura del otro”, entiéndase como se quiera esta afortunada expresión de Michel De

Certeau[2]. Baste recordar fenómenos que en la historia de la literatura –por limitarnos solo a la europea– constantemente han descrito cruces de fronteras, desde el trobar clous a la Exilliteratur alemana, de la herencia literaria del Grand Tour a la literatura de la diáspora, de la “interkulturelles Leben” que fundamenta el clasicismo alemán –pensemos en el protestante Johann Joachim Winckelmann que se traslada a Roma, se convierte al catolicismo y escribe en italiano– a las transiciones centroeuropeas en ciudades como Trieste o Praga. Si a este contexto se suma el añadido de los Cultural Studies anglo-americanos, con fenómenos descritos por medio de las categorías del Border Crossing, de la Frontera y de la Mestiza[3], relativas a áreas de conflicto cultural extraeuropeo[4], se comprende cuán complejo y duradero puede ser (y ha sido) el fenómeno que con frecuencia interpretamos a través de categorías simplificadoras como “literaturas de la migración”, “literaturas migrantes”, “globalización”, “mundialización”, etc.

Es quizá por esto, por la necesidad de leer estos fenómenos en una perspectiva que va mucho más allá de la contingencia, por lo que ciertas expresiones como World Literature, Literatura mundial-universal-global, littérature-monde y Weltliteratur, se revelan todavía útiles para comprender fenómenos complejos que van de la literatura de migración a la cuestión de la traducibilidad y circulación global de los textos. Por lo demás, es evidente que tales nociones en la crítica literaria de la última década no solo no han quedado obsoletas, sino que han alimentado el debate teórico-literario, demostrando una vitalidad fundada en genealogías rigurosas y en absoluto archivadas en la historia contemporánea, además de una virtualidad heurística nada caduca.

Cierto es que la noción de World Literature corre el riesgo de volverse una etiqueta que confunde, en primer lugar, los objetos de estudio de la teoría literaria, y queda ciertamente demasiado a mano para lecturas “militantes” que apenas disimulan las ingenuidades de los “magníficos y progresistas destinos” de la teoría, o –con más frecuencia– las pretensiones homogeneizantes del capitalismo editorial y cognitivo. Tiene razón Franco Moretti al recordar que la World Literature no es un “objeto”, sino, en todo caso, un “problema” de la teoría[5]. Y en particular de la teoría comparativa que, en el siglo XX, ha estado constantemente marcada por la noción de World Literature.

Si quisiéramos escribir su historia –como han hecho todos los que la han reutilizado– podríamos distinguir en un principio al menos cuatro “oleadas” teóricas:

1.Una primera fase, que se remonta a los primeros años treinta del siglo pasado, coincide con la aventura intelectual y humana de los padres de la comparativa internacional, cuando, frente a una pérdida de identidad y de patria, estudiosos de literatura como Erich Auerbach, Leo Spitzer y Fritz Strich, recuperaron la noción de Weltliteratur en el contexto de un nuevo humanismo, antídoto desesperado al desastre de la Segunda Guerra Mundial y de la Shoah[6]. No es casual que la noción de Weltliteratur sea la base de la comparativa alemana de la emigración. Recordemos la figura de Erich Auerbach, que en plena guerra fría auspiciaba una Filología de la literatura universal (Philologie der Weltliteratur) (1952)[7], la nostalgia espresada por Leo Spitzer en La armonía del mundo (Classical and Christian Ideas of World Harmony)[8] o el tentativo de Fritz Strich de reconducir, gracias a Goethe, la cultura alemana definitivamente comprometida con el nazismo a la esfera del humanismo.

2.Treinta años más tarde, en la amplia onda de los Cultural Studies anglo-americanos, autores como Edward Said, Charles Bernheimer, Homi Bhabha, a los que se debe añadir al menos a Tzvetan Todorov y George Steiner, afrontaron las incomodidades y los “miedos” del multicul-turalismo y de la era post-colonial, evocando la “tolerancia” de la World Literature e incluyendo en su discurso territorios cada vez más amplios, geopolíticamente y cronológicamente. No es por tanto casual que esta idea haya inspirado amplias reflexiones en la llamada crítica postcolonial, desde el Orientalismo (Orientalism) (1978) de Edward Said, al uso que hace de ella Homi Bhabha en Los lugares de la cultura (The Location of Culture) (1994)[9], y que haya sido retomada en las tesis conclusivas del volumen La literatura comparada en la época del multiculturalismo (Comparative Literature in the Age of Multiculturalism) (1995)[10] a cargo de Charles Bernheimer. Que la noción de Weltliteratur ha acompañado de hecho a todas las reflexiones sobre la literatura en la era del multiculturalismo se demuestra por las posiciones de insignes comparatistas que la sitúan en la base de sus teorizaciones académicas. Baste citar a Ulrich Weisstein[11], François Jost[12], Gerhard Kaiser[13], Claudio Guillen[14], Daniel-Henri Pageaux[15], Pierre Brunel[16] y Gail Finnley[17].

