LA CAVERNA COMO PROTOINSTITUCIÓN EN LA PALEOANTROPOLOGÍA DE HANS BLUMENBERG

JOSEFA ROS VELASCO[1] pdf

 

LA CAVERNA COMO PROTOINSTITUCIÓN EN LA PALEOANTROPOLOGÍA DE HANS BLUMENBERG

THE CAVERN AS A PROTO-INSTITUTION IN HANS BLUMENBERG’S PALEOANTHROPOLOGY

Resumen: El texto que sigue corresponde a la ponencia comunicada en el encuentro Hans Blumenberg: Historia in/conceptual, antropología y modernidad, celebrado del 5 al 7 de mayo de 2014. Aquella consistió en la presentación de algunas de las claves paleoantropológicas de la filosofía blumenberguiana a partir del trabajo sobre obras como Beschreibung des Menschen y, especialmente, desde los documentos inéditos de su ‘Nachlaβ’, el cual tuve oportunidad de revisar en el DLA Marbach (Deutsches Literatur-Archiv Marbach), gracias a la concesión de becas de investigación del DAAD (Deutscher Akademischer Austauschdienst) y del propio DLA.

Palabras clave: Aburrimiento, Antropología Filosófica, Hans Blumenberg, Nachlaβ, Paleoantropología.

 

Abstract: The following paper corresponds to the proposal reported at the meeting Hans Blumenberg: Historia in/conceptual, antropología y modernidad, which was celebrated from 5 to 7 May 2014. It consisted on the display of some paleoanthropological keys of blumenberguian philosophy from works like Beschreibung des Menschen and the unpublished documents we can find in his ‘Nachlaβ’, which I could review at DLA Marbach (Deutsches Literatur-Archiv Marbach) through the grantings I received from DAAD (Deutscher Akademischer Austauschdienst) and DLA.

Keywords: Boredom, Philosophical Anthropology, Hans Blumenberg, Nachlaβ, Paleoanthropology.

 

“Boredom does exist, but it exists as a much simpler,
more normal and more useful emotion than most
critics will allow” (Toohey, 2011)

 

 

INTRODUCCIÓN. Desde hace poco más de un año y gracias a la obtención de una beca FPU (Formación de Profesorado Universitario) de investigación del Ministerio de Educación y Cultura de España, contando con la inestimable ayuda del Prof. Dr. José Luis Villacañas Berlanga (Catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid), me encuentro realizando una Tesis Doctoral en la que la antropología filosófica y la paleoantropología blumenberguiana juegan un papel crucial. Bajo el título El aburrimiento como presión selectiva en Hans Blumenberg, estoy tratando de mostrar cómo los recientes estudios sobre el aburrimiento han desvirtuado la comprensión del fenómeno en cuestión convirtiéndolo en una patología a la que urge dar tratamiento desde la clínica, como si de una enfermedad de los dos últimos siglos se tratase, olvidando su carácter antropogenético y las oportunidades que entraña y que tan sólo unos pocos, entre ellos Blumenberg, se han atrevido a reivindicar. El objetivo de esta presentación consistió en traer a colación aquellas últimas desde la perspectiva del análisis de la fuerza motriz que caracteriza al aburrimiento y que originariamente, en el contexto propicio, desembocó en resultados de tal alcance que pudieron caracterizar definitivamente a la especie humana.

La fuerza motriz del aburrimiento. Al examinar la bibliografía existente sobre el aburrimiento comprobamos que, frecuentemente, se ha establecido una diferencia entre dos variantes del aburrimiento: el de tipo sencillo y el de tipo complejo. El aburrimiento sencillo o situacional se define como el más común y tradicional estado de hastío que todos los seres humanos experimentamos de forma temporal y que resulta en mayor o menor medida evitable en tanto que es provocado por un escenario monótono y repetitivo. Así lo describe con acierto el Profesor de la Universidad de Calgary (Canadá), Peter Toohey (2011: 4-5, 11-15): “What is normally meant by ‘boredom’ (…) is the result of predictable circumstances that are very hard to escape (…) when an experience is repeated and repeated (…) like satiety. When a situation seems valueless.”[2] El aburrimiento complejo, por su parte, es concebido como una forma superior y trascendente de hastío que cualquiera coincidiría en denominar existencial o profundo. A veces también se le reconoce como melancolía, depresión, ennui, mal de vivre, tristeza, taedium vitae, Christian ‘demon of noontide’, cansancio del mundo, desesperación espiritual, acedia, nausea o alyosis; incluso el profesor de la Villawood North Public School, Sean Desmond Healy, ha creado el nombre de ‘hiperaburrimiento’ para aludir al tipo en cuestión, como podemos leer en su obra Boredom, Self and Culture.

Mientras esta segunda forma de aburrimiento, considerada independiente de las condiciones ambientales (‘Situation independent boredom’ o ‘Endogenous boredom’, Todman, 2003, 147), ha llenado páginas de libros y artículos, muy poca atención se ha prestado al aburrimiento sencillo o situacional por considerarse trivial, tal y como diagnostica Toohey. Esta dicotomía se ha hecho realmente patente entre los investigadores del aburrimiento pero no por ello está exenta de confusión debido a la desproporcionada e injusta atención que ha recibido una variante sobre otra.

Siguiendo lo anterior, el trabajo sobre el aburrimiento, principalmente en su variable compleja, ha puesto de manifiesto su asociación a un tipo particular de dolencia o problemática. Desde esta perspectiva se ha extendido la idea de que el aburrimiento es un problema que atañe a las personas en lo que a su desarrollo individual y social se refiere; cuya dolencia es necesario solventar. El padecimiento del aburrimiento en estos parámetros aparece en el interior del sujeto como una patología o un trastorno llegando incluso a conformar una enfermedad crónica con graves consecuencias psicosociales (Eastwood et al., 2012, 482) o un problema de salud mental (German y Latkin, 2012, 2244-2250; Bergler, 1945, 40, 49). Aunque desde 1996 el aburrimiento aparece en el Diccionario de Psiquiatría definido como “una sensación de incomodidad provocada por la necesidad de actividad, la falta de estímulos significativos o la incapacidad para llegar a ser estimulado” (ap. en Rule, 1998, 329), ha sido a comienzos del XXI cuando el aburrimiento complejo, considerado como un problema individual, ha pasado a ser una cuestión de interés científico y clínico, a ser analizado desde sus condiciones neurológicas y psiquiátricas, a pesar de que apenas nada se sabe sobre la base cognitiva o neural del mismo (Eastwood et al., 2012, 491; Danckert y Allman, 2005, 236).

En consecuencia, gran parte de la bibliografía existente en torno al aburrimiento complejo como problema del individuo gira en torno a la proposición de tratamientos contra la patología que constituye. Especialistas en psicoanálisis y filosofía existencialista (Martin et al., 2006, 205, Esman, 1979 y Frankl, 1969) han aprendido a tratar con el aburrimiento y enseñan a otros a lidiar con aquél promoviendo la participación en actividades, entrenando la realización de lo que el sociólogo Ervin Goffman llamó ‘escapadas’, creando juegos para ocupar la mente o ayudando a abandonar una situación mental determinada (Conrad, 1997, 474). Nuestra época más que ninguna otra ha visto proliferar un sinnúmero de antídotos contra el mal del aburrimiento (Retana, 2011, 180), ya sea mediante el planteamiento de estrategias de evitación como de afrontamiento (Nett et al. 2010, 628). Las prescripciones generales contra el aburrimiento suelen tener la forma de recomendaciones para la participación en actividades interesantes y gratificantes mediante las que “exorcizar el aburrimiento” (O’Connor, 1977). Desde el campo del asesoramiento en cuestión de ocio y la terapia ocupacional (Leung, 2007, 3) se han generado muchas consideraciones para el alivio de los problemas individuales de aburrimiento (Loesch y Wheeler, 1982; Epperson et al., 1977; Overs et al., 1974), orientadas a la acción, la resolución de problemas y la mentalidad eficiente. Los profesionales se encargan de explorar con el paciente su experiencia del aburrimiento para poder poner en marcha las estrategias preventivas o de afrontación del mismo (Chaney y Chang, 2005, 13), y éstas son las que se recogen en la vasta bibliografía disponible. Por su parte, los profesionales de la psiquiatría (Bergstein, 2009, 613) consideran el aburrimiento como una experiencia sin cualidades que merece ser tratada como una patología común como pueden serlo la depresión y el estrés (Butler et al., 2011, 335), ya que juega un papel definitivo dentro de los órdenes psicóticos debido a sus implicaciones neuróticas (Bergler, 1945, 39). Para algunos de ellos, el tratamiento del aburrimiento habrá de pasar por encontrar el lugar genético de la enfermedad para ser intervenida a nivel neurológico (Bergler, 1945, 40).

Lo que preocupa realmente a los investigadores en el contexto del aburrimiento complejo como una enfermedad individual son las consecuencias que se desprenden de su padecimiento. Presentado bajo esta luz negativa, el aburrimiento no sólo se asocia a la gama de enfermedades mentales sino a la de comportamientos disfuncionales derivados del padecimiento de la dolencia y de los esfuerzos del paciente por deshacerse de la misma. De esta manera, se hace responsable directo al aburrimiento en multitud de estudios de ser el que desencadena depresiones, ansiedades, estados de desesperanza y soledad, comportamientos hostiles y agresivos, trastornos del sueño, adicciones a la droga, al tabaco, al sexo y al juego, irresponsabilidades en la conducción, desviaciones en la escuela, absentismo laboral, acciones criminales, prominencias a la mortalidad, baja autoestima, falta de afiliación social y trastornos alimenticios, entre otras consecuencias (Martin et al., 2006, 197, Tilburg e Igou, 2011, 181-194, Vodanovich y Watt, 1999, 143-144). Así pues, el estudio del aburrimiento se ve motivado en la mayoría de ocasiones por la necesidad de conocer más el fenómeno para predecir comportamientos nocivos y desviados y evitarlos y/o tratarlos. Esta perspectiva del aburrimiento complejo como problema que desencadena comportamientos disfuncionales obliga a los interesados en su estudio a reconocer en el fenómeno la existencia de una fuerza motriz.

El aburrimiento entendido como fuerza motriz o como potencia implica que la experiencia del aburrimiento complejo debe desencadenar algún tipo de acto o consecuencia (Retana, 2011, 183) en términos nocivos. Sin embargo, pocas veces se ha investigado acerca de las implicaciones que, como fuerza motriz, el aburrimiento despojado de las connotaciones negativas, como simple aburrimiento –si se quiere trivial–, puede acarrear. El descuidado estudio del aburrimiento sencillo y sus consecuencias se aleja de las perspectivas de interés de las disciplinas predominantes –la psicología, la psiquiatría o la pedagogía, entre otras– que principalmente se centran en el aburrimiento complejo como dolencia o enfermedad. Como tal, apenas se ha focalizado la atención desde estas y otras áreas de trabajo en el aburrimiento sencillo entendido como una realidad causal que provoca efectos necesariamente en quien la experimenta y que no tienen por qué responder forzosamente a un perfil disfuncional.

Como experiencia que desata la inquietud y la agitación (Tilburg e Igou, 2011, 181-194), e incluso quizá algo parecido al nerviosismo (Fenichel, 1951, 352), el aburrimiento desvinculado de la complejidad propia de la enfermedad mental aparece como causa del ciclo de innovación, como el descontento con lo anterior (Retana, 2011, 183) que organiza la búsqueda de lo nuevo y como una reacción ante el entorno. Es un síntoma que instiga momentos de experimentación y de expansión (Roldán, 2013, 2-4; Moravia, 1999, 7-8), que incluye un elemento crítico, una expresión de profunda insatisfacción, un desprecio (Svendsen, 2006, 27; Toohey, 2011, 185). El aburrimiento incentiva la fijación en lo nuevo impulsando la improvisación, suscitando la creación de demandas cuya satisfacción deseamos resolver (Roldán, 2013, 8). El primer impulso que se siente al sucumbir al aburrimiento es la necesidad de hacer cualquier cosa que deje atrás la sensación de tedio (Rule, 1998, 329). Entendido desde esta perspectiva, el aburrimiento proporciona la transición a lo siguiente, redirecciona la vivencia actual, orienta el movimiento; es una capacidad latente (Roldán, 2013, 12) que nos impide dejar de actuar (Revers, 1958, 42). Son los intentos de liberación ante el aburrimiento más sencillo los que mueven al sujeto a la acción (Tabbia, 2005, 196). De la misma manera sucede a nivel social (Retana, 2011, 186): “Una cotidianidad monótona y enajenada, muy probablemente generará un aburrimiento colectivo” que provocará cambios y movimientos socioculturales. Llevado a sus consecuencias más extremas, la profesora Emérita de la Universidad de Virginia, Patricia Meyer Spacks, nos recuerda, en su obra Boredom: The Literary History of a State of Mind,[3] que el antropólogo estadounidense Ralph Linton consideró que todo avance cultural derivaba de un previo estado de aburrimiento. Es por lo anterior que la historia puede ser considerada, como apuntaba el escritor rumano Cioran en History and Utopia, el resultado del miedo al aburrimiento (Cioran, 1998, 109, ap. Roldán, 2013, 11). En última instancia, el aburrimiento muestra por vía de negación lo que la realización histórica por vía de afirmación (Revers, 1958, 40-47). Siguiendo a Moravia, (1999, 10) “el resorte de la historia no era el progreso ni la evolución biológica ni el hecho económico ni ningún otro de los motivos aducidos por los historiadores de las diversas escuelas; era el tedio (…) En un principio (…) fue el tedio (…) llamado caos.”

En esta línea, comprobamos que las formas de comportamiento resultantes del aburrimiento son muy heterogéneas (Fenichel, 1951, 349) y, por consiguiente, pueden ser constructivas o destructivas, funcionales o disfuncionales (Fisher, 1987, 1) según las opciones que ofrezca el entorno y la disposición personal del aburrido (Tilburg e Igou, 2011, 181-194). Los resultados del aburrimiento dependen por lo tanto del contexto social y psicológico; en personas sanas que se encuentran inmersas en contextos sanos, el aburrimiento impulsará la exploración positiva (Spacks, 1989) mientras que, como explicaba el filósofo y psicólogo Daniel Berlyne, los consecuentes negativos procedentes del aburrimiento llegarán cuando el individuo intente paliarlo y no pueda porque otros factores se lo impidan (Perkins, 1981, 18).[4] Dejando atrás a los sujetos enfermos y los momentos culturales que desprenden malestar, el potencial del aburrimiento es de por sí positivo en tanto que impide la quietud, por su capacidad para hacer llegar la novedad, para dar paso a otra cosa, porque advierte de qué situación es aquella que debemos evitar y nos empuja a salir de la misma y a emprender una nueva. En definitiva, el aburrimiento más sencillo en contextos e individuos sanos cumple propósitos benignos debido a sus consecuencias derivadas en actividades compensatorias.

La función adaptativa de la fuerza motriz del aburrimiento. El estudio de la fuerza motriz del aburrimiento desde la perspectiva de su función adaptativa apenas ha captado la atención de los especialistas en las disciplinas preocupadas por las cuestiones relativas a la evolución humana. Han sido, por contrapartida, investigadores pertenecientes a otros campos de estudio los que han establecido con más ahínco este posible vínculo llevándolo hasta sus más extremas consecuencias. El principal representante de esta nueva corriente que se aventura a explorar el aburrimiento desde disciplinas atípicas como la paleoantropología es el citado Profesor canadiense Peter Toohey, cuya principal línea de trabajo son comúnmente los estudios griegos y romanos dentro del Departamento de Cásicos y Religión. A pesar de no ser experto en la materia, Toohey ha sido a todas luces el pionero en proponer que la fuerza motriz del aburrimiento responde a una función adaptativa al más puro estilo darwinista (Toohey, 2011, 7: “boredom is, in the Darwinian sense, an adaptive emotion.”) Ésta es una corriente de reflexión acerca del aburrimiento que aunque ancla sus raíces en el pensamiento del siglo pasado es ahora cuando está comenzando a gestarse de una manera más sistemática.

Quienes como Toohey distinguen esta función adaptativa en el aburrimiento siguen los dictámenes del psicólogo estadounidense Robert Plutchik (Albert Einstein College of Medicine) sobre las emociones, recogidos en su obra Emotion: Theory, Research and Experience. Para Plutchik las emociones sirven en su papel adaptativo para ayudar a las criaturas a hacer frente a los problemas de supervivencia que plantea el entorno y para alejarlos de lo nocivo. Incluyendo al aburrimiento dentro de estas, su ‘padecimiento’ representa una forma de acción evasiva diseñada para protegernos contra los signos de la enfermedad, una respuesta evolutiva ante el peligro.[5] Su función, resumiendo, consiste en señalizar la relación del individuo con el entorno obligándole a desarrollar una estrategia para explorarlo y descubrir las novedades que sirvan de ayuda para reforzarlo (Todman, 2007, 3).

En este mismo contexto, el neurólogo Antonio Damasio sugiere, al igual que Plutchik, en obras como The Feeling of What Happens o Looking for Spinoza, que las emociones influencian directamente en la regulación de la vida previendo los peligros, constituyendo una ventaja y una oportunidad para los organismos. Así también facilitan las relaciones sociales. Para Damasio todas las emociones que implican disgusto son primarias y se desarrollan en relación con el rechazo automático que nos permite deshacernos de lo inconveniente. El aburrimiento sería una de estas emociones adaptativas que puede haber sido seleccionada en nuestra carrera evolutiva para permitir el rechazo de las situaciones tóxicas y provocar la búsqueda de nuevas experiencias. Sin lugar a dudas, las emociones como el aburrimiento tienen un rol adaptativo en sentido darwiniano puesto que ayudan a las criaturas a sobrevivir y a prosperar. Su función biológica es proteger la vida y hacerla evolucionar, facilitando la protección frente a los peligros (Toohey, 2011, 87). Desde el punto de vista de su función adaptativa, el aburrimiento es un sistema de alerta temprana cuya función está diseñada para proteger contra situaciones que puedan ser peligrosas para el bienestar psicológico (Toohey, 2011, 105-106). Es una emoción beneficiosa que juega un gran papel advirtiéndonos de poner lejos ciertas situaciones potencialmente peligrosas (Toohey, 2011, 174). La función adaptativa del aburrimiento nos permite volver sobre nosotros mismos y observarnos, intensificando nuestra autopercepción y ofreciendo una oportunidad para vivir a cámara lenta y para vernos como si fuéramos otro (Toohey, 2011, 178). En último término, el aburrimiento hace las veces de un sistema que genera variación al presentarse como un problema evolutivo al que hemos de dar solución pronta.

El aburrimiento está desempeñando esta función adaptativa desde tiempos inmemoriales (Toohey, 2011: 190) y el rastreo de sus huellas en nuestros antepasados puede ser fundamental para comprender tanto la evolución del hombre como el fenómeno en sí. El aburrimiento era una emoción que ya experimentaron nuestros ancestros y que fue seleccionada porque, al presentarse su vivencia como problema evolutivo que era necesario solventar, provocaba el movimiento hacia la exploración de lo distinto, como si de un simulador de situaciones de riesgo o de una presión selectiva propiamente dicha se tratase. Es por lo tanto en esta línea de investigación en la que centramos la atención con el objeto de arrojar luz sobre la cuestión del aburrimiento, tratándolo desde la perspectiva de su función adaptativa, hasta ahora apenas rastreada, a partir de la paleoantropología del filósofo Hans Blumenberg, casi por completo inexplorada.

La función adaptativa de la fuerza motriz del aburrimiento desde la paleoantropología blumenberguiana. El caso de Blumenberg es el de otros tantos que, como Toohey, sin haberse dedicado a la disciplina paleoantropológica, han tratado de analizar el fenómeno del aburrimiento desde sus directrices y se han valido de la narración de un escenario ancestral ficticio para tratar de comprender su alcance antropogenético. Pero Blumenberg no sólo ha concebido el aburrimiento como una emoción seleccionada por su potencial impulsivo hacia lo novedoso y como un simulador de una presión selectiva propiamente dicha, sino que incluso se ha atrevido a especular sobre los consecuentes concretos que pudieron ser desencadenados en nuestros ancestros en su intento de paliar el aburrimiento y que tuvieron severas repercusiones en nuestro desarrollo como especie. Antes de llegar a este punto, él mismo ha sustentado sus conjeturas, aunque de forma poco sistemática, en multitud de notas inéditas y en incisos en sus obras publicadas, en lo que podemos calificar como una cuasi completa teoría de la función adaptativa de la fuerza motriz que reside en el aburrimiento.

