Pandora

<< Volver

HENRY JAMES, Pandora, traducción e introducción de Lale González-Cotta, Editorial Impedimenta, Madrid, 2014, 128 pp. ISBN 978-84-15979-29-6.

Leer una novela de Henry James acostumbra a convertirse en una experiencia tan deliciosa como inquietante y Pandora no es una excepción. Me parece recordar que algún crítico señaló en alguna ocasión que la prosa de H. James es tan opulenta y grandiosa como un transatlántico deslizándose sobre el océano. Ciertamente su sintaxis elaborada, el párrafo largo, elegante, complejo, el vocabulario amplio, suntuoso, las amplias digresiones, las descripciones extensa; es una imagen poderosa y seguramente acertada… siempre que se añada que las aguas sobre las que ese barco de lujo navega son indefectiblemente aguas profundas recorridas por peligrosas corrientes.

Es precisamente en un transatlántico que parte de la Europa de principios del siglo XX, en concreto de Alemania, hace escala en Inglaterra para recoger viajeros, y finalmente recala en los EE.UU. donde el autor sitúa inicialmente a sus personajes en esta nouvelle.

Y con ellos viaja la tensión entre las ideas, la forma de vida, el poso cultural de la vieja Europa y el dinamismo, la novedad, el humor, la energía, pero también la cortesía que parece ocultar cierta ambigüedad e imprecisión en las formas del Nuevo Mundo: un tema recurrente en la literatura de James.

Por un lado tenemos al joven conde Otto Vogestein, perteneciente a la aristocracia terrateniente de centro Europa, aparentemente muy seguro de su posición y cuyas ideas son tan convencionales como postizas. Mientras que en el bando de los norteamericanos encontramos a Pandora Day, atractiva y enérgica muchacha, el prototipo de la “chica hecha a sí misma” que “…carece de estatus. Dígame, ¿dónde podría haberlo adquirido? Pobre chica, no es justo que se plantee usted semejante pregunta respecto a ella.”, exclama la viperina lengua de  Mrs. Dangerfield, compatriota de Miss Day.

Ese nombre poco usual de la joven, unido a un apellido tan corriente, ya envía señales de diferentes tipos al lector: Pandora Day ¿abrirá una caja de sorpresas para su cándido, silencioso y crítico admirador del viejo continente? ¿Refleja ese nombre las pretensiones de unos padres, por lo demás incultos, de relacionarse con la cultura de la vieja Europa? ¿Y qué decir del singular apellido Day? ¿Hemos de suponer que la joven posee una notable capacidad para desenvolverse en la vida práctica del día a día? ¿Es una joven de simple psicología? ¿O, por el contrario, es inteligente y compleja, o tal vez  simplemente una ambigua cazafortunas? Sin duda el lector sacará sus propias conclusiones sobre este punto crucial, como le ocurrirá al conde Vogestein.

El autor, por su parte, observa a sus personajes adoptando diferentes distancias: ahora se acerca y penetramos en su interior, escuchamos sus pensamientos, sus juicios,  ahora toma distancia y nos hace testigos de sus acciones, tan reveladoras como la exposición de los más íntimos sentimientos. Un autor omnisciente que nos hace testigos de primera línea de las contradicciones, las ideas – o la ausencia de las mismas- de clase y género modeladas por la cultura, las idas y venidas del pensamiento y finalmente  la reflexión del propio personaje, que se producirá más tarde, cuando los hechos acaban por imponerse, sorprendiendo al protagonista y dejándolo en una posición de amarga toma de conciencia.

Porque Henry James es un maestro en retratar la psicología profunda de los personajes, sus claroscuros, sus debilidades, sus ambigüedades, sus defectos y sus virtudes. Unos personajes dibujados con luces y sombras, aunque más que pincel, se diría que James emplea con maestría el escalpelo de su sutil ironía en la disección psicológica del personaje para con ello desvelar lo más íntimo, doloroso, incoherente, vil de la mayoría de los protagonistas, pues ninguno se salva de sus aceradas observaciones. De modo que, en ocasiones se diría que llega a ser un tanto cínico en sus juicios, un aspecto que el autor suele salvar finalmente con una de sus características vuelta de tuerca en la que el empleo de ese sutil humor tan suyo acaba por suavizar la aguda penetración del comentario previo.

Este cuidado volumen de la editorial Impedimenta, tanto en el diseño como en la traducción, cuenta con una introducción a cargo de la misma traductora que será muy útil al lector que se enfrente por vez primera a una obra de James.

En cambio el lector habituado al estilo de H. James reconocerá enseguida en esta nouvelle el personal y extraordinario estilo del escritor, y recordará personajes femeninos ya abordados en novelas anteriores, sobre todo la protagonista de su inconmensurable novela, Retrato de una dama, Isabel Archer o, al menos a una joven Isabel, o tal vez mejor, a su amiga Henrietta Stackpole, moderna, desenvuelta, al tiempo que apasionada y sensible.

En cualquier caso, cualquier lector encontrará en esta novela corta un texto reposado, reflexivo más allá del momento de la lectura, que le hará sonreír en ocasiones, pero también le golpeará con agudas reflexiones que encontrará en ocasiones (penosamente) muy aplicables a sí mismo y al resto de la humanidad, a pesar de la distancia en tiempo y condición que nos separan de la época en que fue escrita.

Luz Álvarez

 

 

Comments are closed.

Website: