LA LESA HUMANIDAD

CARLOS TOBAL Índice/Summarypdf

PARA UNA FILOSOFÍA DEL 11 DE SEPTIEMBRE[1]

 

INTERVENCIÓN EN EL PANEL DE LESA HUMANIDAD

LA NOCHE DE LAS CORBATAS[1]. Estar acá es un hecho. En realidad, vengo a hablar en nombre del absurdo. Es un absurdo en este presente pretender un lugar para la poesía, pero la poesía está pasando. El absurdo estaría dado por lo que sentí anoche escuchando en el Teatro 25 de Mayo a una violinista impresionante. Entonces, de repente me apareció la idea de que si en el momento del Once de Septiembre, cuando los pinochetistas, el ejército, estaba bombardeando La Moneda, la violinista hubiera aparecido caminando levemente en medio del humo, tocando ese violín, de esa manera, ¿qué hubiera pasado? Bueno, ese violín siguió sonando, no es que no lo tocó, simplemente no lo escuchamos. Estaba en la turbia belleza del ambiente, en la gente, en la manera de morir y en la manera de no rendirse de cada uno de los combatientes civiles.

Y en la voz de los prisioneros, desaparecidos y sobrevivientes. Esa voz se reedita en la presencia y en el relato de los compañeros que me precedieron en esta Mesa.

Yo tuve el impresionante honor y la emoción de conocerlos (Juan Carlos Wlasic, Alicia Estela Peralta, Natalia Messineo, Norma Ríos, Gloria Barberis, Oscar Rodríguez, el canadiense Stewart Istvanffy) hace poco en Mar del Plata y escuchándolos vi que eran los mismos: ¿cómo puede ser, si están desaparecidos? Pero son los mismos, son ellos en esa misma voz, con esa misma pasión. Que la lucha continúa, parece ilusorio, pero sí, la lucha continúa.

Entonces, fui anotando, como si fuese un poema que pasaba al toque, mientras ellos hablaban. ¿Y qué quería decir?: La primera pregunta la planteaba Norberto Tavosnanska, en el panel anterior:

¿Por qué la izquierda no tiene una versión respecto de la inseguridad? En realidad, la inseguridad es la injusticia. Hay que cambiar la verdad, hay que cambiar la antigua verdad. Luego, la primera participante (Alicia Peralta, que en nombre de la APDH había defendido en La Plata a dos niños encarcelados por “intentar robar” una botella de vino), nos dice: “Hubo un sacerdote torturador. En vez de consolar extraía información”. Otro (Oscar Rodríguez), avisó: “El poder torturador

continúa”. También lo había dicho Zaffaroni. Lo que pasó en las mazmorras sigue ocurriendo.

¿Cuál es el absurdo, del relato, de la posición que estoy teniendo acá? La pretensión de variar el ritmo. Hay un ritmo distinto a partir del cambio del centro de atención. El avance en los contenidos, en la pasión de los compañeros, que en realidad, es la reminiscencia, la reactualización de aquellos desaparecidos parecía una locomotora caminando.

Y todo lo que decían era verdad.

Acá Oscar Rodríguez nos decía: “Ver los juicios, a los genocidas, es una gran pedagogía. La coautoría de los tipos: Ellos mandaban. Hay que ver los juicios para vencer el miedo, el ninguneo”. Vencer el ninguneo, ver los juicios. Imaginemos: cuando nos hablaban de la democracia representativa. Ahora, todos, millones de personas acudiendo para ver cada juicio. Imposible. Tenemos que crear una instancia intelectual donde la pasión, la palabra y el sentir, de estos compañeros, que son nuestros compañeros desaparecidos; reaparecidos, porque continúan en esa voz: sea. Tenga un efecto estético que pueda hacer sentir al pueblo lo que nosotros estamos sintiendo, por lo menos, lo que a mí ellos me transmiten.

En medio de eso (porque esto es nada más que la representación de todo el Congreso), apareció Moisés. ¿Quién era Moisés?: un nombre bíblico. Moisés vino acá a pedirnos ayuda. Era un morochito. Acababa… estuvieron acá con todos los familiares. A Moisés le acababan de matar al padre, en la tortura. ¿Y cómo murió? Murió con su propia sangre. Fue asfixiado por su propia sangre. ¿Y por qué? Yo le pregunté por qué. Y… hay muchas versiones. Pero, es verdad. El desaparecimiento está siguiendo; la tortura sigue. Después encontré otra cosa: el desaparecimiento actualiza atravesando tiempos la potencia del luchador. Claro, Natalia Messineo hablaba de La Noche de las Corbatas. La Noche de las Corbatas: yo lo sentí cuando los escuché a ellos en Mar del Plata. Hay una o dos personas… Suenan los nombres, sigue el dolor, siguen lamentando al compañero desaparecido. Y van desenroscando, desenroscando, hay una imagen de Natalia, la jovencita, que va revisando archivos y encuentra. Encuentra las pruebas del delito. Es decir, de la connivencia de la Justicia en el crimen. El juez Hooft, como cuentan, actuaba con una impunidad muy paradójica, porque a su vez, es un tipo que irradia amor. ¿Cómo puede ser: tamaño hijo de puta que irradie amor? Pero el tipo actuaba, en ese momento, como un alto Oficial de Inteligencia. Quiere decir, que son inteligentes. Cuando Norma Ríos cuenta: “¡Quemaron ochenta mil libros!”. Tienen razón: ellos atacan a la cultura.

A mí me hizo acordar a ese avión de pasajeros que hicieron caer con 181 pasajeros adentro, el 27 de noviembre de 1983, entre ellos muchos artistas, Ángel Rama, Marta Traba, los novelistas Manuel Scorza, Jorge Ibargüengoitia, la gran pianista Rosa Sabater. Iban al Primer Encuentro de la Cultura Hispanoamericana en Colombia, un encuentro como éste.

Eran los artistas más esclarecidos del momento, que sostenían la “Transculturación”. ¿Qué quiere decir? La creación de una versión estética de esas injusticias que nos están pasando de forma tal que puedan ser sentidas de la manera en que nuestros compañeros las sienten. Porque yo los veo, los veo gesticular, los veo hablar, los veo todo el tiempo y, después, cuando los dejo de ver los extraño. Entonces, ellos, son -hay un concepto que se llama religación- la vuelta de los compañeros nuestro que han muerto. Que han muerto, y es la voz de ellos, entonces, es una lucha que no puede cesar. Lo que nos falta es crear un instrumento, una herramienta, para que, estéticamente, pueda ser sentido y difundido en el pueblo.

En respuesta a los participantes de Venezuela, que dijeron haber notado que continuaba en la Argentina, aquel temor generado por la dictadura: “Vos preguntaste si continuaba aquel temor. Hay un tema: Chávez argentino no tenemos. Otra cuestión: lo contrario al temor no es el coraje sino la fraternidad. El valiente sigue teniendo miedo, lo que pasa es que aunque el tema que se defienda sea, en principio, ajeno, él se juega de todas maneras. Nosotros en los años sesenta decíamos: ¨Sólo el pueblo salvará al pueblo¨. En la medida en que logremos generalizar: recuperar, aquella fraternidad que la dictadura restó de los valores vigentes nosotros vamos a lograr ese coraje”.

TEXTO PONENCIA

LA LESA HUMANIDAD:
PARA UNA FILOSOFÍA DEL ONCE DE SEPTIEMBRE

Si cierro los ojos no tengo adonde huir

Alejandra Pizarnik

I. EL HABLA DEL POETA MUESTRA LA CRUELDAD DEL MUNDO. A cuarenta años del golpe genocida que castigó a la población chilena y provocó (más allá de los detalles) la muerte en combate de Salvador Allende, pacífico médico que había abrazado la idea de que era posible vencer el encarnizado poder del imperio, que estaba asociado a las fuerzas cívicas y religiosas dominantes. Ello, por el contra imperio sincero de las instituciones vigentes y legítimas.

Aquel Presidente, en un supremo acto de coraje civil no quiso abandonar su puesto. Tampoco lo abandonó el Poeta Mayor de Los Mares Agitados que, rodeado de mascarones de proa de lejanos tiempos, escribía en Isla Negra, mirando el mar desde la cama.

Orgullo de su pueblo, fue muerto también bajo la Noche y la Niebla[2][1].

Pablo Neruda, relató respecto de España, la vivencia de una situación similar a la que después acaeció en Chile. Visto desde hoy, el poema podría aproximarse a una prognosis. No es que el poeta haya calculado el porvenir. Pero en esencia la historia se repitió. La de Neruda fue una voz vertida en el tiempo de los hechos, cuya lectura retrospectiva nos deja pensar que él volvió patentes los elementos de lesa humanidad que habrían de ocurrir en su futuro.

Aquí, podríamos asomar una aseveración teórica. Los datos de un pasado conflictivo que sufrió dichos crímenes, vertidos en un testimonio de la época, considerado estéticamente, permitirían calcular el mundo que intenta producir el crimen contra la humanidad. Sería indispensable, entonces, que la prognosis la hiciéramos nosotros. Y nos dirige la vista hacia la fertilidad de información para el futuro que descansa en los expedientes de los juicios de lesa humanidad.

El verso es un clásico, su riqueza es abismal.

Explico algunas cosas [3][2]

Preguntaréis: Y dónde están las lilas?

Y la metafísica cubierta de amapolas?

Y la lluvia que a menudo golpeaba

sus palabras llenándolas

de agujeros y pájaros?

Os voy a contar todo lo que me pasa

(…)

Mi casa era llamada

la casa de las flores, porque por todas partes

estallaban geranios: era

una bella casa

con perros y chiquillos.

(…)

te acuerdas?

Hermano, hermano!

Todo

un profundo latido

de pies y manos llenaba las calles,

(…)

Y una mañana todo estaba ardiendo,

y una mañana las hogueras

salían de la tierra

devorando seres,

y desde entonces fuego,

pólvora desde entonces,

y desde entonces sangre.

Bandidos con aviones y con moros,

bandidos con sortijas y duquesas,

bandidos con frailes negros bendiciendo

venían por el cielo a matar niños,

y por las calles la sangre de los niños

corría simplemente, como sangre de niños.

Chacales que el chacal rechazaría,

Piedras que el cardo seco mordería escupiendo

Víboras que las víboras odiaran!

(…)

Preguntaréis por qué su poesía

no nos habla del sueño, de las hojas,

de los grandes volcanes de su país natal?

Venid a ver la sangre por las calles,

venid a ver

la sangre por las calles,

venid a ver la sangre

por las calles!

Poniendo a esa España sobre el Chile del once de septiembre, el verso de Neruda abre preguntas y la experiencia siembra variadas conclusiones.

Las fuerzas dominantes no abandonarán graciosamente su hegemonía y recurren cotidianamente a todos los medios a su alcance, sean ideológicos o estatales, paraestatales e institucionales para sostener la vigencia de sus privilegios.

Entre legalidad y legitimidad[4][3] hay diferencias, nadie lo ignora.

También existe el lenguaje ficto que dibuja lo legal, y el latifundio “Fraudado”[5][4] que falsifica el origen de la posesión de la tierra a repartir validando certificados falsos de los amigos del poder.

Contradiciendo a Cardenal, sabemos que también la injusticia es un arma cargada de futuro. Y que la poesía, a los ojos del lastimado, desanuda la sumisión voluntaria.

El ataque a la humanidad ocurre no sólo por el crimen de la guerra, abierta o solapada; sino, cotidianamente, por la explotación, la discriminación, el hambre, las enfermedades curables, la tortura, la muerte de los niños. Y el daño al ecosistema: se mata o deja morir en cumplimiento de planes demográficos y envenenando el clima.

El sueño de la utopía se fue transformando en el laberinto de la distopía.

A la inversa de la luminosa Declaración de La Habana, hoy, por los caminos, se ven las interminables filas de refugiados, no “a reclamar sus derechos”, sino huyendo de la guerra hacia la intemperie.

En la década de los cincuenta, un economista que descubrió al crimen económico como integrante de los delitos de lesa humanidad, fue premiado con el Nobel por haber inventado el recurso de cobrarles una tarifa o matrícula a cada repatriado para solucionar los inconvenientes que su presencia ocasionaba.

También quedó claro que la lucha armada de una vanguardia ha caído en la obsolescencia. Si bien fue cierta aquella aseveración de von Clausewitz: la guerra es la continuación de la política por otros medios. Va al fracaso quien pretende saltar etapas empezando por la guerra aun cuando lo haga en nombre de la justicia.

II. EL DISFRAZ JUDICIAL DE LAS DESAPARICIONES. A diferencia de España y Alemania cuya represión se pretendió consensuada y legítima, en Latinoamérica el terror fue clandestino. La metodología era nazi, pero se ejercía bajo la máscara del procedimiento liberal.

Como dice Zaffaroni[6][5], el control social “real”, el verdadero poder, se ejerce mediante agencias seudo estatales que realizan el espionaje completo de la sociedad, nacional e internacionalmente. Incluso, aplican un sistema gigantesco, propio de ciencia ficción, de espionaje sobre las comunicaciones privadas y políticas de los países en la mira. La función legislativa de los organismos internacionales, se ha “flexibilizado”, y funcionan como eco de las disposiciones de las agencias de inteligencia, cuyos informes resultan vinculantes, no como garantes de la legalidad o verdad (en sustituto de la cual se aplica la lógica borrosa[7][6]), sino de la seguridad. Cuando le reprocharon al Presidente Bush que los informes usados para justificar la invasión eran falsos (no había en Irak armas de destrucción masiva). El Presidente, muy fresco, respondió: “sí, pero ahora estamos más tranquilos. El mundo es más seguro”.

Durante la dictadura, había jueces, como Hooft, de Mar del Plata, sobre quien se descubrieron indicios ciertos que, a pesar de sus deberes, actuaba como con la indolencia propia de un jerarca de los servicios de contra inteligencia del ejército.

El pionero trabajo por décadas de nuestros juristas y de las Asociaciones de Derechos Humanos, de los militantes, pudo finalmente debilitar el blindaje burocrático de impunidad de los perpetradores de genocidio y de crímenes contra la humanidad.

El recurso a los juicios de la Verdad fundó un mojón que va permitiendo a los deudos y al resto del pueblo reconocer, a la larga, lo que pasó con sus secuestrados y apropiados. El inconveniente es que, por estructura, el proceso penal funciona recién después de que el daño ya ocurrió.

Estos delitos se cometen, en general desde el aparato de poder. El cautiverio clandestino, las vejaciones y la muerte, siguen ocurriendo mientras se tramita el habeas corpus. Familiares recorren la cara impasible de los oficiales y la hipocresía formal de los rechazos. Muchos años después se hace evidente el manto sistemático.

La finalidad del juicio penal es el castigo de los perpetradores o el conocimiento por los deudos y sobrevivientes de las circunstancias de los hechos, luego que la muerte, el desaparecimiento, la tortura, la explotación, ya acaecieron.

Pero falta la historia de vida de cada uno de los desaparecidos. No sólo el calvario y el camino a su último minuto, sino la potencialidad inconclusa. La vida que hubieran tenido si el crimen, como tenía que haber sido, no se hubiera cometido. Eso lo perdió el pueblo. Se mató a la parte de él que más sentido del cambio tenía. Si los nazis perseguían la pureza de raza, éstos criminales planificaron la pureza ideológica. Con los treinta mil desaparecidos aniquilaron pueblo y un mínimo de combatientes. Difícilmente, hubieran podido masacrar así a 30.000 guerrilleros organizados. El exterminio buscaba una “pasteurización” de las conciencias nacientes, para neutralizar la resistencia a la política neo liberal en ciernes. Se propició y se pudo gracias a ello concretar la privatización general y al desguace del Estado. Que consumó Menem con toda tranquilidad.

Claro que, ahora, no se puede confiar el Nunca Más a la estructura punitiva existente. Ilusionarnos conque las penas logradas contra estos genocidas convenzan a los genocidas de mañana, a omitir matar, torturar, desaparecer, perseguir, espiar, secuestrar, etc.

La expectativa plausible de impunidad y la naturaleza de los crímenes contra la humanidad, no habilita, salvo complicidad, tolerancia o ingenuidad, confiar la prevención de dichos delitos al derecho liberal vigente y a su estructura de aplicación.

¿Quién se atreve a asegurar que en algún momento no van a volver (o salir de la cueva) “formateados según la época”, los nuevos perpetradores de aquellos crímenes de lesa humanidad?

Si bien el imperio norteamericano ha iniciado su largo derrumbe, los intereses detrás del genocidio, sus condiciones objetivas, siguen vivos y dominando el mundo; no sólo existe la militarización del continente repleto de bases extranjeras; sino el espionaje y la potencialidad de campañas mediáticas de desestabilización que altera de raíz la percepción de la realidad conforme a sus fines. El espionaje es total y todopoderoso. La infiltración cultural se realiza exitosamente como si fuera una cabeza de playa. Cunden los valores de la sociedad americana.

Aunque, está creciendo en el sitio de la falta, una nueva juventud de gran potencialidad de pensamiento y deficiente educación. Depende de lo que se haga. Están en juego decisiones políticas.

Una pregunta ¿cómo hubiera sido la vida, el mundo de influencia, de cada uno de los desaparecidos? ¿Qué le extirpó a nuestra sociedad la dictadura y su genocidio?

El expediente judicial guarda sólo ciertas facetas de la memoria, pero en manos compañeras condensa todo. Ahí, está la materia prima para un trabajo multidisciplinario. Las historias de vida que fueron truncadas. Lo que más duele y no tiene aún existencia manifiesta. Es dejar pasar las defensas y valores ahí existentes, a lo que el pueblo debería haber recurrido para saber defenderse ante un nuevo ataque.

¿Qué pierde un hijo que queda huérfano? La conversación con sus padres. Su destino. ¿Que planifica un genocidio? Esas pérdidas.

El contenido de la masacre no se agota con la dilucidación de los hechos que la consumaron, con el castigo a los culpables, ni con la epopeya de los cautivos hasta su traslado o asesinato. También, simbólica, cultural y tácitamente, nos han trasladado a nosotros. La dictadura plantó la química nefasta de la sociedad futura.

En el espíritu vigente han enclavado infinidad de cráteres diminutos, agujeros negros que chupan la fuerza de rebeldía, que desmoviliza.

En Rosario quemaron 80.000 libros, ¿cuántos lectores dejaron de alimentar esas ideas? Los que crecieron sobre la cultura silenciada, son campo fértil para la mediocridad televisiva. No nos engañemos.

Ellos, los genocidas estaban fundando un mundo nuevo, de botones hasta el cuello y ahora, con la tarea cumplida, mueren como Videla, bajo la duchas, de viejitos.

III. LA DIVULGACIÓN MULTIFACÉTICA DE LA VERDAD. Como decíamos en los sesenta: Sólo el pueblo salvará al pueblo. Para ello es necesario crear una serie de conceptos, contra-conceptos[8][7], que sirvan de herramienta cultural, para que los perjudicados, en la etapa en que la explotación se radicaliza en ultraje sepan cómo organizarse. Para ello, resulta esencial tanto una multidisciplina como un rescate de valores enterrados, distorsionados, en el curso de la represión. La destrucción de la fraternidad no es inocua, se extiende como una epidemia hacia el resto de la población. Desmoviliza la potencia de organización, privatiza la violencia y naturaliza la desesperanza.

Los testimonios no terminan de difundirse, analizarse públicamente y han costado inmenso dolor. Sus claves están aguardando ser escuchadas. Las viejas argumentaciones de la maldad encierran aún los intereses que el terror procuró.

Este presente es el futuro de aquellas batallas. En los intersticios de las mazmorras todavía están las voces de nuestros compañeros.

Cada entrelínea de los expedientes guarda la historia negra de la nación y la matriz de desciframiento de represiones tan actuales como venideras.

En todo caso, el despertar de la conciencia popular operaría como garantía de calidad institucional de la democracia.

Pregunta que pende: ¿qué debería saber el sentido común que no supo todavía?: que tarde o temprano la lucha paga o salva. En el peor de los casos, como decía Alejandra Pizarnik, sólo los ojos abiertos se percataran del peligro. La persecución siempre fue hija de explotación extrema, pero su efecto se torna catastrófico cuando afuera cunde la indolencia. El hambre no deja de ser un ultraje, un crimen de lesa humanidad; tal vez el más viejo. La innovación nazi fue la industrialización de la muerte. El trabajo esclavo se combinaba con la muerte mediante la desnutrición paulatina.

A partir del inciso que incluye dentro del concepto de lesa humanidad a los actos inhumanos, cabría establecer cuál es el significado que está jugando ahí.

Spinoza lo explica con una claridad que hace recordar el pensamiento del Che e incluye a la fraternidad dentro de la esencia del “ser” humano:

Quien no se siente impulsado a prestar ayuda a los demás ni por/ la razón ni por la compasión, es llamado con justicia inhumano”. [9][8]

Ese pensamiento lleva en sí la esencia del corazón, como decía Pessoa, “Lo que en mí siente está pensando”.

Escuchar la propia voz de Neruda recitando el poema transcripto en los inicios de este documento junto a una secuencia de fotos antiguas es una experiencia inexplicable. Tal vez sea el eco de las escenas combinadas con la acústica grave de las expresiones del poeta. El amasijo de los valores más tiernos raja el corazón del oyente. He allí una muestra de la multidisciplina. El campo de adquisición del conocimiento, debería gozar de tantas facetas como las que tiene la expresión. Es un Aleph: un punto mítico de observación en el que convergen todos los puntos del Universo.

Si bien la especialización es amiga del progreso y de la cura (¿quién puede negar los beneficios de la ciencia?), simultáneamente, encorseta el libre pensamiento.

Fue impuesta por la Academia: una alianza de la jerarquía con el chiquitaje que renuncia al asalto del cielo por pura infatuación.

IV. EL PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD INCLUYE A LA FRATERNIDAD. Volvamos a la fraternidad, ubicándonos en Latinoamérica. ¿Qué fraternidad se le puede exigir a un estaqueado por ejemplo, (ha ocurrido no es metáfora) que debería canjear la libertad de un compañero por la vida de su hijo o de la persona que más ama, a la que están torturando en su presencia, y él escucha su voz a través de la capucha?

La escena, por el mero hecho de haber ocurrido, se expande e impone a la población en general, la objetividad de la traición. Un disvalor toma posesión del espíritu circundante. En un momento de especial desequilibrio se produce, en lo más diminuto, el cruce entre lo material y lo simbólico. La indolencia y la desaprensión.

Si el fin del feudalismo -corroído por la peste negra- se llevó consigo una parte importante de la población mundial, el imperialismo en vías de morir podría apretar el botón del Apocalipsis final.

En el sitio preciso del amor al hijo y al hermano, por detrás de la capucha, se introdujo el opuesto contradictorio a la fraternidad. Entró mediante la tortura, la electricidad y la coacción y se instaló acechando a la defensa solidaria.

Vale tanto un alma bella como el verde del Amazona.

lalesa

En todo caso, lo que habilita esta otra depredación[10][9], fue aquella canallesca rapiña conquistadora. La que pudo producir el hermoso poema de Ercilla y, a la vez, perpetrar el Etnocidio: esclavizar, exterminando a casi toda la población aborigen, pasándola a cuchillo, y borrando de la faz de la tierra todo rastro de sus idiosincrasias.

Se trasplanta la traición, la extorsión, la explotación, como integrante del impulso vital o instinto de conservación, en nombre de Dios. El disvalor fetichista funcionará de legitimador social, se siembra la escoria. La Consagración de la Estafa.

La vida del conquistador Hernando de Soto es emblemática de un verdugo exitoso: amasó una gran fortuna luego de la repartija que hizo Pizarro del rescate infructuoso que les pagó Atahualpa por su liberación; descubrió el río Misisipi, uno de los más grandes del mundo y murió ahí enloquecido persiguiendo otro tesoro que nunca encontró.

El poder sin límite enloquece y el miedo del súbdito enturbia la mirada.

Se camina por la calle esquivando huesitos tácitos. Es como chapotear sobre la sangre de los niños, según vio y relató Neruda.

Los nazis dejaron yermos los campos vecinos con las cenizas de los cremados; antes gaseados bajo las notas que se obligaba a tocar y cantar a la orquesta formada con los compañeros músicos de los matados.[11][10]

Además de asfixiar el aire, se marca el futuro, contradiciendo dos lealtades inescindibles: (en el caso) al hijo y al compañero. Es lo que los presos en cautiverio con razón llamaban “el quiebre”. Es la pérdida de sentido de la propia identidad, un camino de incierto retorno.

¿Qué daño a la humanidad se está cometiendo en esos instantes? Qué pasa con la lealtad, con el concepto de traición, de delación, de dignidad humana. La definición jurídica habla, con acierto, de barbarie ultrajante. Bueno, el ultraje es constituyente del daño a la humanidad y tiene efecto continuado, aun mucho después de las derrotas, incluso, de los triunfos. Para que las mieles del poder no burocraticen el horizonte de expectativas.

Sin la recuperación de tales valores, los pueblos estarán despojados de esperanza que es el motor de todo cambio.

V. LA LESA HUMANIDAD ES EL AZUFRE DE LOS ESCLAVISTAS CONTEMPORÁNEOS[12][11]. ¿Por qué el ser humano debería buscar la felicidad? ¿Está ligada la felicidad a una determinada organización política?

Hay dos andariveles, uno es la experiencia, la historia de los hechos. Y otra la historia de los conceptos. Ambas líneas son colaterales, pero su interrelación es irregular. El origen de las ideas está perdido, uno puede hablar de procedencia y alejarse lo más posible para ir completando un mapa que siempre será una hipótesis; tiene la ventaja de implicar un “modelo” (en analogía de la lógica química), apto para otras investigaciones e incorpora el tiempo virtual, como una reconstrucción a futuro.

La historia siempre tiene un resorte oculto determinante del estado de situación. La explicación del mecanismo de la opresión, será -según la época y la posición del escribiente- un desenmascaramiento de la justificación del poder: aquello que el Pensador decida colocar detrás de la declamación que el absolutismo suele realizar del milagro, del misterio y de la autoridad. Por ejemplo:

“Los hermanos Karamázov”. Estamos en Sevilla: Dostoievsky hace aparecer, en medio de la multitud a un anciano tierno, mirada eterna. Entrazado como se recordaba a Cristo. La multitud de manera inexplicable lo rodea. Reconociéndolo, se conmueve y desde su mísera condición comienza a pedirle milagros que él va concediendo. El anciano, incluso, llega a resucitar una niña en medio de un lúgubre cortejo fúnebre, diciéndole “Talitha Koum”, que en arameo, el idioma de Jesús, significa una voz tan cotidiana como “…despierta niña”.

El Gran Inquisidor, un hombre enjuto, gris de nonagenario, mirada electrizada, controlaba el evento, sospechando: hace que sus esbirros detengan al viejo. Lo encierra en las mazmorras. Luego en la catacumba, lo degrada con palabras de látigo, ante el mudo, piadoso silencio del preso. Sabe que es el hijo de dios, pero dios -alega el Inspector General de la Fe- ya había cedido hacía quince siglos su voz al Papa, la aparición, ahora, era evidentemente extemporánea. La pirámide teológico-jurídica ya estaba construida desde hace tiempo. El Inquisidor le fundamenta lleno de ira, las razones de Estado por las que al día siguiente habrá de ser sacrificado en la hoguera y repudiado por las mismas personas que el día anterior lo adoraron. No era bueno que el pueblo creyera en milagros una vez que se había acostumbrado a trabajar.

Hay un momento en que el conflicto del mundo va variándonos abruptamente la existencia privada; y debemos complejizar los métodos de pensamiento.[13][12]

No hay como quería Kelsen una Teoría Pura; tampoco una práctica sin teoría. El crimen de lesa majestad deviene de la antigua jurisprudencia romana, que calificaba así a todo acto contra el pueblo romano, su imperio o su dignidad. El crimen contra la humanidad tomó relevancia a partir de la II Guerra Mundial y desde que los instrumentos de Derecho Internacional lo recogieron. De ahí que sea explicable la visión preponderantemente jurídica.

VI. LA MUERTE DE LOS NIÑOS REVELA EL «SIN FIN» DEL GENOCIDIO. No sería lógicamente necesario empezar la reflexión buscando el origen, se puede pensar analógicamente, correlacionando el tema desde donde el daño más nos duela. Perseguir la verdad desde lo sensible es una manera estética de conocerla.[14][13] Incumbe a la esencia del hombre: no puede dejar de hacerlo.

Más allá y más acá, de los expedientes que discuten la culpabilidad de los genocidas de la dictadura cívico militar y de sus responsables económicos, hoy mismo, las estadísticas de la cantidad de niños que mueren día en el mundo, cuyo número espeluznante sale y desaparece rápidamente como subtítulo debajo de la pantalla de algunos televisores, es impronunciable.

Fue tal mi incredulidad o vergüenza que al instante de ver la leyenda que se iba yendo por la tira en lo bajo de la pantalla que no pude retener el número. La mente no lo puede imaginar. Ahora, mientras hablamos, cada minuto, los muertos olvidados se van acumulando.

Rastreando, después, los datos unos dicen mueren 19.000 niños de hambre por día; otros 26.000 por causas evitables; otros que los datos no son serios, que los diarios piden “noticia”; y que la ONU debería dar rangos. Se diluyen las responsabilidades.

Si todos son culpables, entonces, ninguno. Es el canto de triunfo de los torturadores y sus cómplices económicos. La queja constante contra la inseguridad, más allá de que exista o no, es la coartada contra la indolencia de que la lesa humanidad está ocurriendo minuto a minuto. Habría dividir la cantidad por los segundo de un día, luego calcular los segundos que dura la vida de uno de esos chicos. Pero, con todo lo más impresionante, es que la cifra tiene decimales. Supongamos que grosso modo la cuenta nos indica que por minuto mueren 18,05 niños. El 05, ¿todavía no murió, entonces, deberíamos dejar de hablar para ir a salvarlo? La matemización del pensamiento nos convierte en cómplices. Es el arrastre del positivismo. La defensa que hace Kelsen de la cientificidad del derecho en su polémica póstuma con Eric Voegelin[15][14].

Son muy pocos los que soportan leer libro del Nunca Más. Y la epopeya de los expedientes armados gracias al coraje civil de los abogados y militantes de los derechos humanos, en donde figuran los testimonios que describen los ultrajes inenarrables de nuestros compañeros y sus familiares, desaparecidos y sobrevivientes, carecen de una política de divulgación interdisciplinaria. En los intersticios de esas líneas están las claves de la lesa humanidad. Como un motor que se arma y desarma, habría que desatar la narración para estudiarla desde todos los puntos de vista posibles. Ahí está la historia, los intersticios, de los valores esenciales que la represión destruyó: Destruyó la esperanza[16][15] para sembrar el espíritu de la derrota. No se conoce otra manera revisar la vivencia y aquellas muertes. Hay que recuperar el hilo de las entrelíneas del hueco y traerlo afuera de aquel laberinto.

No sólo para el castigo de los culpables; ni siquiera únicamente para que los deudos conozcan la verdad de la “suertes” sufridas. Si no para profundizar las claves de la metodología. Para que la próxima vez tengamos los ojos abiertos y el pecho protegido, así de sencillo.

Con respecto a la muerte de los niños, es probable que se trate una eugenesia global soterrada pero planificada. Fácil de llevar a cabo por la mera omisión. Ya desde la época de Malthus, primaba el terror a la explosión demográfica.

Una crisis mundial explotó el martes negro del 29 de octubre de 1929, la gran depresión conocida como crisis económica mundial, que culminaría en la II guerra mundial. En Argentina sucedía el primer golpe de estado, que desembocó en la década infame, el Uruguay era campeón mundial de futbol, metían preso a Al Capone, la crisis económica mundial se extendía también hacia Europa, en España se proclamaba la II Republica, en Nueva York se construía el Empire State, el edificio más alto del mundo sólo superada por las Torres Gemelas. Aunque este rascacielos iba a ser colisionado por un bombardero norteamericano. En Alemania el Partido Nacional Socialista ganaba las elecciones generales, Hitler sería designado Canciller; se fundaba el primer campo de concentración en Alemania, los nazis asesinaban a Dollfus canciller de Austria. Mao Tse Tung conducía la larga marcha. Estallaba la guerra civil en España. Se estaban dando las purgas de Stalin. Picasso pintaba el Guernica. Los yanquis descubrían el Nylon. Alemania se anexionaba Austria. Ocurría la noche de los cristales en Munich. Terminaba la guerra civil española, comenzaban las invasiones alemanas y se firmaba el pacto germano. Mientras todo esto pasaba, el novelista Aldous Huxley, fue pergeñando lo que sería irónicamente: El Mundo Feliz, en 1932.

Todo eso, nadie lo ignora, culminó en el lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Por las declaraciones previas de Truman, se sabe que antes de ordenar la catástrofe, él, que era granjero, estaba tomado por sus lecturas de ciencias ficción que impulsaban la posesión de una arma suprema, la que destruiría el viejo mundo repleto del peligro amarillo, y ellos, a civilización americana, constituirían el Mundo Feliz sobre las ruinas. Conforme a los valores de Hollywood, lleno de rascacielos, hamburguesas y nueva tecnología. Mientras, una comisión de expertos bajo dominio estadounidense, dominaría las armas de destrucción masiva en extrañas manos. Parece chiste pero era verdad, y sintoniza con las concepciones actuales de Kerry y Obama alrededor de la crisis de Siria. Como si el inestable Bush les hubiera realizado el trabajo sucio. Y ellos hombres más presentables, con un Premio Nobel de la paz en su CV, garantizan el “armado” de la paz perpetua sobre las ruinas y los huesos de los malvados que azotaban el mundo anterior.

Por otro lado, el Estatuto de Roma (1998) en la caracterización jurídica de los delitos de lesa humanidad, trae, sabiamente, un inciso al final que deja abierta la puerta hacia la prevención. Tipifica dentro de la lesa humanidad a “otros hechos inhumanos”. Como se dijo, los economistas modernos están incluyendo ahí los delitos económicos.

Son incluidos en la enumeración de crímenes económicos contra la humanidad, los recientes vaciamientos gigantescos y fraudulentos acaecidos en el llamado primer mundo, que abismaron de repente a millones de personas dentro de la miseria; y dejaron también, sin casa, a miles de propietarios.

En varias causas, se está persiguiendo en la Argentina la complicidad de las empresas multinacionales, por ejemplo la Ford, que facilitó su sede, durante la dictadura, como centro clandestino de tortura a sus propios obreros.

VII. ASOMANDO A LA CRISIS DE LAS REPRESENTATIVIDAD Y AL DAÑO CLIMÁTICO. Claro que la falta de confianza instaurada abre el callejón con salida hacia un nuevo mundo. Incluso la sapiencia de que, por fruto de las ansias de guerra y rapiña de última generación, el cambio climático[17][16] está asomando a una etapa irreversible: la humanidad no es ya inmortal. Sufre el ataque del poder por el poder. Es distinto el tiempo astronómico al tiempo lineal. El primero, imperceptible para el ojo, se va acumulando en largas décadas lineales y luego irrumpe instantáneamente en forma de catástrofe.

El concepto de la materialidad ha realizado una metamorfosis, la irrupción de la realidad virtual, también es real, por sus efectos. De ahí que otro está siendo el ser, el tiempo y otra la vivencia de la muerte: el resultado concreto y colectivo de la anulación de la ética hace que la preservación del género humano dependa del coraje civil.

Paradójicamente, cierta decepción, equivalente al concepto de la muerte de dios, y los avances tecnológicos, han ampliado las posibilidades de participación directa de la población en la democracia.

A su vez, los cambios de América están mostrando que nuestros muertos están fructificando. Se vislumbra también una transición de una forma estatal a otra y la crisis de la representatividad. Lo que (espero) será tema de un próximo estudio.

[1] Participación en el Panel de Lesa Humanidad: XVI conferencia continental de la Asociación Americana de Juristas, realizado en la Provincia de Santiago del Estero, del 25 al 29 de septiembre de 2013.

[2][1] “La intimidación eficiente y perdurable se consigue solamente con la pena capital o con medidas por las cuales los familiares del criminal y la población no conozcan el destino del criminal”. Adolf  Hitler. Decreto “Nacht und Nebel Erlass” del 7 de diciembre de 1941. Citado por Equipo Nizkor, 4-Jul-07, 17 USC, Sección 107.

[3][2]. Ver: www.youtube.com/watch?v=9w5v8MonCu8‎. Indispensable experimentarlo en la voz de Neruda y relacionar la “prognosis” con la explicación previa que él da.

[4][3] Mirta F. Bokser, Legalidades ilegítimas: derechos humanos y prácticas sociales,  Colihue, Bs. As, 2002.

[5][4] Carlos Vaz Ferreira, Lógica Viva, Losada, Bs. As. 1962. Sobre la propiedad de la Tierra, Biblioteca Artigas, Volumen 6, Montevideo 1953. José Gervasio Artigas, Reglamento Provisorio, 1815.

[6][5] Eugenio Raúl Zaffaroni, “La palabra de los muertos”. Conferencias de criminología cautelar. Ediar, Bs. As., 2011.

[7][6] Autor: Lloren Valverde, Dept. Matemàtiques i Informàtica. Universitat de les Illes Balears.
Campus de la UIB, Carretera de Valldemossa, Km. 7.507071 Palma de Mallorca. Sistema de seguridad, de origen japonés utilizado en el control de lavarropas y otros artefactos. Se tipifican las apariencias que podrían o no indicar una falla en la producción del objeto. En tal caso, resulta más barato eliminarlo directamente antes que parar la circulación para comprobar la verdad de la falla técnica. Se usa, también, en el control de pasajeros en los aeropuertos, discriminándolos según sus apariencias o rasgos étnicos. Es un derivado de la Lógica no consistente, es decir: dada una situación violatoria del principio clásico de no contradicción (algo no puede ser cierto y no cierto al mismo tiempo). Quien tiene el poder de decisión, tolera, de todos modos, la inconsistencia, siguiendo adelante con la aplicación del sistema. Lo que hizo el Presidente Bush, por ejemplo: continuó la invasión a Irak a pesar de comprobarse la falsedad del informe sobre la existencia de armas de destrucción masiva que pretendía fundamentarla. Ello, so pretexto de la seguridad general: argumento que abre las puertas a la política de Estado occidental de las autodenominadas “guerras preventivas” encaradas (según dicen) en pro de la paz, siguiendo informes de sus servicios de inteligencia los que adquieren de facto poder vinculante planetario. Así de sencillo.

[8][7] Reinhart Koselleck,  Historias de conceptos, Trotta, Madrid, 2012.

[9][8] Spinoza, Epistolario, Sociedad Hebraica Argentina, Bs. As. 1950.

Spinoza, Ética, Aguilar Argentina SA, Bs.As., 1973.

Spinoza, Ética demostrada según el orden geométrico. Tecnos (Madrid), 2007.

Spinoza, Tratado Teológico Político, Alianza, Madrid 1986, Altaya, Barcelona 1997.

Spinoza, Tratado de la reforma del entendimiento, Principios de la filosofía de Descartes, Pensamientos metafísicos, Alianza, Madrid, 1988.

[10][9] El conquistador Hernando de Soto torturando a los jefes nativos de la Florida. Imagen de WWW.elconfidencial.com, en entrevista con el historiador Antonio Espino López, autor de “La Conquista de América”, RBA libros, Barcelona, 2013; citado por Carlos Alberto López de Belva.

[11][10] Paul Celan, “Fuga de la muerte”, Amapola y Memoria, Obras Completas, ed. Trotta, Pág. 63, Madrid, 2009: “Negra leche del alba la bebemos de tarde/ (…) cavamos una fosa en los aires no se yace allí estrecho/ (…) Negra leche del alba te bebemos de noche/ te bebemos de mañana a mediodía te bebemos de tarde/ bebemos y bebemos/(…) tu pelo de ceniza Sulamit cavamos una fosa en los aires no se yace allí estrecho/(…) la muerte es un Maestro Alemán su ojo es azul (…) azuza sus mastines a nosotros nos regala una fosa en el aire/…”

[12][11] Claude Meillassoux, Antropología de la Esclavitud. Siglo XXI, México, 1990.

[13][12] Karl Marx, Eric J. Hobsbawm, Formaciones económicas precapitalistas, Siglo XXI, México, 2011.

[14][13] Martin Heidegger, ¿Qué significa pensar?, Trotta, Madrid, 2005.

[15][14] Hans Kelsen, ¿Una nueva ciencia de la política? Réplica a Eric Voegelin. Katz editores, Bs. As. 2006.

[16][15] Ernst Bloch, El principio esperanza, Trotta, Madrid, 2006.

[17][16] Harald Welzer, Guerras climáticas. Por qué mataremos y nos matarán en el siglo XXI, Katz.  Madrid, 2011. Carlos Tobal, “La profecía de la violencia emancipada”. La Torre del Virrey. Revista de estudios culturales. Serie 10. 2012/1. Libros 377. www.latorredelvirrey.eu Y: “Virtualidad de las catástrofes en tiempos de paz”. En, La torre del Virrey. Ensayo. Libros, 219. Serie 6° 2010/2. www.latorredelvirrey.org/viejaltv/libros/libros_2010_2/pdf//219.pdf

 

 

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