El tratamiento blumenberguiano del aburrimiento es en gran parte deudor de las reflexiones del filósofo Inmanuel Kant sobre la cuestión. Entre ambos autores encontramos ciertos paralelismos incuestionables respecto a la importancia que han concedido en sus filosofías o, más concretamente, en sus antropologías, al estudio de la fuerza motriz del aburrimiento como función adaptativa. Kant ha abordado la cuestión en obras como Anthropologie in pragmatischer Hinsicht y Praktische Anthropologie. En las mismas sostiene que el aburrimiento aparece en el momento en que hemos alcanzado una comodidad o una adaptación excesiva a la que nuestra especie y todas las criaturas tienden de forma inevitable (Kant, 2004). El objetivo primordial de cualquier ser vivo consistirá siempre, a su juicio, en tratar de estar lo más adaptado posible a su entorno, aunque con ello se produzcan momentos de comodidad en demasía que llegue a resultar hasta aburrida, porque es parte de nuestra inercia natural. Blumenberg vuelve sobre los pasos kantianos explicando que el hombre siempre ha tratado de disminuir el tiempo del deber para ganar tiempo del poder, esto es, minimizar el tiempo que dedicamos a satisfacer nuestras necesidades primarias para aumentar el tiempo disponible dedicado a realizaciones indeterminadas. Ambos conciben que la mayor parte de nuestros esfuerzos como especie han estado siempre dedicados a disminuir el tiempo del deber para ampliar el tiempo del poder. Tratamos por todos los medios de reducir el primero en favor del segundo, obviando que la liberación de las molestias clásicas sólo es posible al precio de nuevas torturas, que no lo parecen tanto porque se las acepta y uno se somete a ellas libremente (Blumenberg, 2007, 249-251). La consecución de la suficiente comodidad desemboca finalmente en la aparición del aburrimiento, una sensación que nos hace sentir repugnancia de la propia existencia (Kant, 2004) y que, como si de un problema evolutivo se tratase, hemos de solucionar a cualquier precio.

Una vez que aparece el aburrimiento este se experimenta como una sensación desagradable de escasez y hastío que es necesario dejar atrás. El aburrimiento nos hace sentir una irritación de la que hay que despojarse y que, como el propio Blumenberg indica,[6] puede llegar a experimentarse como mortal.   La quietud que se siente a través del aburrimiento, la ausencia de conflictos y preocupaciones, trae consigo una descarga exagerada que el hombre no soporta; así lo propone el antropólogo Arnold Gehlen, de cuya obra Blumenberg también es manifiestamente deudor (Gehlen, 1993, 78). El tiempo satisfecho ya no desea nada más y provoca el riesgo de la caída en la muerte por satisfacción, siguiendo a  Ortega y Gasset, 2010, 46:

Pero ahora caemos en la cuenta de que esos siglos tan satisfechos, tan logrados, están muertos por dentro (…) Un tiempo que ha satisfecho su deseo, su ideal, es que ya no desea nada más, que se le ha secado la fontana del desear. Es decir, que la famosa plenitud es en realidad una conclusión. Hay siglos que por no saber renovar sus deseos mueren de satisfacción, como muere el zángano afortunado después del vuelo nupcial.

En las situaciones aburridas se sienten abolidos los deseos de vida, se experimenta una carencia de tensión y se excluyen las situaciones darwinistas que, después de todo, siguen siendo las más interesantes (Blumenberg, 2011, 534-535). Retomando las palabras de Kant, el aburrimiento es un dolor negativo que suscita horror en el ser humano y del que hay que desprenderse. Por el contrario, el dolor positivo, siguiendo su terminología, sería experimentado en la acción que emprendemos para alejarnos del aburrimiento, porque ésta trae consigo la indeterminación, la incertidumbre y la contingencia (Kant, 2004, 158).

Lo que los investigadores actuales están pasando por alto acerca del aburrimiento, desde la perspectiva blumenberguiana, es que aquel pertenece a las pasiones de los motores más fuertes del hombre,[7] que actúa como debilitante de la masa inercial y que es una fuerza de repulsión violenta. El aburrimiento nos impulsará siempre a emprender un movimiento para desasirnos de él, a expandir la vida atrayendo lo nuevo hasta nosotros, rompiendo con la quietud en que nos sumerge, activando el mecanismo que nos hace despertar para sentir después el placer de dormirnos (Kant, 2004, 73)  y disfrutar del juego entre taedium y voluptas (Kant, 2004, 185). Aquí radica, tal y como concibe Kant y así también Blumenberg, la fuerza motriz del aburrimiento, en que cada vez que nos encontramos adaptados aparece para expulsarnos de este medio y obligarnos a reocupar uno nuevo. Incluso en los momentos en los que más cerca parecemos estar de un mundo de distonía vegetativa, el aburrimiento que se desprende del mismo nos impulsa a actuar, a abrir “la puerta de entrada para lo que no es conforme al orden, para lo que es contrario al sistema, que a su vez produce hastío del orden y placer en violarlo, esto último sólo en virtud de lo primero” (Blumenberg, 2011, 536). La estabilidad y la quietud en exceso nos causan un malestar traducido en el aburrimiento del que sólo podemos desprendernos circunstancialmente mediante la compensación. La experiencia del aburrimiento acciona el desequilibrio y nos sumerge en el naufragio para romper con la quietud del mar que no hace más que traer el “¡silencio de muerte y horror!,”[8] volviendo así “al bello desorden de la fantasía, al caos originario de la naturaleza humana”.[9] Por ello también Adán en el aburrido paraíso decidió seguir el ‘mal camino’ y ser expulsado de aquel; porque las consecuencias no podían ser peores que la situación en la que se encontraba. Veamos el fragmento del inédito Mangel an Bildern vom Glück DLA Marbach:

Adam und Eva müssen sich gelangweilt haben (…) Und da ist er’s nicht mehr. Adam und Eva langweilten sich, und dem Gelangweilten ist jedes Angebot recht. Wer verführbar ist, kann nicht glücklich sein (…) Adams Vertreibung aus dem Paradies, die ihn von Baum des Lebens verbannte und der Sterblichkeit auslieferte, hat die Beantwortung der Frage unmöglich gemacht, ob er sich auch als Gottesgleichen fortan im Paradies gelangweilt hätte (…) Sicher, es gibt andere Nöte als Langeweile und schlimmere. Erstaunlicherweise gibt es keine guten Gründe dafür, dass auch die Folgen schlimmer wären.[10]

Esta fuerza motriz que caracteriza el aburrimiento cumple con una función adaptativa al incentivar el cambio que mantiene nuestro interés y nos obliga a readaptarnos de forma constante. La función adaptativa de su fuerza motriz se encuentra en su capacidad para avivar nuestra atención en la búsqueda de entretenimientos que alejen el ‘horror vacui’. En el intento por evitar el aburrimiento introducimos en nuestro contexto desajustes e irregularidades que ponen a prueba nuestro mecanismo adaptativo haciendo germinar nuevas vivencias. Blumenberg no titubea al señalar que si el aburrimiento no apareciese en el momento en que nos encontramos totalmente adaptados obligándonos a estar en continuo movimiento, seríamos incapaces de adaptarnos a un cambio importante cuando éste llegase; esto es, quedaríamos atrapados en un estado de adaptación que nos impediría reaccionar ante los cambios que aconteciesen en el futuro. Es por ello por lo que el aburrimiento fue seleccionado por cumplir una cardinal función adaptativa, la de permitir futuras adaptaciones, y por lo que hace las veces de un simulador de una presión selectiva a su vez. La eliminación del aburrimiento de forma total no sólo es, por tanto, imposible, sino también indeseable en última instancia. Aliviar el aburrimiento será como responder a las grandes preguntas en el sentido en que Blumenberg lo explica en su obra La Legitimidad de la Edad Moderna: “Die Vertreibung von Langeweile ist zumindest so menschendienlich wie die Beantwortung von Fragen[11] (Die Langeweile und die Unbeantworteten Fragen DLA Marbach); funcionaría durante algún tiempo, pero pronto nos veríamos obligados a buscar nuevas salidas. Uno siempre debe cortar la rama sobre la que se sienta para acabar con el aburrimiento y pasar a lo siguiente, tal y como decía el poeta Gottfried Benn en su carta del 25 de febrero del 1952 a su amigo el pintor surrealista Richard Oelze: “man müsse immer wieder den Ast absägen, auf dem man sitzt nur dann komme man weiter und werde sich weniger langweilig als man sich schon ist, so ist das Ästhetenattitüde.”[12] (Macht es spaβ kein Bürger zu sein? DLA Marbach). Incluso podemos remitir al mito del arte blasfemo que legitima la creación del mundo a partir del aburrimiento de un Dios cansado de su propia eternidad para mostrar la necesidad de cambiar del aburrimiento a lo nuevo (Umkehrung eines Mythos DLA Marbach): “Dass Gott die Welt aus Langeweile, aus Überdruss an seiner Ewigkeit geschaffen habe, ist ein blasphemischer Kunstmythos von fast schon ehrwürdiger Langlebigkeit. Die Schöpfung aus dem Nichts infolge der Unerträglichkeit des Nichts.”[13] Y así también el fin del mundo podría tener la misma motivación: “Auch das Ende der Welt könnte dieselbe Motivation haben: Langeweile an ihr.”[14] (Umkehrung eines Mythos DLA Marbach). El aburrimiento, en definitiva, impulsa el movimiento, la acción, el trabajo “Die Langweile ist eine Hauptspannfeder, die zur Arbeit zwingt.”[15] (Musil, Tagebücher Heft 30: etwa März 1929 bis November 1941 und später (I 801), Zettelkasten 01: Anthropologie, 019424 DLA Marbach).

