Guía Comares de Ortega y Gasset

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Guía Comares de Ortega y Gasset, ed. de JAVIER ZAMORA BONILLA, Editorial Comares, 2013, 384 pp. ISBN 9788490450901.

Navegar por el pensamiento de José Ortega y Gasset es como realizar un largo viaje por la geografía de la mente, cada uno de sus artículos, ensayos, cada escrito, es una aventura nueva. Y para vivir aventuras todo viajero necesita una buena guía que le ilumine el sendero a seguir. Esto mismo es la Guía Comares de Ortega y Gasset. Esta guía nos ofrece la posibilidad de adentrarnos en la lectura orteguiana con un salvavidas, a fin de comprender y saber qué nos quiere decir Ortega cuando lo leemos, cuando lo pensamos. Por ello, la bibliografía escrita sobre temas orteguianos y en particular esta guía, juegan un papel fundamental a la hora de orientar al lector en el vasto mar de su pensamiento.

La Guía Comares articula la exposición de su contenido de una manera ordenada y cuidada. Dibuja un paisaje bastante completo de los temas orteguianos, tales como el perspectivismo, la razón vital e histórica, la idea de vocación, la sociología, la relación de su filosofía y su literatura, su preocupación política, su interés por el arte y la reflexión estética y su teoría del cuerpo, entre otros asuntos, con el fin de profundizar en el conocimiento y en la interpretación de su obra. Esta edición de Javier Zamora Bonilla se compone de una selección de 13 ensayos que abordan aquellos temas que recorren toda la obra de Ortega. Los autores de estos ensayos son profesionales especialistas en el estudio de la filosofía orteguiana. Sus aportaciones a esta guía nos permiten una relectura y un volver a mirar sus obras desde nuevas perspectivas, a la luz de la nueva edición de las Obras Completas de Ortega y Gasset (Taurus/Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón, Madrid, 2004-2010), en las cuales encontramos nuevas lecturas de textos inéditos hasta el momento, una ordenación cronológica de sus obras, notas a la edición al final de cada tomo, etc. Con esta nueva edición de sus obras, es posible reflexionar acerca de cómo leer a Ortega, ya que a nuestro filósofo le preocupó especialmente la forma de editar sus obras, teniendo en cuenta para ello tanto el lugar como el público al que se dirigía. De esto mismo hablaré a continuación. Además, el libro contiene una presentación a la propia guía a cargo del editor y una espléndida bibliografía muy meditada que destaca por su concreción y precisión al presentarnos las lecturas esenciales que nos permiten sumergirnos en el pensamiento de Ortega.

Esta guía abre nuevas sendas por las que el lector puede acercarse al mundo orteguiano, pues de lo que se trata es de pensar a Ortega, con Ortega y desde Ortega. Sus ideas todavía tienen vigencia, nos son contemporáneas y nos incitan a la reflexión. El pensamiento de Ortega nos estimula y nos enfrenta a nuestra realidad mediante el diálogo con sus obras. Por tanto, este libro es un complemento que debe acompañar a

nuestro diálogo y a nuestra lectura de sus textos con la finalidad de progresar en la comprensión de su Filosofía y con el propósito de entender la propia circunstancia a la que responde y en la que se inscribe su obra.

Esta guía trata de dirigir nuestra mirada por distintos caminos, perfeccionando, de este modo, nuestro mapa del conocimiento orteguiano. Y, además, y esto es de vital importancia, se dirige a cualquier lector interesado en su obra, tanto a los intelectuales que investigan su Filosofía, como a aquellos que tienen un conocimiento poco profundo de su pensamiento. El libro es accesible a cualquier tipo de lector. ¿Por qué es relevante que la Guía Comares se escriba sabiendo a qué lector se dirige? Por dos razones que Ortega meditaba siempre que escribía. La primera de ellas es la importancia de conocer cómo se ha escrito un libro. Ortega afirmaba que la claridad era la cortesía del filósofo. Él no pretendía escribir su Filosofía con un lenguaje academicista que sólo entendieran unos pocos, su intención era más bien ser claro en su escritura para llegar a un mayor número de lectores necesitados de nuevas ideas que les iluminaran en medio de una circunstancia en ruinas. Y esto me lleva a la segunda razón: Ortega era completamente consciente de a qué tipo de lector se dirigía y cómo tenía que escribir. Es decir, para Ortega era tan importante el lugar donde se escribe como el público en el que se piensa. Esto lo podemos comprobar en los prólogos que escribía para alemanes o franceses de sus obras, por ejemplo.