3.Más tarde, a partir del final del siglo pasado, Pascale Casanova[18], John Pizer[19], Franco Moretti, Christian Prendergast[20], David Damrosch[21] y, por último, Jérôme David[22], han sido protagonistas de una auténtica renaissance teórica de la World Literature y se han distinguido por un uso polémico de esta noción, tejiendo un denso diálogo que ha tenido también resultados “prácticos”, si pensamos en la notable cosecha de antologías e historias literarias totalmente conformadas por el proyecto de una literatura global. Y no han faltado las voces de los propios escritores, casi obligados a reflexionar sobre la recurrencia de una noción que ya acompaña explícitamente políticas de comunicación, comercialización y traducción que inciden directamente en su trabajo.

4.Por último, hace pocos meses, un extraordinario libro de Emily Apter, Against World Literature. On the Politics of Untranslatability (2013)[23] –que por otra parte recoge ensayos ya publicados en varios medios y objeto de gran interés y polémica– promete una etapa sucesiva de reflexiones e introduce un giro teórico con al menos tantas implicaciones políticas como teórico-literarias. Una vez más, el nexo entre la teoría de la World Literature y el destino de la comparativa literaria y de la teoría literaria en general se muestra inescindible.

A nadie se le escapará, sin embargo, que la derivación goethiana de Weltliteratur («a Goethean lineage»[24], como escribe Apter) no solo da pie a gran parte de las reflexiones del siglo XX –incluso y sobre todo cuando es discutida – sino que, en una lectura atenta, nos indica todavía cómo y dónde mirar, nos descubre «problemas», en palabras de Moretti, y nos da, tal vez debido a su estado fragmentario (los escritos sobre la Weltliteratur han quedado en todo caso como un torso), no tanto definiciones completas, sino más bien una estrategia discursiva que el mismo Goethe concibe de un modo no sistemático y que da un apoyo sustancial a su propia producción literaria. Goethe nos proporciona, en resumen, los materiales para una teoría, pero también algunas indicaciones estratégicas sobre cómo utilizar «políticamente» dichos materiales. Y es reconfortante ver cómo Emily Apter construye una estrategia no esencialista con su teoría de la intraducibilidad.

2.WELTLITERARATUR. No es pues peregrino volver al inicio desde Goethe y desde la idea de Weltliteratur, bien se quiera traducir como “literatura mundial”, o, como se ha hecho sobre todo en Italia, como “literatura universal”. No se trata realmente de practicar una filología goethiana[25], necesaria no obstante sobre todo a causa de la complejidad de estos textos, sino, en todo caso, de mostrar las transiciones que las tesis goethianas provocan, a menudo inconscientemente, en la teoría literaria más reciente.

Puede servir, de hecho, releer las “anticuadas” páginas goethianas para situar correctamente al menos las coordenadas teóricas de una reflexión actual sobre la literatura en la era de la globalización, y, más exactamente, sobre lo que podemos definir como la intrínseca “vocación migratoria” de la literatura. Porque, si bien se mira, las notas dispersas de Goethe – se trata en efecto de breves argumentaciones diseminadas en cartas, recensiones, diarios y no de un texto orgánico – afrontan la cuestión en los albores del fenómeno de la globalización. No es casualidad que John Pizer haya interpretado en un reciente ensayo, con una terminología que recuerda más el debate del siglo XX que la época de Goethe, la noción de Weltliteratur como la “creación de un intercambio supranacional a través de un incremento de la comunicación, del marketing y de las redes de medios en la estela de las guerras napoleónicas”.[26]

No cabe duda de que los pensamientos goethianos sobre la Weltliteratur han aportado el repertorio básico para la construcción de un canon transnacional, pero también de todas las formas de “resistencia” que han sido necesarias en el proceso para hacer frente a las varias formas de nacionalismo alemán que se han desarrollado entre el Romanticismo y el Nacionalsocialismo. Goethe no oculta de hecho su intención de tematizar en primer lugar la propia “localización” cultural y pretende hacerla dialogar con el contexto europeo y extraeuropeo (no se olvide que Goethe es en ese momento el autor del Diván occidental-oriental, una compleja reescritura/recreación de textos árabes que lee en su mayor parte traducidos y reelabora en su propia lengua). Lo inevitable de este cotejo está igualmente clara para él, cuando se declara “convencido de que se está fundando una literatura universal”[27] –como se lee en Kunst und Altertum, la revista del clasicismo alemán– y de que esto implica una confrontación con lo ajeno en absoluto “pacífica”.

Para nuestra reconstrucción de la noción goethiana de Weltliteratur bastará centrarse en seis palabras clave, los lemas fundamentales de un léxico de la globalización literaria que trataremos de relacionar con las propuestas más recientes del debate sobre la World Literature.

