IN MEMORIAM ODO MARQUARD

ESMERALDA BALAGUER GARCÍA Índice/Summarypdf

Odo Marquard, que murió el 9 de mayo del 2015 en Celle, Alemania a la edad de 87 años, nació el 20 de Febrero de 1928 en Stolp, Pomerania. Marquard fue un brillante filósofo alemán que defendió a lo largo de su vida una filosofía escéptica de la finitud humana. Lo que pretendo en estas breves páginas es ilustrar lo que Marquard entendió por Filosofía y cuál fue esa filosofía que descubrió e hizo suya al finalizar la segunda Guerra Mundial.

¿Qué significo la filosofía para él y cómo adquiere forma en su pensamiento? Para responder a estas preguntas ordenaré mis reflexiones en las siguientes secciones:

1.Ideas generales

2.Relación entre Filosofía y Sabiduría

3.Filosofía escéptica de la finitud humana

4.Filosofía de la compensación

Comienzo pues con el apartado:

1.IDEAS GENERALES. Marquard perteneció a la generación escéptica, tal y como señala en Individuo y división de poderes, esto es, perteneció a la juventud alemana posterior a la segunda Guerra Mundial. Una generación marcada por la desilusión y el desengaño. De este desengaño nace su filosofía. Parafraseando a Marquard, su escepticismo filosófico (y escepticismo aquí imprime el carácter de su filosofía) es la desilusión convertida en posición teórica.

Marquard tenía 17 años cuando finalizó la segunda Guerra Mundial en 1945 y tuvo la suerte de librarse de la prisión militar. Esta fecha fue vital en él pues le permitió comenzar su camino hacia su escepticismo filosófico de la finitud humana. Su filosofía se volvió escéptica porque convirtió el horror y el desengaño en una posición filosófica. En palabras de Marquard: “A mi filosofía la llamé y la llamo escepticismo, el escepticismo en el sentido de la división de poderes, incluyendo la división de aquellas formas de poder que son las convicciones. Así se vence la tentación de someterse a un único poder totalitario. Mi escepticismo era la respuesta a la experiencia de 1945.”[1] Posteriormente, en la tercera sección, expondré las ideas esenciales de su filosofía escéptica.

Pero antes de continuar esbozando el sentido que la filosofía tiene para Marquard, quisiera mencionar algunas de las ideas que su maestro Joachim Ritter sembró en su filosofía. Bajo la dirección de Ritter, Marquard estudió filosofía, germanística y teología en Münster y Friburgo. Ritter defendió una filosofía de la escisión positiva con la que se negaba a negar el civismo burgués. De su filosofía Marquard aprendió que la negación del civismo burgués conllevaba la ceguera de la filosofía ante la realidad. Luego era imprescindible combatir la negación del civismo burgués si se quería combatir el totalitarismo. Por ello, ambos, maestro y discípulo sabían que lo acertado era negarse a negar el civismo burgués, y defendieron esta idea en sus respectivas filosofías. De Ritter aprendió, pues, la sensibilidad para lo institucional y sus deberes.

Asimismo, aprendió de él que observar era más importante que deducir y su escepticismo se fundamenta en esta noción. Las repuestas filosóficas de Ritter con el tiempo tuvieron sentido en su experiencia de vida, pues aprendió también que la experiencia vital es insustituible para la filosofía.

Ritter editó el Diccionario Histórico de la Filosofía, dedicado a la historia e investigación de los conceptos filosóficos y Marquard participó en su composición, encargándose de escribir la voz Filosofía. Es por ello que me parece oportuno hablar aquí de qué entendió Marquard por Filosofía.

En el siguiente apartado desarrollaré con mayor amplitud su comprensión de la Filosofía en relación con la Sabiduría.

2.RELACIÓN ENTRE FILOSOFÍA Y SABIDURÍA. Amor a la sabiduría, esta es la definición clásica de la filosofía, así nos lo enseñan en el instituto cuando topamos por primera vez con la filosofía. La relación que existe entre estas dos palabras, philosophia y sophia, preocupaba a Marquard y en el capítulo ‘Tres reflexiones sobre el tema Filosofía y Sabiduría’ de Individuo y división de poderes, se dedicó a analizar y reflexionar acerca del vínculo que las une. ¿Es todavía hoy la filosofía amor a la sabiduría? Se pregunta Marquard.