Somos el ser capaz de inquietud para el que el dolor y el placer son señales claras: el dolor nos empuja a escapar y a cambiar su posición, el placer refleja el deseo de permanecer en un estado, enuncia Blumenberg en la tarjeta 019434 de la Zettelkästen 01: Anthopologie del DLA Marbach: “Der Mensch ist das Wesen, das des Unbehagens fähig ist. Schmerz und Lust sind eindeutige Signale: der Schmerz, sich zu entziehen und seine Lage zu ändern, die Lust, zu bleiben und die Intensität des Gefühls zu steigern.”[16] El aburrimiento muestra de esta manera las necesidades que tenemos, aquello de lo que nos encontramos faltos para satisfacer el tiempo vacante. Ha de ser imaginado en estos términos como una señal de nuestras necesidades en negativo, que dará lugar finalmente a situaciones artificiales y a los accionismos: “Ist Langeweile selbst eine Form der Bedürftigkeit, eines Mangels an Versorgung mit dem, was die Zeitvakanz zu erfüllen vermag? (…) Man darf sich Langeweile nicht nur als einen Mangel an Posivität vorstellen. Sie ist eine Form der Lähmung, wohl zumeist der Unentschiedenheit zwischen Möglichkeiten, also der überdistanzen zu Reizen und Herausforderungen. Dies führt in künstliche Situationen, etwa solche der Abenteuerlust und des Aktionismus…”[17] (Zeitgewinn und Langeweile DLA Marbach). El aburrimiento surgía de la falta de inventiva que debía ser compensada mediante una amplificación de la misma (Unbehagen: Land der Langeweile DLA Marbach) siendo, definitivamente, rescatando la expresión blumenberguiana, un indicador de la nivelación de la vida funcionalmente positivo (Unbehagen I DLA Marbach):[18]

Es gibt offenbar eine Konvergenz von physikalischer Entropie und anthropologischer Stimmungssenkung als den jeweils wahrscheinlicheren Zuständen. Das sind nicht nur psychologische Tatsachen, insofern Leben als Zustand negativer Entropie ergasst und damit Langeweile als Indikator für die Nivellierung der dem Leben wesentlichen und notwendigen Heraushebung aus der Nivellierung anzusprechen ist, also funktionell positiv, obwohl emotional negativ zu bewerten ist. Die faktische Bewertung hängt wohl damit zusammen, ob dieser Zustand ein Bedürfnis schafft, welches eruptiver Änderung fähig ist und Verschub leistet, oder ob es eine Bedingung für die Schaffung kultureller Institutionen ist, deren Inbegriffe man als Zerstreuung und Abwechslung, Zeitvertreib und Unterhaltung mit einer relativ grossen Zahl von Vokabeln belegen kann.[19]

 

El olvido de la función adaptativa de la fuerza motriz del aburrimiento. Blumenberg discute que uno de nuestros mayores problemas en la actualidad reside en que hemos olvidado o ignorado los orígenes y la naturaleza del aburrimiento. Desde el comienzo de la Era Moderna se ha tratado de restaurar el paraíso de Adán y Eva, sin caer en la cuenta de que el retorno a este podía ser terrible.[20] El resultado de tal olvido es la aparición de una institución cultural a la que responsabilizamos de tener que eliminar el aburrimiento y a la que forzamos a generar constantemente novedades (Die Indiferenzen der Langeweile, DLA Marbach: “Deshalb ist Kultur wesentlich rituell überlagerte oder geregete Langeweile”) que no hacen más que provocar la acomodación gracias al lujo, la superabundancia y la variedad para el sentido del gusto. Siguiendo a Blumenberg, en la sociedad masa crece el riesgo de que la respuesta al aburrimiento sea conflictiva: “Deren Risiko wächst im Masse, wie sie die reguläre «Verwaltung» der Zeit ihrer Mitglieder verliert oder preisgibt” (Die Indiferenzen der Langeweile DLA Marbach)[21]. Se genera entonces un aburrimiento en el intento de paliarlo al dejar caer sobre las instituciones la responsabilidad de mantenernos entretenidos en todo momento. Este aburrimiento último, el que se desprende del intento de aniquilar parte de nuestra naturaleza, es el aburrimiento complejo. La experiencia del aburrimiento complejo, explica Blumenberg, nos conduce a jugar con el peligro como si de una forma tardía de lucha por la existencia se tratase.

En este paradigma en que hemos olvidado la función del aburrimiento y hemos tratado de soterrarlo a toda costa creando un circo sin par, el aburrimiento complejo comienza a favorecer la acción compulsiva y desmedida, perjudicando la propia labor autoconservadora a la que respondió originariamente. Las acciones que se desprenden del aburrimiento de un contexto enfermo y aburrido se tornan peligrosas a nivel individual y grupal, descubriendo incluso nuestros “más íntimos deseos de muerte” (Blumenberg, 2011, 539). Un ejemplo de ello se recoge en la obra Mon Faust del poeta francés Paul Valéry, a través de la exhortación “estoy anhelando una gran guerra monstruosa” o en las del escritor francés Sartre por medio del protagonista de La Nausée, Antoine Roquetin: “estoy demasiado tranquilo desde hace años”, “esta libertad se parece un poco a la muerte”, “que esto cambie un poco, para ver; no pido otra cosa”, “¡que me den algo que hacer, lo que sea!”, “tengo ganas de dar un salto y salir, tengo ganas de hacer cualquier cosa para aturdirme”, “me aburro, eso es todo”, “es un aburrimiento profundo, profundo, el corazón profundo de la existencia” (Sartre, 2010, 54, 256, 260, 282, 163, 145 y 256). Nos vemos afectados de forma común por el aburrimiento mientras no parece haber ninguna promesa de salvación que nos vaya a liberar de aquél (Diesseits der Langeweile DLA Marbach). Vivimos en la edad en que el aburrimiento complejo reina y en que surge la necesidad de tolerarlo, refleja Blumenberg en Das Letzte aller Kultopfer: die Langeweile, DLA Marbach; en que la propia enfermedad o dolencia enfermedad se convierte en parte en una gran ocupación del tiempo. El mundo y el aburrimiento se han convertido, finalmente, en uno sólo: “Der Welt immer langeweiliger wird, schliesslich Welt und Langeweile eins sein werden[22] (Die Langeweile der Zukunft DLA Marbach).  Ahora tememos el aburrimiento, pero realmente no sabemos siquiera qué es aquello que tememos: “Man hat etwas gegen ihm, aber wöfur ist er?” (Die Verbindung von überzeugung und Langeweile DLA Marbach)[23]. El único momento en el que ahora nos disponemos a tolerar el aburrimiento es cuando va de la mano de la convicción propia, por ejemplo, si estamos dispuestos a aguantar un largo y aburrido sermón político o religioso –en el que el aburrimiento se convierte, en palabras de Blumenberg, en el último martirio: “Langeweile ist das letzte Martyrium”, impulsados sólo por nuestras creencias (Die Verbindung von Überzeugung und Langeweile DLA Marbach). Pero hemos perdido la noción de soportar el aburrimiento por la convicción de sus beneficios.

Desde el punto de vista de la antropología blumenberguiana, el aburrimiento es un estado antropogenético que se ha obviado en la actualidad desembocando en las peores consecuencias. Sin embargo, hemos de recordar que la fuerza motriz del aburrimiento nos hizo tal y como somos, configuró nuestro carácter, nuestros hábitos y el mundo que hemos diseñado y en el que nos encontramos inmersos. Los planteamientos de Blumenberg implican que tanto filogenéticamente como ontogenéticamente el aburrimiento pudo contribuir en gran medida a nuestro desarrollo como especie propiciando acciones novedosas que ocupaban un lugar en la vida de nuestros ancestros y que con el paso del tiempo se convirtieron en hábitos modificando su escenario y dejando un correlato arqueológico digno de estudio. La emoción del aburrimiento fue seleccionada en nuestros ancestros por su función adaptativa y su promoción de la novedad, por lo que no sólo no podemos eliminarla sino que, además, deberíamos aprender a explotar sus beneficios en los parámetros en que los defensores de la teoría del aburrimiento como fuerza motriz y función adaptativa como Blumenberg lo han expresado.

Experimentado bajo la forma de un problema evolutivo por el malestar que produce, semejante a la quietud de la muerte, conmueve a quien lo padece a la búsqueda de la solución que se presentará en forma de novedad positiva en un contexto sano, evitando el adormecimiento provocado por lo siempre idéntico. Así también lo ha contado Toohey 2011, 170-171: “el aburrimiento es una parte increíblemente común, normal y útil de la experiencia humana (…) es una de las claves para el entendimiento de cómo es que los humanos somos capaces de sentir que lo somos”.[24] La vida es, en definitiva, la producción del aburrimiento: “Das Leben ist das, wovon die Ablenkung ablenkt, die Zerstreuung wegführt; also ist es auch das, was in der Langeweile als es selbst empfunden wird, und die Folgerung kann nur sein, dass es langweilig ist”[25] (Langeweile ist reflexive wahrnehmung des lebens von sich selbst DLA Marbach).

Narrativa de la escena primigenia en la que el aburrimiento despliega sus capacidades como presión selectiva. El aburrimiento aparece como una patología constante en el ser humano, como si de un error de la evolución se tratase, un fracaso que permite que surjan otros tantos arreglos que consienten que la especie sobreviva y aumente sus habilidades: “Es gibt den Menschen, wie er da ist, nur infolge der Korrektur eines wesentlichen Fehlers der Evolution und als den Inbegriff all der Vorkehrungen, die einer unter den Normen der biologischen Leistung misslungenen Spezies durch enorme Steigerung ihrer Fähigkeiten das Überleben ermöglichten (…) Er ist das Produkt einer Selbsterhaltung von biologisch äusserster Unwahrscheinlichkeit.”[26] (Rache der Verstossenen Metaphysik DLA Marbach). Gracias a que el aburrimiento fue seleccionado como simulador de presiones selectivas nuestros ancestros fueron elevados: “des Menschen zuvor aufgehoben haben” (Rache der Verstossenen Metaphysik DLA Marbach). Definitivamente, evitaron el aburrimiento y aumentaron los poderes de la mente (“die Langeweile vertreiben und die Geisteskräfte erhöhenZettelkasten 01: Anthropologie, 021851 DLA Marbach). [27]

Pero Blumenberg no sólo dedicó sus esfuerzos, como anunciamos anteriormente, a esclarecer algunas de estas cuestiones en torno al aburrimiento. Siguiendo sus propias reflexiones a partir del material sobre paleoantropología que recogía de periódicos, revistas y trabajos metódicos, se atrevió a especular acerca de las posibles consecuencias que la necesidad de evitar el aburrimiento más sencillo pudo desencadenar en nuestros ancestros conformando su panorama social y cultural. La más atrevida es aquella en la que plantea la posibilidad de que la práctica comunicativa se viese implementada entre aquellos como solución al aburrimiento en un contexto bien determinado en que las condiciones anatómicas y mentales posibilitaban la emergencia de tal respuesta. Desde su imaginario, el aburrimiento se convierte en una fuerza que empuja a los individuos a adquirir características que les permitan ser reproductivamente más exitosos y genéticamente más adecuados que otros, esto es, en una presión selectiva.

Cuando realizaba mi primera estancia en el Nachlaβ del filósofo en el pueblo de Marbach am Neckar (Stuttgart), como parte de mi periodo de especialización en su filosofía, di por casualidad con algunos fragmentos y anotaciones de sus textos inéditos en los que el aburrimiento era descrito como un fenómeno principal de la vida de nuestros ancestros. Sus palabras dibujaban una ficción en la que unos cavernícolas que padecían aburrimiento encontraron solución a su problema dando rienda suelta a la comunicación. Aquellos habitantes de las cavernas de los que Blumenberg habla eran las mujeres, los niños, los ancianos, los heridos y demás integrantes de la comunidad que permanecían durante largos periodos esperando la vuelta de los fuertes y poderosos cazadores. Tal y como propone, los más débiles solventaron el problema del aburrimiento comunicándose entre sí acerca de ellos mismos y de los cazadores ausentes superando así incluso su debilidad: “dieser symbolische Sprung erlaubt ihr, ihre mütterlichen Triebe auszuleben.” (Genetischer spielraum & symbolische oder phantastische Äquivalente. Desmond Morris (im Interview von Dieter E. Zimmer) in Zeit-Magazin Nr. 24/1978, Zettelkasten 01: Anthropologie, 019968-019969.