1.Conflicto: la World Literature/Weltliteratur es para Goethe el ámbito de un “conflicto”, incluso el terreno principal de una “práctica de resistencia” entre global y local. Es decir: no existe una literatura global o simplemente local, sino solo la fricción entre las dos: “una Weltliteratur puede surgir solo del hecho de que las naciones aprendan a reconocer las relaciones de todos contra todos (aller gegen alle) y así no podrán dejar de encontrar en la otra alguna cosa aceptable y alguna otra cosa repelente, algo que merezca ser imitado y algo a evitar”[28]. Goethe tiene pues una visión “agonal” del contacto entre las literaturas y no oculta el carácter agrio y conflictivo de esta confrontación en la que, entre otras cosas, “la literatura alemana tiene mucho que perder”[29], como se lee en los fragmentos Del archivo de Makarie (Aus Makariens Archiv) (1829) en los que Goethe parece comprender el destino de homologación que ya roza la literatura universal y contra el que plantea toda una serie de prácticas de resistencia, en primer lugar la posibilidad de hacer reaccionar lo local con lo global, como diríamos hoy, pero también lo global con lo local;[30] así como comprende que la falta de una “capital literaria”, frente a París, Londres y Milán, es la causa del escaso poder simbólico y “comercial” de la literatura alemana.[31]

Para Goethe no es cuestión de ejercer una hegemonía unilateral basada en el prestigio. Al contrario, le interesan lo que hoy definiríamos siguiendo a De Certeau como “prácticas de resistencia”. Según Goethe, de hecho el contacto y la hibridación tienen lugar en forma de una “resistencia recíproca”, un proceso de negociación en el que ambos sujetos entran en el juego y se ven abocados a cambiar y a cambiarse recíprocamente. Es el contexto de las “competing nations[32] que Moretti, como también Pierre Bourdieu y Pascal Casanova[33], aunque por consideraciones distintas, señalan en la que es, en cualquier caso, una “struggle for symbolic hegemony[34]. Goethe se muestra ya consciente del carácter hegemónico de otras culturas europeas (francesa e inglesa) y extraeuropeas (ya que vislumbra la era de la literatura americana). No es ninguna casualidad que este cruce de fronteras se ilustre con frecuencia con ejemplos tomados de la historia política y militar. En un comentario de las obras de Thomas Carlyle, Goethe incluso aclara que precisamente las guerras y los conflictos son a fin de cuentas los principales instrumentos de esta contaminación entre culturas:

Ya desde hace tiempo se habla de una literatura universal y no sin razón, pues todas las naciones, impelidas y sacudidas por las guerras más espantosas y restituidas más tarde cada una a sí misma, han podido darse cuenta de haber descubierto algo nuevo en el extranjero, de haberlo asimilado, y advertido aquí y allá exigencias espirituales antes desconocidas. De ahí nace el sentido de las relaciones de vecindad, y la cultura, en lugar de encerrarse en sí misma como antes, ha llegado gradualmente a reclamar su inclusión en el más o menos libre comercio intelectual (freien geistigen Handelsverkehr).[35]

Se trata, en suma, de volver a considerar la literatura, sobre todo la local y nacional, como el resultado de una “interferencia”[36], de un “compromiso entre lo local y lo extranjero”[37] que ha estado ahí desde el origen y no solo ahora que percibimos en directo los desplazamientos globales[38]. La literatura ha sido siempre el producto de tales desplazamientos y a una escala que todavía a menudo se nos escapa, como demuestran las extraordinarias coincidencias temáticas y formales entre literaturas cuyos contactos se han dado en tiempos remotos. Tanto más cuando estos contactos se han producido a alturas temporales en las que –como ha escrito Christopher Prendergast– la dimensión “oral sobrepasaba ampliamente la escrita”[39], un fenómeno que sería oportuno reconsiderar en la época de la completa comunicación de masas.

2.Universalmente humano: no obstante su atención por los valores locales, cuando se trata de los más altos valores de la humanidad Goethe no está dispuesto a hacer concesiones. Estos son el ideal regulativo que debe hacer frente a cualquier particularismo (de ahí su desconfianza hacia las tradiciones “populares” románticas):

Está claro que desde hace ya bastante tiempo los esfuerzos de los mejores poetas y escritores de todas las naciones se dirigen a un elemento humano común (das allgemein Menschliche). En cualquier obra, sea de argumento histórico, mitológico o fabuloso, más o menos arbitrariamente escogido, siempre se ve traslucirse y resplandecer, a través del elemento nacional y personal, ese elemento universal (jenes Allgemeine).[40]

Sin embargo, cuando advierte el peligro de una homologación cultural bajo el dispositivo hegemónico de Napoleón, insiste en la potencialidad democrática del elemento local:

Ahora, todo aquello que en la literatura de cualquier país se manifiesta y se elabora […] es necesario que las otras naciones lo asimilen. A todas les es preciso aprender a conocer las particularidades para respetarlas y encontrar justamente por medio de ellas un punto de contacto; puesto que las peculiaridades de una nación son como su lengua y su moneda: facilitan las relaciones, son en realidad las primeras en hacerlas posibles […]. A esta obra de mediación (Vermittelung) y de reconocimiento recíproco (Anerkennung) los alemanes colaboran desde hace tiempo.[41]

No pasará desapercibido que “mediación” y “reconocimiento” son dos palabras clave del léxico de la filosofía política actual.