La filosofía, en tanto que amor a la sabiduría, es el amor a envejecer y asimismo es experiencia vital para quienes todavía no la tienen, es sabiduría de vejez para quienes aún no son viejos. Tras afirmar esto Marquard vuelve a preguntarse si la Filosofía es todavía amor a la sabiduría. Durante la Antigüedad y la Edad Media la filosofía fue amor a la sabiduría, amor a aquel saber que capacita para vivir correctamente. Pero en la Edad Moderna la filosofía se vuelve ciencia estricta. En la obra de Kant nuestro filósofo comprueba que la filosofía tiende hacia la ciencia y deja atrás el amor a sabiduría. Marquard prestó especial atención a las definiciones de filosofía que propuso Kant, dado que su revisión era necesaria para que Marquard pudiera elaborar la voz Filosofía del Diccionario Histórico de Filosofía. Marquard descubre que en las definiciones kantianas de filosofía menos convencionales, el término sabiduría se vuelve más patente. Kant sostiene pues que la filosofía es el camino hacia la sabiduría y que es el arte de aquello que el hombre debe hacer de sí mismo. Por tanto, Marquard reconoce que en Kant la filosofía se define en relación con la sabiduría. En el lema de la Ilustración, Sapere Aude, tenemos una definición de la filosofía desde la sapientia. ¡Atrévete a saber!, esto es, ¡atrévete a filosofar! Luego la Filosofía queda definida como coraje para la sabiduría.

Volvamos a nuestra pregunta inicial, ¿sigue siendo la filosofía amor a la sabiduría? Marquard no defenderá pues la tesis del gran cambio, sino que propondrá la tesis del pequeño cambio que consiste en lo siguiente: la filosofía fue y sigue siendo amor a la sabiduría pero una cosa ha cambiado, la comprensión de lo que es sabiduría. En el comienzo de la filosofía hasta la Edad Media se buscaba un saber absoluto, el saber de Dios, la filosofía satisfacía el amor a la sabiduría al igualar a los hombres con Dios. Pero hoy, dice Marquard, se busca el saber humano acerca de los límites del saber humano. La filosofía, pues, satisface el amor a la sabiduría permitiendo que el ser humano sea tan humano como le sea posible. ¿Y cómo consigue esto la filosofía? Mediante el escepticismo. Por tanto, hoy el amor a la sabiduría no se satisface en la divinización sino en la humanización del saber. Esta conclusión a la que llega Marquard la encontramos ya en Sócrates, pues sólo puede ser sabio y aspirar filosóficamente a la sabiduría quien reconoce la necedad de su sabiduría.

De este modo, para Marquard, la filosofía sigue siendo amor a la sabiduría gracias a los filósofos que aman la sabiduría de lo humano y estos filósofos son los escépticos. Estos amantes de la sabiduría, y Marquard se encuentra entre ellos, cuentan con los límites de la sabiduría humana, son conscientes de la necedad de la sabiduría humana y por eso buscan lo humano en lo humano.

Marquard todavía no puede afirmar con rotundidad que la filosofía sea amor a la sabiduría. Con estas conclusiones sólo lo es parcialmente, pues tenemos aún una senda abierta en relación con esta cuestión. Me refiero al tema filosófico de la Felicidad. La sabiduría está relacionada con la felicidad, pues los hombres quieren ser felices y es sabio querer esto. La filosofía ha dado cuenta de ello al nombrar la felicidad tema central de su ética. Con Kant esta situación cambia y el tema de la felicidad desaparece de la filosofía. Para Marquard ha sucedido lo siguiente: la filosofía moderna ha renunciado al tema de la felicidad para librarse del tema de la infelicidad. Por eso Kant sustituye en su ética el problema filosófico de la felicidad por el problema filosófico del deber. Lo interesante de esta reflexión es que para Marquard la filosofía seguirá siendo amor a la sabiduría si se recupera el tema de la felicidad, y por consiguiente el tema de la infelicidad.

Para responder afirmativamente a la pregunta que Marquard plantea todavía queda por analizar una última cuestión, la relación entre la filosofía y la realidad. Marquard sostiene que no se puede sustituir la vida por la filosofía y el filósofo es sabio cuando es consciente de ello. Esto significa que los seres humanos tienen muchas relaciones con la realidad y una de ellas es la filosofía. El problema reside en reducir esta pluralidad de relaciones con la realidad a una única relación, esto es, a la filosofía. Pues lo que se pierde es realidad y entonces la filosofía se vuelve necia. La filosofía deja de ser sabia mediante la sola philosophia.