Lo que Blumenberg sugiere con tal imaginario es que el aburrimiento experienciado como un problema evolutivo que había que solventar desencadenó en nuestros antepasados una respuesta que vino a incurrir en un incremento de la práctica comunicativa. De esta manera, el aburrimiento estaba actuando como una presión selectiva o presión evolutiva, como un problema al que había que buscar solución y que efectivamente fue socavado implementando la acción comunicativa y, con ello, otorgando definitivamente a los integrantes de nuestra especie una ventaja competitiva en la lucha por la supervivencia y la perpetuación de la especie. Padecido como un problema evolutivo, el aburrimiento requirió en un momento dado una solución que pasaría por un cambio de hábitos y que tendría importantes consecuencias físicas y psicológicas en aquellos seres primitivos de los que descendemos. Una solución a la que se pudo optar sólo porque las condiciones endógenas y exógenas fueron propicias.

Las claves de esta narración de la escena blumenberguiana se encuentran principalmente en los inéditos Die Koalition der Schwachen und die Sklaverei der Eliten, Die Lieblinge der Mütter in den Höhlen o Kindeswohl und Lichtbedürfnis, entre otros. Todos ellos descansan en el DLA y ponen de manifiesto que el aburrimiento fue un posible impulsor de la práctica comunicativa entre nuestros ancestros en su necesidad de paliarlo. Sin embargo, la narración blumenberguiana tiene cabida dentro del paradigma paleoantropológico actual en tanto que la ficción representada y los aspectos que la definen –el uso de las cuevas, la caza de grandes animales, la existencia de un lenguaje incipiente o un alto nivel de socialización, por citar algunos– bien pueden situarse de manera realista en un momento intermedio entre la existencia de los últimos Homo ergaster y los primeros Homo antecessor.

Agradecimientos. La autora desea dar las gracias a los organizadores del congreso Hans Blumenberg: Historia in/conceptual, antropología y modernidad, los miembros del proyecto de investigación ‘Hacia una Historia Conceptual comprehensiva: giros filosóficos y culturales’ (FFI2011-24473), por hacer posible el encuentro en cuestión y su participación en el mismo. Así también, agradece la siempre inestimable ayuda de quienes desde el comienzo le han ayudado a emprender la tesis expuesta: mi profesor, Antonio Rivera (UCM), mi director de Tesis, José Luis Villacañas (UCM) y mi amigo, Alberto Fragio. Finalmente, reconoce la colaboración del DAAD y del propio DLA en el sufragio de los gastos de la investigación en el DLA Marbach y la asistencia prestada por el Dr. Felix Heidenreich (IZKT, Stuttgart Universität) durante aquellas.

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(Diesseits der Langeweile; Das Letzte aller Kultopfer: die Langeweile; Die Langeweile der Zukunft; Die Verbindung von überzeugung und Langeweile; Langeweile ist reflexive wahrnehmung des lebens von sich selbst; Rache der Verstossenen Metaphysik; Zettelkasten 01: Anthropologie; Genetischer spielraum & sybolische oder phantasische äquivalente. Desmond Morris (im Interview von Dieter E. Zimmer) in Zeit-Magazin Nr. 24/1978, Zettelkasten 01: Anthropologie; Die Koalition der Schwachen und die Sklaverei der Eliten; Die Lieblinge der Mütter in den Höhlen; Kindeswohl und Lichtbedürfnis.

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[1] Josefa Ros Velasco (1987) received degrees in Philosophy (2010) and in Advertising and Public Relations (2011) with Honors from Universidad de Murcia. She also received a master’s in Contemporary Thought (2011) and in Teacher Education (2012) with Honors from the same institution. Current training: Ph.D. Candidate of the Excellent Program of Doctor in Philosophy at Universidad Complutense de Madrid under the tutelage of José Luis Villacañas Berlanga; FPU Scholar supported by Spanish Ministry of Education, Culture and Sports in the Department of the History of Philosophy (UCM) from 2013 to present; DAAD scholarship at Internationales Zentrum für Kultur und Technikforschung (IZKT Stuttgart Universität) in 2013; Deutsches Literatur-Archiv Marbach (DLA) “Einmonatiges” Scholar in 2014; FPU short-term research scholar at DLA in 2014; Member of the “Saavedra Fajardo Library of Hispanic Political Thought” (HUM2007-60799) research group since 2012; Collaboration with the “History and Videogames: the impact of new media entertainment on the medieval past knowledge” (HAR2011-25548) research group since 2012. Research areas: Hans Blumenberg’s philosophy, Anthropology, Neuropaleontology, Boredom. Papers (selection): 2014. “Philosphical Views on Hypochondriasis”, Anthropos 239. 2014. “Hans Blumenberg: Philosophy and Literature from 1952 to 1958”, Anales del Seminario de Historia de la Filosofía 3(12). 2013. “The holist promise of Neuroanthropology”, Daimon 59(2). josros@ucm.es / 0034658659684.

[2] “Lo que es entendido normalmente por ‘aburrimiento’ (…) es el resultado de las circunstancias predecibles que son muy difíciles de eludir (…) cuando una experiencia es repetida y repetida (…) hasta la saciedad. Cuando una situación parece no tener valor alguno.”

[3] Véase asimismo Spacks, P. M. (1989). “The necessity of boredom”, en Virginia Quarterly Review, 65(4), 581-599.

[4] Revísense los siguientes trabajos: Berlyne, D. E. (1963). “Motivational problems raised by exploratory and epistemic behavior”, en Koch, S. (Ed.), Psychology: A study of a science, Vol. 5, New York: McGraw-hill; (1960). Conflict, arousal and curiosity. New York: McGraw-Hill; (1967). “Arousal and reinforcement”, en Levine, D. (Ed.), Nebraska symposium on motivation Vol. 15. Lincoln: University of Nebraska Press.

[5] Plutchik, ap. Toohey, 2011: 16-17: “serve an adaptive role by helping creatures to cope with survival issues posed by their environment: (…) might keep animals and humans clear of noxious substances. (…) is a form of evasive action designed ‘to protect us against signs of disease’ (…) becomes an evolutionary response to ‘dangerous items’ (…) boredom emerges as a (…) adaptation of this primary emotion of disgust. (…) serves, (…) the same adaptive function, (…) boredom may protect (…) from ‘infectious’ social situations: (…) boredom, (…) is good for you.

[6] “Der Begrifftödliche Langeweile” ist eine Grenzmetapher. Oder nicht nur ein Metapher? Das ist die Frage: Langeweile ist kein Motiv, gerade weil ihr die «Intentionalität» jedes Gegenstandsbezuges fehlt, sie durch diesen Mangel gerade definiert ist; sie ist ein Zustand, in dem man «irgendetwas» tut, nur um eben ihm zu entkommen.” (Langeweile, Kurzweil DLA Marbach). Véanse asimismo sus palabras en el inédito Tödliche Langeweile DLA Marbach, comentando los Tagebücher del escritor alemán Theodor Haecker: “Von allen Beschwerden über Schmerz, Leiden und Unbehagen gilt die über Langeweile als ungewichtigste  (…) Die ‘tödliche Langeweile’ gängig gemacht hat. Tödlich für wen? (…) Was sich über die Tödlichkeit der Langeweile sagen lässt?