Es una estrategia de diálogo por tanto la que Goethe propone, en la cual es necesario tener constantemente presentes ambos extremos, el de lo local y el de lo global, porque solo del polemos entre ellos puede emerger aquello que le es más querido al Goethe humanista:

El modo más seguro para obtener una tolerancia verdaderamente universal es aceptar sin discutir las particularidades singulares de los hombres y las naciones, manteniéndose sin embargo bien firmes en la convicción de que todo lo que es realmente meritorio se distingue por pertenecer a toda la humanidad (der ganzen Menschheit).[42]

Y esto vale igualmente en el ámbito exquisitamente literario porque lo universalmente humano se asienta según Goethe sobre lo universalmente literario y se expresa a través de ello, una tesis que no ha dejado de seducir desde la crítica arquetípica[43] al darwinismo literario y al cognitivismo de nuestros días.

Llegados a este punto es más fácil comprender la deriva evolucionista que Moretti imprime a su discurso sobre la World Literature, como ha hecho notar repetidas veces Prendergast. Un giro darwinista que no nos escandaliza hoy día cuando somos capaces de pensar conjuntamente las demandas del culturalismo y las de la biología evolucionista en lo que ahora los estudios culturales más sagaces llaman biocultural turn[44]. Todavía es pronto para decir si acabaremos por escribir una “genética” de la literatura y llegaremos a imaginarla como un “sistema de variaciones”[45], hasta el punto de especificar un “ley de la evolución literaria”[46], sobre todo en la línea de la “morfología comparada” que Moretti trata de esbozar. Lo cierto es que hoy día esta mirada desde la distancia[47] nos parece más justificada, visto que para comprender la literatura universal hemos de alejarnos inevitablemente del “mundo” y percibir lo que desde una perspectiva ajena podría revelarse como trazas de una estructura, precisamente como líneas evolutivas, como transmisión genética de caracteres.

3.Mercado: esta comunicación agonal es para Goethe en realidad una estrategia compleja y no exclusivamente textual[48]. Goethe es consciente de que están también en juego desplazamientos de personas, es decir, viajes, comercios, intercambios materiales y no solo migraciones de textos. Y estas últimas tienen lugar por estrategias igualmente complejas que incluyen la traducción, pero también las reelaboraciones, las reescrituras, las parodias, las correcciones, los plagios, en resumen prácticas que no ocultan su carácter destructivo[49], sustancialmente “anti-teológico”, como diría Emily Apter, prácticas que no se sujetan a la dictadura del significado, sino que se dirigen, y la resaltan, a la libertad del significante.

Estos intercambios obedecen si acaso a las reglas del mercado y para Goethe este “comercio” no es en absoluto una metáfora; al contrario, tiene en cuenta las nuevas condiciones de libre intercambio entre los pueblos y la globalización del comercio como se deduce de otros pasajes en los que se enfatiza el papel de los medios (las revistas) –Goethe habla explícitamente de “comunicación facilitada” (erleichterte Kommun-ikation)[50]– y la “velocidad” que caracteriza los intercambios (Schnelligkeit des Verkehrs[51]). Son célebres sus observaciones sobre lo “velociférico” (das Veloziferische) de su tiempo –y sobre el “comercio” intelectual que se amolda al económico:

Hoy los viajes, el estudio de las lenguas, la literatura periódica han reemplazado a aquella lengua común, y coinciden en dar testimonio de relaciones mucho más íntimas que las que el latín hubiera podido crear. Incluso las naciones que se ocupan preferentemente de negocios y de comercio se interesan muchísimo por este intercambio de ideas.[52]

No sorprende pues que David Damrosch insista en el hecho de que la World Literature no es un canon de obras sino, si acaso, “un modo de circulación y de lectura”[53] de textos individuales.