Según Marquard, para salvaguardarnos de la monopolización de la filosofía como relación con la realidad se necesita coraje para el civismo burgués. Por lo tanto el buen filósofo no será sólo filósofo. Esto es lo que Marquard entiende por escepticismo, pluralizar la vida. Si la filosofía sigue siendo una relación con la realidad entre otras muchas relaciones, seguirá siendo la filosofía amor a la sabiduría.

Tras estas reflexiones podemos afirmar que para Marquard la Filosofía es y seguirá siendo amor a la sabiduría en tanto que sea sabiduría de lo humano, en tanto que recupere la cuestión de la felicidad y de la infelicidad, y en tanto que sea una relación más con la realidad entre otras relaciones.

Pasaré ahora a tratar de vislumbrar las notas esenciales de su Filosofía escéptica de la finitud humana.

3.FILOSOFÍA ESCÉPTICA DE LA FINITUD HUMANA. En sus trabajos Marquard defendió una filosofía escéptica de la finitud humana. Como ya apunté al inicio de este escrito, Marquard descubrió su filosofía después de la segunda Guerra Mundial, cuando hizo del horror y el desencanto su posición filosófica.

¿Qué entiende, pues, Maquard cuando habla de escepticismo? El escepticismo es la sensibilidad para la división de poderes. Los seres humanos somos seres finitos y únicamente somos libres por la división de poderes, esto es, porque existen otras muchas realidades que nos definen. Y estas realidades se limitan unas a otras al intentar determinar al hombre. De modo que los hombres son libres frente a la intervención de cada una de estas realidades.

Los escépticos dudan, cultivan una pluralidad de convicciones, una pluralidad de tendencias reales. Lo que nos capacita para convertirnos en individuos mediante la división de poderes es ver más realidad, vivir en más realidad, observando más mediante la pluralización de la vida. Por eso es esencial en su pensamiento la enseñanza de su maestro Ritter, observar es más importante que inferir.

La tesis antropológica de su filosofía de la finitud humana es la siguiente: dado que el ser humano no es un ser absoluto sino finito, que necesita retrasar su muerte, descargarse del absoluto y pluralizar su vida, es un ser inútil que necesita compensarse, luego se convierte secundariamente en Homo compensator. El asunto de la compensación lo trataré en el próximo apartado. Por tanto, Marquard es consciente de que el hombre no puede asumir el papel de jefe absoluto, por eso se ‘despide de los principios’ y asume una filosofía de la finitud y de las formas finitas de responder a las deficiencia de la realidad.

Una vez establecida la idea general concretaré su filosofía escéptica de la finitud humana en 5 breves reflexiones filosóficas que él mismo apunta:

a. La brevedad de la vida humana: Vita brevis, nuestro futuro más cercano y seguro es nuestra muerte, pues nuestra vida es finita y se ve limitada por nuestra mortalidad. Esta brevedad de nuestro futuro nos vincula a nuestro pasado, a nuestras costumbres y tradiciones que nos determinan. Los seres humanos somos más azares que elecciones.

b. Pluralismo: atenuamos la carencia de tiempo que surge del hecho de que solo tenemos una vida pluralizando nuestra vida. También conseguimos esto a través de la comunicación con otros seres humanos, pues esto nos permite vivir un poco sus vidas. Como somos seres finitos, sólo somos libres porque existen varias realidades que nos definen y que se limitan entre sí. El escepticismo mitiga la finitud mediante la pluralidad ya que el escéptico tiene sensibilidad para la división de poderes y cultiva una pluralidad de convicciones en su cabeza y una pluralidad de tendencias reales en su realidad. Por ello son importantes las compensaciones.

Las compensaciones: el concepto de compensación procede de la teodicea de Leibniz. El hombre es un ser esencialmente carente que compensa sus carencias físicas mediante la cultura. Las compensaciones no redimen, tan solo compensan. Son medidas finitas y por eso mismo son medidas humanas, que permanecen en la esfera de lo humano y adecuadas al hombre, quien no es un ser absoluto sino finito.

