La verdad sobre el otro mundo

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FRANCISCO FERNÁNDEZ-SANTOS, La verdad sobre el otro mundo, Huerga y Fierro, Madrid, 2014, 195 pp. ISBN 9788494272349.

Resulta agradable y sorprendente a un tiempo descubrir la existencia de un autor cuando este cuenta ya casi noventa años. Gracias a una de esas amabilidades que tiene la vida esto ha sido posible para mí en el caso de Francisco Fernández-Santos, que en La verdad sobre el otro mundo, ofrece una contribución destacada a la gran colección de cuentos fantásticos con la que cuenta el mundo de lectores.

En esta obra, Fernández-Santos demuestra que es un digno socio del club del memento mori, que incluye entre sus miembros distinguidos a algún emperador romano y a muchos escritores del siglo XX. Treinta y tres relatos breves, la mayoría de ellos rondando a la muerte (¿hay acaso otro tema que pueda rivalizar con ella en su dimensión universal?), componen un libro intenso en el que, debido a una cruda profundidad y a un cuidadoso trato de la temporalidad y el suspense, se invita al lector a mirar a las esquinas oscuras de una realidad en la que por todas partes amenazan dragones.

Y digo dragones porque en estas páginas no solo la muerte tiene sitio. Destaca también, y muy llamativamente, la figura del “dragón”, un trasunto de la esposa capaz de condenar a su marido a un matrimonio infeliz a causa de los celos. No queda claro al lector si Fernández-Santos se basa en experiencias propias para describir con tanta intensidad y perseverancia el infierno al que llevan las bodas con dragones (lo que sería ciertamente motivo de compasión) pero, sea así o no, con sus cuentos matrimoniales (Mas allá de la tumba) consigue transportar a un tiempo que ya no existe, y se hacen así doblemente fantásticos, pues ahora resultan poco menos que increíbles las situaciones que describe y que solo se sostenían por la consigna social de la indisolubilidad del matrimonio.

Entre los cuentos que aquí se ofrecen puede encontrar el lector historias ambientadas en mundos tan distintos como la guerra civil (El hombre y su otro), el mundo literario (Cambio de papeles), la confusión de la locura (Diálogo con desconocido, El tiempo no existe, La Mosca), la relación con los animales (Transmigración) o las sensaciones de alguien atrapado por la apnea del sueño (La casa encendida), entre otros. Leer a Fernández-Santos en todos ellos, como beber un buen vino, deja la boca llena de reminiscencias. Desde Borges a Cortázar, pasando por el cultismo de un Lugones hoy apenas recordado y algunas pequeñas perlas en homenaje a Monterroso, lo mejor de la literatura fantástica latinoamericana atraviesa estas páginas. Igual podría decirse de la herencia centroeuropea que son las obras de Kafka o Benjamin (cuyo Angelus Novus parece asomarse de puntillas por aquí y por allá). Pero a la vez, La verdad… es una obra original con una pátina claramente española. Y eso a pesar de haber sido escrita desde el exilio (esa especie de

 

muerte en vida) que Fernández-Santos vive en París desde 1960. Un exilio que todavía, pese a las apariencias, sigue imponiendo su peculiar barniz a la vida cultural de este país. En su lenguaje y estilo (con un uso enfático de las mayúsculas que cualquier chaval de ahora entendería enseguida) se encuentran grandes diferencias con los grandes cuentistas del Sur y del Norte, a pesar de los paralelismos con ellos que voluntariosamente dibuja el autor. Más que a Argentina o a Alemania, el tono de los mejores cuentos del libro recuerda con fuerza a la Castilla del mejor Delibes. Leer La hoja roja puede ser, de hecho, buen complemento a este La verdad sobre el otro mundo, para ir preparando un otoño tan inevitable como imprevisible.

Es digna de mención, por otra parte, la presencia de la filosofía a lo largo de todo el texto. No solo porque el autor hace aparecer en sus cuentos referencias a los filósofos más destacados de los últimos siglos (desde Kant a Wittgenstein, pasando por Nietzsche y el omnipresente Heidegger), sino también porque las dedicatorias de los mismos están dirigidas a figuras notables de la filosofía  española, como Fernando Savater, Elías Díaz o Aurelio Arteta, entre otros. En estos guiños emergen las relaciones que el autor ha ido tejiendo en una vida larga, plena de actividad literaria y filosófica apasionada (director de El Correo de la Unesco, colaborador de Cuadernos de Ruedo Ibérico, El País, Claves de Razón Práctica, etc.) que dejó en la cuneta su inicial formación jurídica y que ha sido también el marco en el que ha expresado su sentir libertario y socialista.

Finalmente, para comentar la única espina que me queda tras la lectura, sugeriría a la editorial que en una próxima edición dé a conocer las fechas concretas de composición de cada texto, algo que en un autor longevo (y que lo sea por mucho más tiempo) siempre puede dar algunas pistas interesantes para captar detalles que pasan de largo a primera vista.

Juan D. González-Sanz

orcid.org/0000-0002-4344-8353

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