Pensamiento budista

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PAUL WILLIAMS, ANTHONY TRIBE Y ALEXANDER WYNNE, Pensamiento budista. Una introducción completa a la tradición india, traducción de Agustina Luengo,  Editorial Herder, Barcelona, 2014, 440 pp. ISBN 978-84-254-2751-0.

Escrito conjuntamente por tres profesores universitarios de filosofía y estudios orientales en facultades británicas y americanas, este libro se emplea como manual para las clases de filosofía India y Tibetana en la Universidad de Bristol, y por ello puede resultar especialmente útil para los estudiantes de filosofía, teología e historia de las religiones.

No obstante, su lectura también permite al lector occidental interesado en el tema, aunque sin grandes conocimientos sobre el mismo, introducirse de forma guiada y amena en el  intrincado método y forma del pensamiento budista; pensamiento que en ocasiones resulta extraño para un occidental debido al tratamiento analógico que hace de las cuestiones abordadas, a causa también de la ineludible paradoja presente en su esencia, y por la presencia de un idealismo radical -en cuanto a su planteamiento de la completa irrealidad de lo percibido- al tiempo que un total pragmatismo y una evitación de aspectos más abstractos o metafísicos (a los cuales al parecer Buda se negaba a responder).

Dividido en siete capítulos, cada uno de los cuales se cierra con una enumeración de los puntos clave, a modo de resumen y reunificación de lo explicado, los autores consiguen transmitir la parte más teórica de las formulaciones budistas, su origen doctrinal brahmánico y la influencia que la vía ascética y la cosmovisión de la vida de los sramanas, opracticantes marginales, tuvo en el pensamiento de Buda en cuanto a la vivencia del mundo como sufrimiento, un lugar en el que la satisfacción duradera es imposible. Igualmente se percibe esta influencia de los ascetas en lo que respecta a la idea de la trasmigración de las almas en un eterno ciclo kármico del que  solo se escapa a través de la iluminación. Al hilo de esto, se explica la concepción budista del karma, cuyo significado es “acción”, y su relación no solo con la acción, sino también con la intención previa. De ese modo, se dice, los actos sanos, o malsanos, causan efectos agradables o desagradables y, en último término, el renacimiento en el ciclo de sufrimiento.

 Así mismo se trata en el texto la importantísima figura del Buda, siendo que no se elude el asunto de la construcción creada sobre la figura histórica de este personaje. Se trata también sobre la fidelidad o no de los textos conservados a las enseñanzas originales del Buda, dado que estas enseñanzas fueron básicamente transmitidas de forma oral durante siglos. También se establece una clasificación de las diferentes escuelas que surgen con el tiempo dentro de esta filosofía,  junto a explicaciones detalladas sobre aspectos de la práctica, tal y como la relación del alumno con el maestro, el uso de los mandalas, el empleo de las visualizaciones y la meditación –basada en los principios de calma y  visión profunda-  el significado profundo , fines últimos y peligros del erotismo tántrico, junto a la controvertida, y casi nunca explicada en los libros, posición de las mujeres en el tantrismo.

El budismo, aclaran los autores, no implica el rechazo a otras religiones o prácticas, al contrario, es capaz de englobarlas en una especie de meta-religión en la que todo el discurso gira en torno a la idea fundamental de que la vida del ser humano es sufrimiento. Siendo este un estado producido por la codicia, el odio y la ilusión, que deben ser combatidos por sus opuestos: el desapego, el amor y la sabiduría. Pero también un estado de dolor causado por la mutabilidad e impermanencia de todas las cosas y por el anhelo, una forma muy arraigada del asimiento, que no es un simple “querer hacer algo”. Pero la filosofía budista, aclaran los autores, no aboca al nihilismo, como podría fácilmente deducirse. Al contrario, es un terreno en el que esta filosofía evita a toda costa deslizarse: y lo hace en parte al considerar que cada acción posee un sentido y, en último término, es “real”, pues tiene existencia y consecuencias y, por tanto, cada uno es responsable de lo que hace, también de lo que no hace y de cómo lo lleva a cabo y, sobre todo, paga las consecuencias de esos actos.

Entonces, en este mundo en el que se desarrolla nuestra existencia ¿se puede salir del sufrimiento?, ¿cómo?, se preguntó el Buda. A continuación meditó hasta iluminarse y fue entonces, desde ese estado, cuando  formuló sus enseñanzas basándose en la clara comprensión que él mismo había alcanzado: propuso seguir la vía del  Dharma, que permite salir de este estado de dolor. El Dharma es la penetración en la realidad de las cosas más allá de las apariencias; un estado de la conciencia que ha alcanzado la iluminación. Una vez llegada a la comprensión de cómo son las cosas en realidad, la conciencia cesa de sufrir.