4.Comunidades imaginadas: en un apunte relativo al “aislamiento” al que parecía dirigirse la cultura inglesa Goethe llega a suponer que, al igual que la mirada del otro puede ayudar a una “nación”, por ejemplo la alemana, a concebirse como un todo único porque diluye contradicciones que de lejos parecen menos cruciales, la contaminación entre culturas ayuda incluso a resolver conflictos internos, insertando elementos nuevos que pueden contribuir a una pacificación:

Ahora estoy convencido de que, al difundirse en las tres Bretañas la literatura ético-estética alemana, se formará en ellas en seguida una tácita comunidad de germanófilos, y que en la simpatía hacia una cuarta población tan afín podrán sentirse como unidos y fusionados también entre ellos.[54]

El intercambio intercultural, desde este punto de vista, es por definición una práctica de reconocimiento del otro que contribuye a amalgamar y a pacificar las sociedades que participan en él. Se asiste así a una suerte de doble movimiento de estas “comunidades imaginadas”: por un lado hacen que lo local se reconozca como tal en el espejo del otro, por el otro, también lo local acaba por percibirse como un mosaico de identidades –pensemos en la comunidad de filo-germanos en Inglaterra– forjadas en contextos culturales distintos.

Por otra parte se plantea aquí una cuestión aún más esencial porque diferenciar lo que hay de extranjero en nosotros significa devolver a la conciencia aquello que ha sido negado (bien sea un dialecto o un pasado colonial). Como ha escrito Hillis Miller:

Uno de los avances aportados por los Cultural Studies es el haber reconocido que todo estado-nación tiende a ser infinitamente diverso en sí mismo, a ser multilingüe, multicultural, multiétnico, híbrido. La literatura comparada debe volverse una forma di “glocalización”, intranacional y local tanto como transnacional.[55]

5.Rejuvenecimiento: aún más significativas son las observaciones que hace Goethe sobre la propia identidad literaria. Goethe está seguro de que en el espejo del otro la multiplicidad del sí mismo puede ser simplificada y vuelta por tanto más comunicable. Las “diferencias” que dominan en una literatura nacional –como se lee en una carta a Sulpiz Boisserée del 12 de octubre de 1827– resultan atenuadas en la perspectiva del extranjero:

Por más que el horizonte literario de una nación pueda enturbiarse incluso por muchos años por esas disputas, el extranjero deja que el polvo, los vapores y la niebla se posen, se desvanezcan y desaparezcan, y ve ante sí aquellas lejanas regiones más limpias, con sus zonas claras y zonas oscuras, en una atmósfera plácida, semejante a aquella en que se contempla la luna en una noche serena.[56]

Es verdad que para Goethe este cambio de punto de vista permite esperar un mayor unitarismo en la literatura alemana –sometida en aquellos años a una fragmentación más política que cultural –hecho que constituye, en ese momento, la gran cuestión de la “nación” alemana. Pero esta que es para él una necesidad histórica, no sin consecuencias también para la literatura universal, no lo induce a proponer una mera concentración en la literatura y la cultura alemanas. Por el contrario, como ya hemos recordado, esta amalgama podrá surgir solo de la mirada del otro. La cultura “nacional” es producto de un verse y dejarse ver en la diferencia. De ahí el énfasis constante sobre el oficio del traductor, al que Goethe confía la tarea de “rejuvenecer”, justamente por medio de la transición, los textos y las culturas que los explican. Más allá del valor comunicativo de la traducción, Goethe se interesa efectivamente por su valor regenerativo. Obras que en Alemania han “concluido” su labor pueden de hecho renacer en tierra extranjera produciendo efectos semánticos inesperados, rejuveneciendo ellas mismas y a las culturas que las reciben. En el comentario a Carlyle, aludiendo a las traducciones europeas de Schiller, Goethe escribe:

Hasta las obras que entre nosotros han casi agotado su efecto, justo ahora, en un momento en que la literatura alemana es bien acogida en el extranjero, vuelven a ejercer de nuevo un potente influjo, mostrando así cómo en cierto modo siguen siendo siempre útiles y eficaces.[57]

Es esta la Verjüngung que toda la cultura clásico-romántica sitúa en el centro de la propia reevaluación del mito y, como puede verse, de la literatura en general[58]. Precisamente en una carta a Boisserée, Goethe admite que la traducción francesa de sus escritos de botánica ha mejorado mucho la comprensibilidad de sus propias tesis[59] científicas.

6.Biografías literarias: finalmente, y es una observación nada secundaria en el caso específico de los estudios culturales, Goethe centra su atención no en el abstracto comercio de libros y textos, sino en el contacto efectivo entre literatos:

Si nos hemos atrevido a anunciar una literatura europea, incluso universal, esto no significa que las distintas naciones deban conocerse recíprocamente y conocer las respectivas producciones [literarias], ya que en este sentido aquella existe desde hace mucho, y continúa desarrollándose y renovándose más o menos. No. Se trata más bien aquí del hecho de que los literatos (Literatoren) activos y productivos se conozcan y se sientan inducidos a actuar socialmente (gesellschaftlich wirken) por inclinación y vocación común. Y esto se logra más por medio de viajes que a través de la correspondencia, porque solo la presencia física es capaz de determinar y consolidar una auténtica relación entre los hombres [60].