La cultura de las reacciones-límite: quien en la realidad percibe las separaciones y también sus compensaciones ve más realidad. Helmuth Plessner habla de reacciones-límite, y entre estas encontramos la razón y la filosofía. La filosofía se niega a no observar y retiene en su forma escéptica la tarea de pensar el todo.

La necesidad de estilo como forma literaria de este escepticismo fundado en una filosofía de la finitud: en filosofía hay una necesidad de estilo en la medida en que ésta, la filosofía, es menos absoluta, esto es, en la medida en que en ella hay más escepticismo. El estilo es importante en la filosofía cuando no impera la seguridad en sí misma. Y precisamente el escepticismo permite la falta de seguridad de la filosofía en sí misma porque los escépticos se mantienen en varios puntos de vista. La filosofía escéptica necesita de la experiencia vital y debe incluir diagnósticos de la época. El filósofo escéptico necesita encadenarse a pensar y escribir para soportarse. De modo que el estilo del escepticismo basado en la filosofía de la finitud surge de la necesidad de descargarse.

Dado que las compensaciones son una parte importante dentro de la filosofía escéptica de la finitud humana de Marquard, en la última sección hablaré de su filosofía de la compensación.

4.FILOSOFÍA DE LA COMPENSACIÓN. El concepto de compensación es fundamental en la antropología filosófica moderna y sobretodo en el siglo XX. Proviene, como mencioné anteriormente, de la teodicea. Leibniz señala que Dios no sólo permite el mal sino que además se ha preocupado de compensarlo. El antiguo concepto de compensación significaba desquite, el moderno significa indemnización, equiparación sustitutiva mediante bienes y lleva implícito un alivio, no un castigo. La antropología moderna define al ser humano como un ser que escapa de sus deficiencias gracias a las compensaciones. El ser humano es pues un animal compensador, Homo compensator.

La filosofía de la compensación comprende al ser humano como un ser finito, que existe al compensar sus carencias, según apunta Marquard en Filosofía de la compensación. Huye de sus defectos compensándolos. Por ello Marquard lo define de la siguiente manera: “el ser humano es el que, al ser físicamente inútil, debe hacer, puede hacer y hace algo en vez de: la antropología filosófica es la filosofía del en vez de.[2]

Para Marquard la teoría de la compensación determina al ser humano en 3 aspectos: en primer lugar, lo determina como animal compensador, pues al respetar su finitud le impide ilusiones de absoluto. Su mortalidad limita su finalidad y tan sólo avanza allí donde descarga, donde compensa y corrige desventajas. En segundo lugar lo determina como ser de continuidades, pues los seres humanos no tienen tiempo para una ruptura absoluta con la realidad que los rodea, dado que mueren demasiado pronto. En tercer lugar, la teoría de la compensación determina al ser humano como un ser pluralizador. Para permanecer humano el hombre ha de tener muchas culturas y muchas historias. Las compensaciones son progresos en plural.

Asimismo, la filosofía de la compensación que Marquard propone conserva la tarea filosófica de pensar el todo bajo condiciones de finitud, ya que al respetar la finitud humana impide ilusiones de absoluto. Y es también una filosofía del en vez de. Al no disfrutar de una vida absoluta, los seres humanos son algo en vez de, es decir, necesitan compensaciones. No requieren de lo absoluto sino de lo humanamente posible y esto lo encuentran en la cultura. Por tanto, el ser humano, debido a su carencia de absoluto, es un ser inútil que llega a ser Homo compensator.

En estas reflexiones he pretendido ilustrar brevemente no tan sólo que entendió Marquard por Filosofía, sino también cuál fue la Filosofía escéptica de la finitud humana que defendió y desarrolló a lo largo de sus escritos y sus conferencias. Y también he querido mostrar la importancia de la teoría de la compensación dentro de su filosofía, ya que la idea de la compensación resulta imprescindible para compensar las carencias del hombre y permitirle vivir una vida más humana.

Quisiera terminar con unas palabras de Marquard que muestran la esencia de aquello que me proponía hacer este escrito: “Filosofía significa: cuando a pesar de todo se piensa.”[3]

 

[1] Odo Marquard, Filosofía de la compensación, Trad. de Marta Tafalla, Paidós, Barcelona, 2001, p. 14.

[2] Ibíd. p. 30.

[3] Ibíd. p. 69.

 

 

Comments are closed.

Website: