La creatividad económica

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JOSÉ ANTONIO MARINA y SANTIAGO SATRÚSTEGUI, La creatividad económica, Ariel, Barcelona, 2013, 189 pp. ISBN 978-84-344-0938-5.

“Por extraño que pueda parecer en alguien que se ha labrado su reputación y su fortuna en el mundo sumamente práctico de los negocios, mi éxito financiero se ha basado en gran medida en varias ideas filosóficas abstractas.” Con esta cita del inversor y filántropo George Soros comienza el libro La creatividad económica. Toda una declaración de intenciones de lo que podría llegar a catalogarse como un breve manual de economía y finanzas con un claro sesgo de filosofía y pensamiento.

José Antonio Marina hace una aproximación al mundo de la economía desde el punto de vista que mejor conoce: el de la “inteligencia creadora”. Filósofo, escritor y pedagogo, ha dedicado durante muchos años su labor investigadora al estudio de la inteligencia y en especial de los mecanismos de la creatividad. Para sus investigaciones, Marina suele recurrir a colaboradores, expertos en los diferentes campos en los que se adentra, que resultan coautores de sus libros. En este caso se ha hecho acompañar de Santiago Satrústegui, conocido ejecutivo de las finanzas en España (ex Morgan Stanley y AB Asesores).

Una de las finalidades del libro es defender que, junto a una inteligencia científica, numérica, literaria, cinética, plástica, íntima y social, hay una inteligencia económica de la cual emerge una “creatividad económica”. En estos tiempos de crisis profunda y renqueante recuperación, no deja de oírse hablar de emprendimiento, innovación, talento, conceptos todos ellos que se presentan como la única vía que podrá llevar a sobrevivir a nuestras empresas en este nuevo entorno al que nos enfrentamos y en el que nada volverá a ser como antes.

Ante nuevos problemas debemos encontrar nuevas soluciones.

Para emprender proyectos nuevos e innovadores que desarrollen el talento y que den valor a la “inteligencia ejecutiva”, es indispensable la creatividad, que consiste en encontrar formas nuevas y eficaces de resolver problemas. De la creatividad nace la innovación, herramienta empresarial que marca la diferencia competitiva de un producto, un servicio o toda una empresa en su mercado. Por eso, si necesitamos innovar debemos fomentar la creatividad mediante el talento, que es la “inteligencia en acción”, siendo el aprendizaje (la educación) su gran motor. De alguna manera, Marina nos lleva a un punto de encuentro al que da una importancia vital: la pedagogía. Todas las actividades creadoras siguen un mismo proceso: preparación (elaboración de un proyecto), incubación (producción de buenas ideas), evaluación (selección de las mejores) y realización (puesta en práctica). Crear es un hábito y puede, por tanto, aprenderse.

La creatividad económica procede de dos fuentes: la inteligencia

económica social y la inteligencia económica individual. Friedrich Hayek destacó la “evolución espontánea” de la marcha económica, haciendo referencia a una creatividad económica de origen social (que emerge de la interacción de los individuos en la búsqueda de sus propios fines). Dado que la inteligencia económica social es la suma de las inteligencias individuales podemos concluir que la creatividad económica es, en esencia, individual.

El carácter expansivo de la inteligencia humana impone a la economía un desequilibrio intrínseco. El enfrentamiento entre tesis y antítesis que da lugar a la síntesis de Hegel se da aquí mediante la aparición de un problema económico que desequilibra una situación preexistente. La inteligencia buscará formas para restablecer el equilibrio, lo que exigirá buscar soluciones. El nuevo equilibrio continuará siendo inestable, pues pronto surgirán nuevos problemas, nuevos proyectos, nuevas expectativas que dispararán la actividad mental.

El origen de la actividad económica está en el deseo. “La esencia del hombre es el deseo”, dijo Spinoza. El deseo es la conciencia de una necesidad, pero no depende de ella sino de nuestras expectativas, las cuales, producen nuevos deseos. Este proceso es infinito y crea un desequilibrio permanente. Para Schumpeter y su teoría de la “destrucción creadora”, la innovación impulsada por los emprendedores es el motor de una economía en continuo reequilibrio.

Mención aparte cabe hacer a la dedicación que se hace en el libro a la economía financiera. Y es que términos como creatividad e innovación que tan bien suenan en el campo de la macroeconomía y de la empresa, en el mundo de las finanzas levantan, cuando menos, fundadas suspicacias. Probablemente, la coyuntura económica obliga a entrar en la sala de máquinas y tratar de analizar qué falló.

“Todavía no comprendo del todo por qué ocurrió”, dijo Alan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal de EE.UU. El gran gurú de las finanzas que años atrás había anunciado al mundo el fin de la teoría de los ciclos (expansión-contracción), aquel cuyos honorarios de las conferencias que impartía se contaban por cientos de miles de dólares, cuando el mundo que él había contribuido a construir se hundía irremisiblemente, ya no sabía nada. Pero no fue el único. Su sucesor en el cargo, Ben Bernanke (entonces director del Consejo de Asesores Económicos de la Oficina Ejecutiva del Presidente de EE.UU.), declaró ante el Congreso de los EE.UU. que el 25% de aumento del precio de la vivienda durante los dos años anteriores reflejaba “en gran medida, sólidos fundamentos económicos”. Los economistas hablaban de la “Gran Moderación”, en virtud de la cual en el futuro ya solo podrían esperarse fases de crecimiento.

Sin embargo, a pesar de su mala prensa, las finanzas son fundamentales para que la economía funcione. No en vano, la gran creación económica fue la invención del dinero, verdadera savia que, impulsada por los mercados financieros, da vida a toda la economía. Echando mano de las grandes contribuciones de John Maynard Keynes, los autores hacen un repaso al concepto de dinero y sus principales funciones. Y, por último, otro gran concepto financiero que vive sus horas bajas es el de deuda, que ya en el pasado fue considerada como moralmente dudosa en muchas culturas pero que sigue siendo el gran vehículo que posibilita que los proyectos de inversión puedan hacerse realidad, tanto en el ámbito empresarial como en el de las familias.

En definitiva, para evitar los grandes errores del pasado se propone una mayor pedagogía y formación financiera y, sobre todo, la asunción de responsabilidad individual en la toma de decisiones económico-financieras.

Epicuro, a pesar de su fama de hedonista, decía que había que dar satisfacción a los deseos de una forma racional y que, si disfrutar un placer concreto podía acarrear un disgusto, lo sensato sería su renuncia o aplazamiento.

 

José Antonio Granados

 

 

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