No es necesario decir que la noción misma de World Literature/Weltliteratur ha madurado en un contexto de contactos imprevisibles entre literatos que nunca habrían entrado en contacto de no ser por la condición de exiliados y de “displaced person”, y lo mismo entre estos literatos y un público no “obvio” como el de la propia nación. Y esto vale tambien para Francesco De Santis y para Erich Auerbach, para Edward Said y para George Steiner.

Todavía recientemente Stephen Greeblatt ha considerado reproducir, por así decirlo in vitro, los efectos de este intercambio directo –aunque limitándolo a los críticos y a los historiadores de la literatura– en su manifiesto por la Cultural Mobility (2009)[61], una propuesta de carácter elitista, pero que tiene el doble mérito de insistir en la profundidad histórica de estas prácticas transnacionales, ligadas en todo caso a experiencias biográficas interculturales que, aunque particulares y limitadas, se someten a las leyes eternas de la migración intelectual en cualquier nivel social en que se manifieste. Greenblatt se refiere a la “cultura material” de la movilidad como las “zonas de contacto”, los “mediadores” (academias, grupos, traductores[62]), las dimensiones reales del viaje, etc.; pero sobre todo alude a los elementos de movilidad olvidados y negados en las culturas aparentemente compactas en las que nos encontramos trabajando y que en realidad son resultado, a su vez, de hibridaciones complejas (desde la translatio imperii al Cristianismo)[63]. Y es significativo que Goethe no rehúse detenerse en fenómenos aparentemente banales como el intercambio de correspondencia[64] o la creación de sociedades literarias transnacionales[65], aun sin perder de vista los flujos culturales que han atravesado Oriente y Occidente, como en la experiencia de la “traducción” del Diván.

Llama la atención, en suma, al releer los pasajes goethianos, la absoluta actualidad de esta reflexión en la alborada de la cultura moderna y contemporánea. Nadie puede dejar de ver que nos encontramos ante una estrategia que, aun no siendo orgánica, proyecta una larguísima sombra sobre los destinos de lo que entonces quedaba bajo la etiqueta de Weltliteratur, pero que encierra una serie de fenómenos que caracterizan la(s) literatura(s) en la época de la completa globalización.


[1] Sobre esto me permito referirme a mi, Studi culturali, Guida, Nápoles, 2010, p. 92 ss.

[2] M. De Certeau, La scrittura dell’altro, a cargo de S. Borutti, Cortina, Milán, 2005.

[3] Sobre esto me refiero a la entrada Border Studies de Paola Zaccaria en M. Cometa, Dizionario degli studi culturali, Roma, Meltemi, 2004, pp. 86-96.

[4] Es innecesario decir que precisamente la comparación, o más bien el reflejo en el debate post-colonial extraeuropeo ha tenido el importante sentido de obligar también a Europa (y no solo a Europa) a una revisión de las propias “razones postcoloniales”.

[5] F. Moretti, Conjectures on World Literature, en «New Left Review», 1 (2000), pp. 54-68, ahora en Ch. Prendergast, Debating World Literature, Londres, Verso, 2004, pp. 148-162. La cita está en la p. 149. Cfr. también F. Moretti, More Conjectures, en «New Left Review», 20 (2003), pp. 73-81.

[6] Sobre Auerbach, Spitzer y los orígenes de la comparativa literaria cfr. E. Apter, Traslatio Globale: L’Invention de la Littérature comparée, Istanbul 1933, en «Littérature», 144 (2006), pp. 25-55.

[7] E. Auerbach, Philologie der Weltliteratur, en W. Muschg, E. Staiger (a cargo de), Weltliteratur. Festgabe für Fritz Strich zum 70. Geburtstag, Francke, Berna, 1952, pp. 39-50; trad. it., Philologie der Weltliteratur. Filologia della literatura mondiale, a cargo de E. Salvaneschi, Book Editore, Castel Maggiore, 2006.

[8] L. Spitzer, Classical and Christian Ideas of World Harmony, John Hopkins U. P., Baltimore, 1963; trad. it., L’armonia del mondo, Il Mulino, Bolonia, 1967.

[9] H. Bhabha, The Location of Culture, Routledge, Londres, 1994; trad. it., I luoghi della cultura, Meltemi, Roma, 2001, p. 25 y sucesivas.

[10] Ch. Bernheimer (a cargo de), Comparative Literature in the Age of Multiculturalism, Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1995. Cfr. en italiano, Ch. Bernheimer, La literatura comparata alle soglie del nuovo secolo, en A. Gnisci, F. Sinopoli, Manuale storico di literatura comparata, Meltemi, Roma, 1997, pp. 182-196.

[11] U. Weisstein, Comparative Literature and Literary Theory. Survey and Introduction, lndiana University Press, Bloomington, 1973, passim.

[12] F. Jost, Introduction to Comparative Literature, Bobbs Merrill, Indianápolis, 1974, passim.

[13] G. Kaiser, Einführung in die Literaturwissenschaft, Wissenschaftliche Buchgesellschaft, Darmstadt, 1980, passim.

[14] C. Guillen, L’uno e il molteplice. Introduzione alla literatura comparata, Il Mulino, Bolonia, 1985, p. 57 y sucesivas.

[15] D.-H. Pageaux, La littérature générale et comparée, Armand Colin, París, 1994, p. 18 y sucesivas.

[16] P. Brunel, C. Pichois, A.-M. Rousseau, Qu’est-ce que la littérature comparée?, Armand Colin, París, 1996, p. 74 y sucesivas.

[17] Cfr. G. Finney, Of Walls and Windows: What German Studies and Comparative Literature Can Offer Each Other, en «Comparative Literature», 49. 3 (1997), pp. 259-266.

[18] P. Casanova, La République mondiale des Lettres, París, Seuil, 1999; Id., Literature as World, en «New Left Review», 31 (2005), pp. 71-90.

[19] J. Pizer, Goethe’s «World Literature» Paradigm and Contemporary Cultural Globalization, en «Comparative Literature», 52.3 (2000), pp. 213-227. Cfr. también Id., Toward a Productive Interdisciplinary Relationship. Between Comparative Literature and World Literature, en «The Comparatist», 31 (2007), pp. 6-28.

[20] Ch. Prendergast, Negotiating World Literature, en «New Left Review», 8 (2001), pp. 100-121.

[21] D. Damrosch, World Literature, National Contexts, en «Modern Philology», 1000 (20003), pp. 512-531, Id., Toward a History of World Literature, en «New Literary History», 39 (2008), pp. 481-495; Id., What is World Literature, Princeton, Princeton University Press, 2003.

[22] J. David, Spectres de Goethe. Les métamorphoses de la «Littérature mondiale», París, Les Prairies Ordinaires, 2012.

[23] E. Apter, Against World Literature. On the Politics of Untranslatability, Londres, Verso, 2013.

[24] Ibíd, p. 2.

[25] Los pasajes goethianos sobre la “literatura universal” se reparten entre cartas, recensiones y diarios. Fritz Strich los recoge en un apéndice en su memorable estudio Goethe und die Weltliteratur, Francke Verlag, Berna, 1957, en las páginas 397-400. Una selección distinta pero bastante amplia se ha publicado en traducción italiana dentro de las Opere de Goethe editadas por Lavinia Mazzucchetti, Sansoni, Florencia, 1962, pp. 1070-1083 de las que tomo las citas con algunos ajustes de traducción. Para el texto en alemán véase Goethes Werke, hrsg. im Auftrage der Großherzogin Sophie von Sachsen, Weimarer Ausgabe, fotomechanischer Nachdruck der im Verlag Hermann Böhlaus Nachfolger, Weimar, 1887-1919 erschienenen Weimarer Ausgabe oder Sophien-Ausgabe, Deutscher Taschenbuch Verlag, Munich, 1987, vol. I 41.2. Para una primera aproximación a estos textos – aparte del ya clásico Strich – y para una contextualización de los mismos en el debate sobre literatura y globalización, cfr. al menos D. Barry, Faustian Pursuits. The Political-Cultural Dimension of Goethe’s Weltliteratur and the Tragedy of Translation, en «The German Quarterly», 74.2 (2001), pp. 164-185; P. J. Brenner, “Weltliteratur”. Voraussetzungen eines Begriffs in Goethes Literaturkritik, en «Goethe-Jahrbuch», 98 (1981), pp. 25-42; D. Damrosch, Goethe Coins a Phrase, en Id., What is World Literature, cit, p. 1 y sucesivas; M. Cometa, L’età di Goethe, Roma, Carocci, 20062, p. 66 y sucesivas, además del excelente comentario de Anne Bohnenkamp en J. W. Goethe, Aesthetische Schriften 1824-1832 (Sämtliche Werke. Briefe, Tagebücher und Gespräche, I. Abteilung, vol. 22), Deutscher Klassiker Verlag, Frankfurt a. M., 1999. pp. 937-970. Algunos pasajes sobre la Weltliteratur se pueden encontrar también en la edición muniquesa de las obras de Goethe, en adelante citada como Goethe MA = J. W. Goethe, Sämtliche Werke nach Epochen seines Schaffens. Münchner Ausgabe, hrsg. von K. Richter in Zusammenarbeit mit H. G. Göpfert, N. Miller, G. Sauder, E. Zehm, München, btb Verlag, 2006.

[26] J. Pizer, Goethe’s «World Literature». Paradigm and Contemporary Cultural Globalization, cit., passim.

[27] Goethes Werke, cit., vol. I. 41.2, p. 265; trad. it. cit., p. 1070.