Pues lo fundamental en este pensamiento es la conciencia: para el budismo el “yo” es una ilusión más, al igual que la mente, el cuerpo y el resto de lo que consideramos realidad. Aquello que llamamos y consideramos “yo” no es una sustancia real, sino una sucesión de estados psicofísicos, cambiantes, fluctuantes, causa y efecto del sufrimiento. Cuando se entiende que uno no es esa sustancia y así llega a comprender las cosas tal y como son, se alcanza la liberación. Ese no-Yo, sería un trasunto de lo que en occidente se denomina el “alma”. Pues dentro de todo ser sensible, oculta entre todas las perturbaciones contaminantes, existe la potencia espiritual, la naturaleza, la sabiduría y la visión del buda.

La muerte es vista como la disolución de esos estados de conciencia en una especie de energía cósmica que tampoco posee finalidad alguna, pues en el budismo no se habla de deidad como cusa inicial y final. En ese sentido se podría decir que el budismo es ateo, estoico, pesimista en cuanto la condición del hombre y pragmático en cuanto a sus propuestas para salir de esa condición de sufrimiento y entrar en el nirvana, que no es un lugar ni una realidad absoluta, sino más bien se puede entender como un estado de la conciencia que ha experimentado una transformación radical y ha trascendido la codicia, el odio y la ilusión.

En el texto se explica el núcleo del discurso de Buda tras su iluminación, las llamadas cuatro nobles verdades: primera, el duhkha o estado doloroso en el que se encuentra todo aquel que no se ha iluminado y que no distingue entre cómo las cosas parecen y cómo son en realidad; segunda, el origen del sufrimiento; tercera, la cesación del sufrimiento o nirvana; cuarta, la vía para salir del sufrimiento y que consiste en la práctica de una lista con ocho elementos que contienen el concepto común de “correcto”: 1. visión correcta, 2. intención correcta, 3. hablar correcto, 4. actuar correcto, 5. medio de vida correcto, 6. esfuerzo correcto, 7. conciencia correcta, 8. concentración correcta.

El texto que nos ocupa dedica un capítulo completo a las divisiones, escuelas doctrinales y sectas dentro del pensamiento budista. Especial atención dispensa al Mahayana, la “Gran Vía”, la escuela de mayor desarrollo dentro del budismo surgida alrededor del siglo iv o v a.c., y que reúne una variedad de prácticas y enseñanzas  en la que la finalidad última no es la iluminación  y consiguiente liberación individual del sufrimiento, sino aquella iluminación realizada para beneficio de todos los seres, el llamado “ideal bodhisattva”. Para esta escuela doctrinal, todo es una “ilusión mágica”, todas las cosas están vacías, pues no tienen sustancia alguna, son ficticias, por lo que hay que cultivar el desapego y no aferrarse a nada. Pero el hecho de que las cosas estén vacías, no quiere decir que no existan, de hecho ese vacío conlleva que dicha cosa o experiencia en cierto sentido “exista”.

El Mahayana es una escuela cuyas enseñanzas parecen tener que ver con el desarrollo de la escritura –y consecuentemente con la fijación de las mismas-. Sus contenidos basarían no solo en las enseñanzas iniciales del Buda, sino en las reflexiones, sueños y visiones de eremitas y meditadores, ya que el budismo Mahayana mantiene que los budas siguen entre nosotros y por tanto han transmitido y aun transmiten revelaciones y conocimiento a través de  los siglos.

El capítulo final del libro está dedicado al budismo tántrico de la india, y en él se analizan las múltiples influencias provenientes del yoga que actúan sobre esta rama del budismo. Se explican en parte los elementos que conforman su práctica, tal como mandalas, mantras, identificación con la deidad, junto a su visión de la sexualidad como acto trascendente de comunión con la divinidad, pero también como acto que permite dotarse de poderes, ya sean terrenales o soteriológicos. En este sentido, se explica la dimensión transgresora del tantrismo: la sexualidad como vía de liberación, los ritos iniciáticos, los actos  antinómicos –es decir, aparentemente contradictorios-  que practican sus seguidores, y el uso de sustancias impuras para vencer escrúpulos y condicionamientos, sin olvidar el discutido papel que las mujeres desempeñan en las prácticas sexuales ceremoniales.

Para terminar, y fieles a su evidente finalidad didáctica, tras los capítulos, los autores han añadido una serie de preguntas de estudio y examen, una guía de lecturas adicionales y sitios webs, una tabla de pronunciación del sánscrito y el pali, un glosario de términos budistas, un mapa de lugares señalados del budismo en la India, una extensa bibliografía de obras citadas y un índice de nombres y conceptos para consultar en cualquier momento durante la lectura.

Pensamiento budista de Williams, Tribe y Wynne es un texto de fácil y sugerente lectura, pero no por ello escaso en contenidos. Al contrario, la lectura de un libro sobre pensamiento budista, y este no es una excepción, puede suponer, si el lector así lo permite, tanto un acto de aprendizaje, como una suerte de ejercicio meditativo sobre cuestiones de índole existencial y metafísico.

 

Luz Álvarez

 

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