Paciencia con Dios

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TOMÁš HALÍK, Paciencia con Dios. Cerca de los lejanos, traducción de Antonio Rivas González, Herder Editorial, Barcelona, 2014, 248 pp. ISBN 978-84-254-3373-3 (Vzdáleným nablízku, 2014).

No hay ninguna teología que no sea una teología política. Desde las poesías casi incomprensibles de los místicos del siglo XVI hasta las declaraciones triunfantes del Concilio Vaticano I, todo discurso sobre Dios implica una toma de postura ante la organización de esa comunidad humana que es cada una de las iglesias que existieron y que existirán. Así ocurre también con la teología que Tomás Halík despliega en este pequeño libro con grandes pretensiones: nada menos que poner en manos de los católicos la posibilidad de hacer un cambio de rumbo y virar el timón de su iglesia de nuevo en camino hacia los ajenos, hacia aquellos que no forman parte de ella y a los que el autor llama los “alejados”. Y de hacerlo además, no con la carga emocional y espiritual de una nueva cruzada, sino con una “nueva seriedad, una nueva madurez, un nuevo tipo de dialogo entre la fe y la no fe” (p. 85),

Si se mira con cuidado, la propuesta de Halík tiene poco de original (aunque mucho de necesaria), pues no hay nada que resulte más tradicional en el cristianismo que la intención de ir más allá de sus propia fronteras. Desde los inicios de su andadura institucional, incluso en las formas preconstantinianas de los primeros siglos, la voluntad de expansión es constante y férrea. Sin embargo, en los últimos siglos la crítica recibida desde frentes diversos ha hecho grave mella en la antaño clara voluntad de anuncio y expansión, y ningún cristiano podría prescindir hoy de los efectos que han producido en la mentalidad social las invectivas de Marx, Nietzsche o Freud, así como los propios errores de la iglesia. Ya no es posible refugiarse en la pretendida inocencia del anuncio de otros tiempos: la sospecha se ha hecho omnipresente.

A esta realidad, o quizás incluso provocada en algún modo por ella, se suma la tendencia de los pontificados de Wojtyla y Ratzinger (1978-2005-2013) a fortalecer a los guardianes de la ortodoxia, a preocuparse más del orden interno de la iglesia que de su capacidad de viajar extra muros. El cambio que la iglesia está sufriendo con el papa Bergoglio, que va precisamente al contrario de esta tendencia interiorizante y que se expresa en la llamada a ir “del centro a la periferia”, está anunciada de un modo profético en Paciencia con Dios (escrito en 2007 aunque publicado en 2014), al que repetidamente su autor denomina como un “libro sobre los Zaqueos”.

 Como Zaqueo en lo alto de la higuera, interesado en el paso de Jesús pero a la vez oculto a las miradas indiscretas, Halík tuvo que vivir en la ya extinta Checoslovaquia la experiencia terrible de ser parte de una iglesia escondida ante el poder omnímodo de un comunismo delirante, durante las décadas de hierro en que, a muchos kilómetros de distancia, se fraguaba la teología latinoamericana de la liberación, que quería utilizar el marxismo para romper un status quo asesino. Lejos de minusvalorar las aportaciones de los liberacionistas sudamericanos, Halík ofrece su texto como un intento de renovación y superación de sus propuestas teológicas, abogando por la necesidad de una teología de la liberación interior, en la que la prioridad sea el abandono de las propias “seguridades en el campo religioso” (p. 40).

Por ello Halík no renuncia en su libro a hacerse preguntas básicas y esenciales sobre la fe cristiana como, por ejemplo, la que inquiere acerca del silencio atronador de la ausencia de Dios. Ante ella señala con tino histórico que no ha habido ni hay ninguna vía mística que no parta de dicha ausencia. Es precisamente en el momento en que las palabras tradicionales no son capaces de ser expresión de una fe cuando es necesaria una nueva forma de lenguaje que, al tomar conciencia de su incapacidad de aportar ideas definitivas sobre el Otro (conciencia de ser una teología negativa, p. 42), no se identifique a sí misma sino como una herramienta de búsqueda. Ante el silencio ausente el argumento fundamental del autor es el que da título a la obra: tener paciencia con Dios, o lo que es lo mismo, obstinarse en la comprobación una de las hipótesis posibles (la de Dios) para la solución de las preguntas nucleares del ser humano.

Tampoco renuncia Halík a dialogar con los adalides de la filosofía. Nuestro autor parte de la premisa que afirma la bondad intrínseca de la crítica. Quizás por eso su prosa no sea una blanda apologética o un conjunto de espiritualismos vacuos. Cuando quiere utilizar el pensamiento para afianzar su apuesta por el personaje de Zaqueo, por las páginas del libro aparecen pensadores religiosos de la talla de Karl Rahner, Kierkegaard o Levinas, entre muchos otros teólogos y filósofos (entre los que sorprende y agrada encontrar la referencia al penetrante Joseph Moingt). Pero cuando tiene que dar cuenta de las oposiciones que pueden suscitar sus argumentos abundan las citas a los críticos de la religión citados anteriormente, dialogando especialmente a menudo con Freud y, sobre todo, con Nietzsche, al que acusa de haber malentendido a Pablo. Por supuesto, como no, también hay sitio para Heidegger.

Halík se ofrece con este título al mundo de lectores en lengua castellana como un interlocutor válido en el debate interminable que nos obliga desde hace siglos a situarnos a favor de Dios o contra Él. Su voz merece ser escuchada en la confrontación pública entre la filosofía y, siguiendo a Leo Strauss, su única rival a tener en cuenta: la fe en la Revelación.

Juan D. González-Sanz

orcid.org/0000-0002-4344-8353

 

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