[7]Theoretiker ständig Motivation nachschieben –vieles, sage ich, was wie unfasslicher Übermut aussieht, was die Grenze Tödlichkeit berührt und hier und da sogar überschreitet, steigt aus der dumpfen Unbestimmtheit dieses ‘Langeweile’ benanten Zustandes auf” (Tödliche Langeweile DLA Marbach). Consúltense también sus palabras en la Tarjeta S/N y sin título de la Zettelkasten 26 U-Welt, DLA Marbach: “Was in der Beschreibung der Langeweile verkannt worden ist, ist ihre Zugehörigkeit zu den Leidenschaften, zu den stärksten Antriebskräften des Menschen. Sie wirkt wie eine lähmende und zur Untätigkeit verdammende träge Masse. In Wirklichkeit ist sie eine Kraft heftigster Abstossung, die erleiden zu können zu den Disziplinen und Tugenden höchster Kulturstufen gehört. Sie als Antriebskraft des Menschen mit Bedürfnis und Bosheit gleichzustellen, ist eine der Errungenschaften von Schopenhauer (Nachlass IV/1, 153 f.) Schon die blosse Furcht vor ihr treibt den Menschen aus seinen faktischen Zuständen heraus und lässt ihn nicht ruhen, Vorbereitungen zu ihrer Vermeidung auf Vorrat zu betreiben. Was an ihr aktiviert, ist der Horror Vacui der Zeit, analog dem des Raumes.”

[8] Blumenberg, H. (1995). Naufragio con espectador, Madrid: La balsa de la Medusa, p. 71. A propósito de las palabras que Goethe dirige al duque Carlos Augusto en Nápoles, 27-29 de mayo de 1781, recogidas en Werke. E. Beutler, XIX, p. 78. “De vuelta a Mesina desde Nápoles en mayo de 1787, Goethe sucumbió no a una violenta tormenta –como algunos creen– sino a una bonanza que paralizó la embarcación. Naufragar contra las rocas de las sirenas más allá de Capri no hubiese sido un destino desdeñable. Pero él casi se fue a pique de la forma más extraña, con un cielo totalmente tranquilo y un viento en calma, precisamente a raíz de esta bonanza… También esta experiencia se resolvió pronto en una poesía. Para el navegante, el mar inmóvil es un preocupante ¡silencio de muerte y horror! «Feliz viaje» es el contrapolo de «Calma del mar»: el retorno de los vientos, el propio Eolo devuelve la vida al letargo, suelta el lazo angustiante.”

[9] Schlegel, F. (1994). Poesía y filosofía, Madrid: Alianza, p. 123.

[10] “Adán y Eva debieron aburrirse (…) Y dejaron de estarlo. Adán y Eva debieron aburrirse y para el que se aburre cualquier oferta es buena. Quien puede ser seducido no puede ser feliz (…) La expulsión de Adán del Paraíso, que le alejaba del Árbol de la Vida y le sumía en la mortalidad, ha hecho imposible responder a la pregunta acerca de si se habría aburrido en el Paraíso, aun cuando fuera la imagen de Dios (…) Sin duda hay más necesidades que el aburrimiento, y peores. De forma sorprendente no existe ninguna razón para pensar que también las consecuencias son peores.”

[11] “La expulsión del aburrimiento es tan útil al ser humano como responder a preguntas.”

[12] “Uno debe cortar una y otra vez la rama sobre la que se encuentra, sólo así vuelve uno en sí mismo y se encuentra menos aburrido de lo que estaba, ésa es la actitud de esteta.”

[13] ¡Que Dios crease el mundo por aburrimiento, por hartazgo de su eternidad es un mito artístico blasfemo de una longevidad casi venerable. La creación desde la nada en lugar de la insoportabilidad de la nada”.

[14] “También el fin del mundo puede tener la misma motivación: aburrimiento de él”.

[15] “El aburrimiento es un resorte que impulsa al trabajo“.

[16] “El ser humano es el ser que es capaz de sentir malestar. Placer y dolor son señales unívocas: el dolor para tratar de quitárselo y cambiar de lugar, el placer para permanecer y aumentar el sentimiento.”

[17] “¿Es el aburrimiento en sí una forma de necesidad, una deficiencia en el aprovisionamiento de aquello con lo que rellenar el tiempo libre? (…) Uno no debe representarse el aburrimiento como una carencia de positividad. Es una forma de la parálisis o, más bien, de la indecisión entre posibilidades, es decir, del sobredistanciamiento de los impulsos y los desafíos. Esto conduce a situaciones forzadas como, entre ellas, el deseo de aventuras y el accionismo”.

[18] En este Kurzessay Blumenberg está siguiendo el texto de Gehlen Die Öffentlichkeit und ihr Gegenteil (WW VII 342), de 1973, en el que explica que el aburrimiento es un estado que permite la apertura a que los malos humores desaparezcan y dejen paso a los buenos: “Langeweile ist ein in hohem Grade wahrscheinlicher Zustand, so dass jede Durchbrechung dieses stimmungs gesenkten Zustandes erwünscht ist und freudig ergriffen wird.” Gehlen, A. (1978). „Die Öffentlichkeit und ihr Gegenteil“. Gehlen, A.: Einblicke, Frankfurt, 336-347.

[19] “Existe una clara convergencia entre la entropía física y la depresión antropológica del ánimo como estados cada vez más verosímiles. No son únicamente hechos psicológicos en tanto la vida mana del estado de entropía negativa y, por tanto, el aburrimiento es un indicador que responde a la reducción al nivel que la vida debe superar de forma esencial y necesaria, debe ser, por tanto, valorada de forma funcionalmente positiva aunque emocionalmente negativa. La valoración fáctica depende de si este estado genera una necesidad que puede modificarse de forma eruptiva y proporcionar una distancia o de si es una condición para la producción de instituciones culturales cuya expresión como diversión y distracción, pasatiempo y entretenimiento, se puede adornar con un gran número de vocablos”.

[20]Die Anfänge der Neuzeit haben sich mit der Idee verbunden, das verlorene Paradies wiederherzustellen. Francis Bacon hat dies der Wissenschaft zugetraut und zur Vollendung der Gleichheit von Wissen und Können gemacht. Doch: Jede Rückkehr ins Paradies lässt so Schlimmes befürchten, wie es seine erstmalige Unaushaltbarkeit berichten liess: das Schlimmste.” Nunca se ha preguntado al exiliado Adán si quería volver al paraíso: “nirgendwo ist überliefert dass die Ausgetriebenen sich ins Paradies zurückgewünscht hätten.” Mangel an Bildern vom Glück, DLA Marbach.

[21] “Su riesgo crece en la medida en que la administración regular del tiempo de sus miembros se pierde o se abandona”

[22] “El mundo deviene cada vez más aburrido, al final mundo y aburrimiento serán uno.”

[23] “El hombre siempre tiene algo contra él, pero, ¿para qué está?”

[24]Is a normal, useful, and an incredibly common part of human experience (…) is one of the keys to the understanding of how it is that humans are able to feel that they are human.”

[25] “La vida es aquello de lo que se desvían las desviaciones, de lo que huyen las distracciones; así que es aquello que se experimenta en el aburrimiento y la conclusión sólo puede ser que es aburrida.”

[26] “Hay seres humanos como éstos a causa de la corrección de un error sustancial de la evolución y como expresión de todas las prevenciones que han permitido sobrevivir a una especie fallida bajo las normas de los rendimientos evolutivos, mediante un enorme aumento de sus capacidades.”

[27] “Este salto simbólico les permite disfrutar de sus impulsos maternales”

 

 

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