Hace unos días leía en la Filosofía de la Compensación de Odo Marquard que debe haber filósofos que no escriban únicamente para filósofos profesionales, pues, sostenía Marquard, son necesarios aquellos que escriben filosofía para todos, esto es, ‘Filósofos como escritores’. Esta reflexión llamó fuertemente mi atención, pues Ortega era uno de estos ‘Filósofos como escritores’ que se preocupaba por dar cuenta de su tiempo y por hacer llegar su diagnóstico a toda la población. Para ello, dice Marquard, los filósofos han de hacerse legibles y esto mismo es lo que trataba de hacer Ortega cuando sostenía que la claridad era la cortesía del filósofo y cuando lo mostraba al escribir con su particular estilo, un estilo donde literatura y filosofía están estrechamente ligadas. Este estilo, esta manera de hacerse legible y claro convirtió a su Filosofía en el objetivo de numerosos ataques con el fin de rebajarla y menospreciarla. Ortega era realmente consciente de la importancia de la filología para poder hacer filosofía. El lenguaje es nuestra forma de estar en el mundo y eso también incluye la escritura. Luego es vital dominar el uso de la palabra con la finalidad de hacer una filosofía que responda a nuestras circunstancias, tal y como hizo Ortega.

Con estas ideas lo que pretendo decir es que este libro cumple las dos claves orteguianas, podríamos decir, de la escritura. Los ensayos aquí contenidos son claros y están bien estructurados, facilitando así su lectura, aunque el lenguaje empleado es un lenguaje más técnico propio de la filosofía. Y asimismo, pretende dirigirse a cualquier lector que esté interesado en la obra de Ortega y precise de una orientación.

Pasaré ahora a dar algunas pinceladas acerca del contenido del libro para que sirvan de directriz en su lectura. El primer apartado, que lleva por nombre “Biografía de una filosofía”, presenta un recorrido biográfico sobre los principales temas orteguianos y sobre sus libros. En el segundo apartado, “El estilo de un pensamiento abierto”, nos encontramos con tres ensayos que se centran en la reflexión del estilo filosófico y literario de Ortega. “Temas Orteguianos” es el tercer apartado y en él se examinan las cuestiones más relevantes de su obra, tales como la vocación y el perspectivismo, la filosofía política, la estética y la fenomenología del cuerpo. El último apartado denominado “Bibliografía” ofrece una selección de referencias bibliográficas, cuyo fin es ayudar al lector en su lectura de Ortega y asimismo darle unas pautas hermenéuticas.

Especifiquemos ahora más directamente las temáticas abordadas en cada uno de los ensayos. Como mencioné al inicio, la Guía Comares inicia su recorrido con una presentación que incluye no sólo una breve exposición de su contenido sino además una justificación de las razones que han impulsado la escritura del mismo.

Respecto a la primera parte de la guía, ésta se compone de 6 ensayos. En el primero de ellos, Pedro Cerezo Galán nos habla de la vocación filosófica de Ortega y de su afán reformador. Es este un texto que se centra en los inicios de su filosofía y posa su mirada desde el año 1905 hasta el 1914. En este ensayo vemos cómo se fundamenta una vocación filosófica sólida que nace de afrontar la circunstancia de su tiempo. Su preocupación por una nueva España que estaba en ruinas, cuya bandera fuese la cultura, forjó los inicios de su filosofía. Había que salvarse en las cosas y hacerse cargo del problema de la vida. En 1914 encontramos tres ensayos en los que defiende una nueva manera de estar en el mundo como yo ejecutivo en una determinada circunstancia que he de resolver. La conciencia de esta nueva posición del sujeto en el mundo anuda los cabos para una reforma política desde la perspectiva de la vida, con el fin de alcanzar, en palabras de Ortega, una España vertebrada.

Javier San Martín nos presenta el segundo ensayo de esta guía, el cual se centra en analizar la influencia de la fenomenología en los años 20. Después reflexiona acerca de las principales obras de este período, tales como España Invertebrada o El tema de nuestro tiempo. Aquí el autor destaca dos datos importantes de esta época en cuanto a la recepción de Ortega: aparecen los textos que configuran su filosofía y se establecen las bases del sistema orteguiano. Nos muestra también las ideas principales de El tema de nuestro tiempo, obra en la que Ortega presenta su filosofía sistemática, y por último expone la importancia que va adquiriendo la antropología filosófica y cultural en los años 20. En definitiva, San Martín analiza desde la luz de la fenomenología la aparición de la antropología filosófica y de la razón histórica.

El tercer ensayo, a cargo de José Lasaga, expone la filosofía de la razón vital e histórica, fundamentada en la realidad radical que es la vida humana. Esta razón vital se convierte en una vía para entender al hombre en el mundo. Lasaga señala que esta filosofía nunca se estructuró en un libro, sino que se expuso en cursos universitarios. Para dar cuenta de ello estudia el periodo que transcurre entre el año 1929 y el 1936. Esta es una etapa de gran producción filosófica, donde Ortega empieza a ser consciente de la necesidad de elaborar su filosofía, la cual finalmente quedará pensada en su obra pero no articulada. Esta conciencia de hacer su obra definitiva y plantearse su forma Ortega la denominó ‘segunda navegación’. Ortega sentía la necesidad de presentar su pensamiento sistemáticamente y la forma de hacerlo era el libro. Los cursos de este periodo no sólo tratan de dar forma a su filosofía sino que también pretenden responder a la crisis que vivía Europa, una crisis de formas de vida e inspiración filosófica.

Javier Zamora nos expone, en el cuarto ensayo, el origen de la razón histórica y su conexión con la razón vital. La razón histórica es un tema constante en la segunda navegación. A partir de los años 20 Ortega piensa al hombre como ser viviente histórico y la vida de la gente ya no es la cultura sino la realidad histórica. Aquí Zamora investiga cómo Ortega llega a afirmar que cada hombre se entiende desde su propia historia y que, por tanto, la comprensión del hombre necesita de la razón histórica. El hombre está forzado a ejecutar su vida en una circunstancia que no elige y para entenderlo hay que saber su historia, porque la vida se comprende históricamente. En definitiva, la realidad radical de cada vida humana es su historicidad.

Isabel Ferreiro, en el quinto ensayo, se encarga de abordar uno de los temas centrales de la segunda navegación, la sociología, a través del concepto de uso. La teoría de los usos se vincula con la realidad radical de lo social. Es decir, la vida humana de cada cual es la realidad radical y se constituye de yo y circunstancia, esto es, el hombre es un ser social e histórico. Y lo social se define por ser uso. Aquí Ferreiro da cuenta de cómo la filosofía de los usos permite comprender lo humano desde la perspectiva personal, social e histórica.

El último ensayo, de la mano de Agustín Andreu, parte del análisis que Ortega hace en La idea de principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva. Es decir, nuestro filósofo pone en juego los principios que sostiene Leibniz, pues Andreu insiste en que Ortega trataba de fundamentar el pensamiento de un nuevo modo, donde la vida humana fuese el centro del pensar. Y para ello se necesitaban otros principios y otro método, una razón vital e histórica. Los principios se habían quebrado porque las ciencias desplazaban la cuestión esencial, el hombre y su vida. Por ello, el punto de partida tenía que ser la vida humana y el objetivo el de buscar sus auténticos principios con una nueva razón.

En cuanto a la segunda parte de la guía, ésta se compone de tres ensayos que a continuación expondré. Francisco José Martín aborda, en el primero de ellos, la estrecha relación que existe entre filosofía y literatura en la obra de Ortega. En este ensayo Martín explicita cómo su filosofía arranca del vínculo con el lenguaje, porque el lenguaje da forma al pensamiento. Ortega apostó por una filosofía de la palabra, aunque esto hizo que su filosofía viviera bajo la sospecha de no serlo. Filosofía y literatura son inseparables porque son una exigencia de su circunstancia, que era literaria. Ortega se propone su reforma desde la filosofía. La salvación de la circunstancia implica una conversión a la Filosofía en mayúsculas y él es el profesor que trata de educar en la propia circunstancia con el propósito de la reforma de la misma.

Ignacio Blanco, en el segundo ensayo, aborda el instrumento de intervención social más importante en la obra orteguiana, el periódico. La mayoría de sus escritos vieron la luz entre las páginas de los periódicos, ya que Ortega quería llegar al lector medio y esta era una poderosa vía para conseguirlo. La prensa imprimió cierto estilo periodístico a su modo de filosofar, donde la claridad de estilo se convierte en una característica fundamental. Se trataba de hacerse entender y evitar tecnicismos. Blanco señala que bajo sus artículos están latentes los principios de su filosofía. También analiza las características de lo que Blanco denomina sus artículos filosóficos, las cuales son: el diálogo con el lector, considerándolo en su circunstancia, y el dramatismo de la idea, que consiste en la capacidad de interesar. De este modo, Blanco da cuenta de cómo afrontó Ortega su vocación de alumbrar el camino hacia la cultura y hacia la educación desde el periodismo.

En el último ensayo de esta sección, Jesús Conill presenta una posible lectura hermenéutica de su filosofía. Parte de tres influencias hermenéuticas en su filosofía del raciovitalismo histórico. Conill dará cuenta de la influencia nietzscheana, diltheyana y heideggeriano-gadameriana en el pensamiento de Ortega. Y terminará planteando una hermenéutica de la circunstancia vital e histórica, ya que Conill sostiene que su metodología del conocimiento de la vida humana es hermenéutica.

En referencia a la tercera parte de la guía, ésta se compone de 4 ensayos. Jaime de salas investiga, en el primero de ellos, la idea de perspectiva, de vocación y su preocupación política. En su exposición, Jaime de Salas parte de la tesis de que en Meditaciones del Quijote aparecen dos conceptos que recorren toda la obra de Ortega, estos son el concepto de perspectiva y el de salvación. Lo que Ortega buscaba era la orientación del hombre en el mundo y para ello el método de salvación de la perspectiva era fundamental. La perspectiva era la preocupación por España y la salvación era posible a través de la regeneración de la sociedad española. De Salas también señala dos conceptos relevantes, el de vocación y el de autenticidad. En Ortega su metafísica es inseparable de su filosofía moral, la vida como realidad radical es inseparable de la realización auténtica de cada uno de nosotros.

Jesús Díaz, en el siguiente ensayo, se encarga de investigar la evolución del liberalismo en el pensamiento de Ortega y además analiza su ética, donde el concepto de vocación es clave. En primer lugar, aborda su filosofía moral: para Ortega la vida es un quehacer en medio de la circunstancia y en ese hacer hemos de decidir quiénes vamos a ser. La orientación en esa elección viene mediada por la vocación. La pretensión de su ética es que el yo llegue a ser de hecho quien ya es. Para ello hay que seguir la vocación, que consiste en realizar un proyecto de existencia donde se ejecute el auténtico yo. En segundo lugar, Díaz aborda su filosofía política desde la teoría liberal. Señala que podemos encontrar tres versiones de la idea liberal en su obra y procede a su explicación. El liberalismo fue en esencia para Ortega una idea radical sobre la vida.

En el tercer ensayo, Eve Fourmont estudia el tema estético y la cuestión del arte deshumanizado. La autora señala que la filosofía del arte desemboca en su filosofía del raciovitalismo, ya que el arte era expresión, también, del espíritu de su tiempo. Ese espíritu de ruptura del arte nuevo era síntoma de una nueva vitalidad. El arte nuevo rompía con los antiguos valores y abría el camino hacia la sensibilidad vital.

El último ensayo que nos presenta Agustín Serrano de Haro se adentra en la teoría del cuerpo, único objeto, señalaba Ortega, del que tenemos un doble conocimiento. Serrano de Haro se centra en examinar el texto Vitalidad, alma y espíritu para dar cuenta del intracuerpo y también señala algunas de las ambigüedades que encuentra en el planteamiento orteguiano del cuerpo.

Finalmente, nos encontramos con la parte cuarta del libro dedicada a la bibliografía. Domingo Moratalla trata de responder en esta bibliografía a las preguntas acerca de qué leer y cómo leer a Ortega a partir de una magnífica reflexión sobre el decir y sobre la mirada, invitándonos, de este modo, a adentrarnos en los textos orteguianos y en su selección bibliográfica. Destaca que la labor de la mirada requiere de una contextualización del autor y de su obra para ser capaces de comprender lo que nos quiere decir. Tras estas reflexiones el autor repasa la nueva edición de las Obras Completas, la Revista de Estudios Orteguianos e indica algunas lecturas obligatorias que nos acercan al pensamiento de Ortega con una nueva mirada.

Para terminar esta reseña tan sólo me gustaría hacer una breve meditación sobre la necesidad de aprender a leer. Aprender a leer los textos, artículos, ensayos o libros de Ortega atendiendo, como ya él señalaba, a la vocación, a la circunstancia y al azar del artista, para poder comprender bien qué quiso decir Ortega y qué nos quiere decir todavía hoy es una necesidad. Y lo es también aprender a leer a Ortega a la luz de su realidad vital e histórica para estar a la altura de nuestro tiempo. Ahora más que nunca es un filósofo que nos ayuda a pensar, con él y desde él. Aprender a leer a Ortega es, en definitiva, aprender a vivir, para dar sentido a la vida y para saber afrontar nuestras circunstancias.

Esmeralda Balaguer García

 

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