[28] Ibíd, p. 505.

[29] Ibíd, p. 202.

[30] Cfr. por ejemplo L. Grossberg, Globalization and the “Economization” of Cultural Studies, en Bundesministerium für Wissenschaft und Verkehr, Internationales Forschungszentrum Kulturwissenschaften (a cargo de), The Contemporary Study of Culture, Turia + Kant, Viena, 1999, pp. 23-46.

[31] Goethe MA, cit., vol. 18.2, p. 665

[32] Ch. Prendergast, Negotiating World Literature, cit., p. 105.

[33] Ibíd, p. 104.

[34] Ibíd, p. 120.

[35] Goethes Werke, cit., p. 186 y sucesivas.; trad. it. cit., p. 1080.

[36] F. Moretti, More Conjectures, cit., p. 79: «No literature without interference…hence, also, no literature without compromises between the local and the foreign».

[37] F. Moretti, Conjectures on World Literature, cit., p. 154.

[38] D. Damrosch, World Literature, National Contexts, cit., p. 514: «Even a single work of world literature is the locus of a negotiation between two different cultures».

[39] Ch. Prendergast, Introduction, en Id., Debating World Literature, cit., p. X; Id., Negotiating World Literature,cit., p. 102.

[40] Goethes Werke, cit., vol. I 41.2, p. 305; trad. it. cit., p. 1074.

[41] Goethes Werke, cit., vol. I 41.2, p. 306; trad. it. cit., p. 1075.

[42] El pasaje citado no aparece en la antología de Strich pero sí en la de Mazzucchetti en la p. 1075. Para el texto alemán véase Goethes Werke, cit., vol. I 41.2, p. 306.

[43] Cfr. D. Damrosch, Goethe Coins a Phrase, cit., p. 27 y sucesivas.

[44] Sobre el biocultural turn de las ciencias de la cultura me permito referirme, por el momento, a mi: Die notwendige Literatur, en V. Borsò, M. Cometa (a cargo de), Die Kunst, das Leben zu «bewirtschaften». Bios zwischen Politik, Ökonomie und Ästhetik, Bielefeld, Transkript Verlag, 2012, pp. 172-194.

[45] F. Moretti, Conjectures on World Literature, cit., p. 157.

[46] Ibíd, p. 152.

[47] Ibíd, p. 151: “Distant reading: where distance, let me repeat it, is a condition of knowledge: it allows you to focus on units that are much smaller or much larger than the text: devices, themes, tropes – or genres and systems”.

[48] D. Damrosch, Goethe Coins a Phrase, cit., p. 3; P. Casanova, Literature as World, cit., p. 83.

[49] D. Damrosch, Goethe Coins a Phrase, cit., p. 24.

[50] Goethes Werke, cit., vol. I 41.2, p. 300; trad. it. cit. p. 1071.

[51] Ibíd, vol. I 42.2, p. 502.

[52] Ibíd, vol. I 41.2., p. 300; trad. it. cit., p. 1072.

[53] D. Damrosch, Goethe Coins a Phrase, cit., p. 5: “My claim is that world literature is not an infinite, ungraspable canon of works but rather a mode of circulation and of reading, a mode that is applicable to individual works as to bodies of material, available for reading established classics and new discoveries alike”

[54] Goethes Werke, cit., vol. I 42.1, p. 206; trad. it. cit., p. 1083.

[55] J. Hillis Miller, World Literature in the Age of Telecommunications, en “World Literature Today”, 74.3 (2000), pp. 559-561, la cita está en la p. 561. De J. Hillis Miller véase también: A Defense of Literature and Literary Study in a Time of Globalization and the New Tele-Technologies, en “Neohelicon” 34 (2007), p. 13-22.

[56] Goethes Werke, cit., vol. I 41. 2, p. 305; trad. it. cit., p. 1074.

[57] Ibíd, vol. I 42. 1, p. 189; trad. it. cit., p. 1081

[58] Sobre la noción de “Verjüngung” me permito referirme a M. Cometa, Il romanzo dell’infinito. Mitologie, metafore e simboli dell’età di Goethe, Aesthetica edizioni, Palermo, 1990. p. 11-132.

[59] Goethes Werke, cit., vol. IV 48, p. 189 y sucesivas.

[60] Ibíd, vol. II 13, p. 449.

[61] S. Greenblatt (a cargo de), Cultural Mobility. A Manifesto, Cambridge, Cambridge University Press, 2010, en particular las pp. 250 y sucesivas.

[62] Goethe MA, cit., vol. 18.2, p. 86.

[63] S. Greenblatt (a cargo de), Cultural Mobility. A Manifesto, cit. p. 7 y sucesivas.

[64] Goethe MA, cit., vol. 18.2, p. 149.

[65] Ibíd, p. 149 y sucesivas, y p. 665.

 

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