La Tumba

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KOSTÍS PALAMÁS, La Tumba, traducción de Juan Antonio Pérez, Juan Francisco Reyes y José Manuel Ruiz, coordinación y prólogo Francisco Javier Ortolá Salas, Colección Romiosyne, Point de lunettes, Sevilla, 2015, 105 pp. ISBN 978-84-96508-81-1.

La Tumba de Kostís Palamás (1859-1942) es la cuarta entrega de la colección Romiosyne de poesía griega contemporánea dirigida por el profesor Juan José Tejero Ramírez en la editorial Point de lunettes.

Publicada por primera vez el 9 de mayo de 1898, La Tumba es un extenso poema, una elegía que el poeta escribe tras la muerte de su hijo Alkis a los cuatro años de edad. La lectura deja tras de sí un poso de amargura iluminado a veces en algunos versos que toman fuerza por sí mismos. Hay dos que encierran tanto sentimiento y lo expresan de manera tan sencilla y sutil que merece la pena recordarlos aquí:

¡Hazte soplo de aire

y bésanos con dulzura!

Se suele decir que en poesía la imagen es muy importante para la comprensión de un poema. Esos dos versos reflejan una imagen bellísima que encarna una añoranza conmovedora.

La edición está precedida por el prólogo de Francisco Javier Ortolá Salas, en el que nos da una información muy completa sobre el autor y las circunstancias de su obra, lo que facilita la interpretación de su poesía. No se puede olvidar que tras el poema hay una persona que escribe, por decirlo así, por necesidad. Un padre que ha perdido a su hijo.

Una lectura de la obra distingue en ella dos partes de una extensión semejante. En la primera, el padre, el poeta, está tan afligido que se nota sereno; solo recuerda a su pobre niño, a su pajarillo. Se lamenta en un tono calmado, casi resignado. En la segunda mitad, esa resignación se transforma en una rebeldía contra la muerte, representada en la figura de Caronte. Los versos adquieren un tono colérico. En esa segunda mitad se encuentran las macabras descripciones de Caronte, el feroz jinete, y los versos se llenan de preguntas acerca de la muerte y  de exclamaciones de enfado y recriminación. Un ejemplo son estas dos estrofas, que se describen por sí mismas.

Se arrojó sobre la carne

de los niños para saciarse;

por plato un esqueleto,

por copa un cráneo.

Desea llenar los dos

hasta que rebosen

y sueña con una embriaguez

loca e interminable.

El poema que abre la obra y el que la cierra aparecen en cursiva, una matización que ya estaba en el original griego y los autores de esta edición han querido respetar para el lector; poemas opuestos, principio y final. En el primero, el poeta evoca el poder creador de la poesía. Su obra pretende capturar los recuerdos, la esencia de su hijo, como si Palamás quisiera alcanzar el brazo del pequeño en su marcha e intentar que la muerte jamás se lo arrebatara completamente. Una suerte de padre Orfeo que cambia la lira por el Verso, pero que con el mismo dolor se alza ante la muerte. El padre poeta ha ido acrecentando su cólera y al final incluso se siente traicionado por su propia poesía. Se rinde en su afán imposible. El recuerdo de su hijo terminará como el tiempo, escapándose igual que el agua entre las manos. Por más que lo intente, es consciente de su impotencia. Uno de los últimos versos resume perfectamente todos los sentimientos descritos:

¡Cada verso es un engaño,

una mentira cada palabra!

Palamás se refugia en la poesía ante la temprana muerte de su hijo Alkis. Escribir se convierte en necesidad, la necesidad que lleva a los poetas a describir su intimidad como si trataran de dar luz a su enmarañada carga personal. Es muy significativo leer que el poema comenzó a escribirse la tarde misma de la tragedia con la imagen del pequeño tan reciente, incluso es fácil pensar que los primeros versos fueron tomando forma en la cabeza del padre mientras Alkis se estaba marchando. Como indica Ortolá, Palamás compagina perfectamente ser padre y poeta, de forma que consigue evocar una atmósfera poética que hace que el lector cuidadoso asimile cada verso y lo haga suyo. Así La Tumba se convierte en un canto a la muerte como —invirtiendo el orden de las generaciones— se considera Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique.

La Tumba rezuma una inaudita sensibilidad a la hora de percibir la muerte, el dolor, la resignación, la culpa, la angustia ante la incomprensión; en su conjunto envuelve al lector y en ocasiones le hace creer en sus versos que toca las mejillas del pequeño Alkis como quien examina con cuidado la flor de almendro.

Queda recordar la inmensa tarea de traducción llevada a cabo por los estudiantes de Filología Clásica de la Universidad de Cádiz Juan Antonio Pérez, Juan Francisco Reyes y José Manuel Ruiz. Los traductores, son los verdaderos contribuyentes a que exista una verdadera literatura universal. En esta ocasión han acercado con elegancia la poesía de Palamás a los lectores desconocedores del griego. A propósito de esto creo conveniente resaltar la edición bilingüe que hace del libro un instrumento apropiado tanto para el perfecto filólogo como para los que tengan nociones mínimas o nulas de griego, que a fuerza de ir mirando la traducción castellana se podrán adentrar en los versos originales.

A pesar de la apatía generalizada de nuestra sociedad, todavía la poesía ocupa un lugar singular en la literatura y entre las artes en general, puede que debido a la asombrosa expresividad que ofrece la escritura, mayor que la del lienzo o el mármol. La Tumba es una oportunidad para conversar íntimamente con el poeta y que arroje luz sobre nuestras horas más oscuras, las que pasamos cara a cara con la muerte.

Iván Civera Martínez

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