EMERSON Y EL ESCEPTICISMO

RUSSELL B. GOODMAN [1]
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Emerson y el escepticismo

Una lectura de ‘Amistad’

 

Resumen: Conversaciones recientes con amigos y estudiantes acerca del ensayo de Emerson sobre la amistad me han hecho sospechar que, al menos a algunos de ellos, les podría parecer que las perspectivas de Emerson resultan demasiado extrañas o radicales, como si no se tratara de la amistad en absoluto. Otros quedarán sorprendidos al ver sus anticipaciones de Nietzsche, cuyo nombre pongo aquí debido a que, igual que Nietzsche, que fue un lector atento suyo, Emerson es un genealogista y remodelador de la moral. Cuando Emerson critica nuestras amistades ordinarias al escribir que casi todas las personas “descienden para conocerse”, está corroborando, sobre todo por las palabras“casi todas las personas”, la posibilidad o realización de algo mejor que lo que normalmente pasa por amistad. Emerson piensa que nuestras amistades son decepcionantes debido a que la amistad es una virtud elevada y exigente. En sus mejores realizaciones, lleva “el mundo para mí”, tal como él señala, “a nuevas y nobles profundidades, y aumenta el significado de todos mis pensamientos”. Posee la capacidad de romper las barreras entre la gente, cancelando “los gruesos muros del carácter individual, la relaciones, la edad, el sexo, la circunstancia”. La amistad es un gran unificador, el criado de lo que Emerson llama “sobrealma” o “unidad”.[2] Pero, como Emerson dice en su ensayo sobre ‘Montaigne o el escéptico’, “hay dudas”. Sus dudas sobre las amistades son el tema principal del siguiente ensayo.

Abstract: Recent conversations with friends and students about Emerson’s essay on friendship lead me to suspect that at least some of you will find Emerson’s views so strange or radical as not to be about friendship at all. Others will be struck by his anticipations of Nietzsche, whose name I introduce here because like Nietzsche, who read him carefully, Emerson is a genealogist and re-fashioner of morals. When Emerson criticizes our normal friendships by writing that we mostly “descend to meet”, he is recording the possibility, indeed with the word “mostly”, the actuality, of

something better than what normally passes for friendship. If Emerson finds our friendships disappointing, that is because he thinks that friendship is a high, demanding virtue. In its best actualizations, it carries “the world for me”, as he puts it, “to new and noble depths, and enlarge[s] the meaning of all my thoughts”. It has the capacity to break down the barriers between people, canceling “the thick walls of individual character, relation, age, sex, circumstance”. Friendship is thus a great unifier, a servant of what Emerson calls the “Over-Soul” or “Unity”. But, as Emerson says in his essay on ‘Montaigne: or the Skeptic’, “there are doubts”. These doubts about friendships are my main subject in the following essay.

Palabras clave: escepticismo, amistad, identidad, experiencia, muerte.

Key words: skepticism, friendship, self, experience, death.

Conversaciones recientes con amigos y estudiantes acerca del ensayo de Emerson sobre la amistad me han hecho sospechar que, al menos a algunos de ellos, les podría parecer que las perspectivas de Emerson resultan demasiado extrañas o radicales, como si no se tratara de la amistad en absoluto. Otros quedarán sorprendidos al ver sus anticipaciones de Nietzsche, cuyo nombre pongo aquí debido a que, igual que Nietzsche, que fue un lector atento suyo, Emerson es un genealogista y remodelador de la moral. Cuando Emerson critica nuestras amistades ordinarias al escribir que casi todas las personas “descienden para conocerse”, está corroborando, sobre todo por las palabras “casi todas las personas”, la posibilidad o realización de algo mejor que lo que normalmente pasa por amistad. Emerson piensa que nuestras amistades son decepcionantes debido a que la amistad es una virtud elevada y exigente. En sus mejores realizaciones, lleva “el mundo para mí”, tal como él señala, “a nuevas y nobles profundidades, y aumenta el significado de todos mis pensamientos”. Posee la capacidad de romper las barreras entre la gente, cancelando “los gruesos muros del carácter individual, la relaciones, la edad, el sexo, la circunstancia”. La amistad es un gran unificador, el criado de lo que Emerson llama “sobrealma” o “unidad”.[3] Pero, como Emerson dice en su ensayo sobre ‘Montaigne o el escéptico’, “hay dudas”. Sus dudas sobre las amistades son el tema principal del siguiente ensayo.

Mi consideración del ensayo ‘Amistad’ de Emerson es parte de un proyecto más amplio de tratar de dar sentido al pensamiento de Emerson como un todo, señalando caminos de coherencia a través suyo. Esos caminos se ordenan en dos clases: la enunciación sólida de una perspectiva o el “tono” que atraviesa los ensayos y el vínculo interno entre tales perspectivas.[4] Por ejemplo, la noción de proceso o flujo se abre paso en todos sus ensayos y desempeña un papel central en algunos de los mejores. Proceso es más que un tema para continuar la discusión en varios ensayos y está internamente ligado a muchas de las exigencias más importantes de Emerson: que debemos aprender a deslizarnos sobre las superficies de la vida, que todas las formas éticas son “iniciales”, que el lenguaje es usado con más eficacia como “transporte” que como “heredad” y que “todo lo bueno está en la vía pública”. Al pensar en estos caminos de coherencia entre los ensayos de Emerson, me he detenido al mismo tiempo en las formas en que obran individualmente: su orden, progresión, argumento y puntos de vista.[5] Aquí me gustaría considerar el ensayo ‘Amistad’ desde el punto de vista de esas formas con tal de trazar el recorrido de sus argumentos, describir sus conexiones con otros escritos de Emerson y explorar las conexiones conceptuales entre la amistad y otros conceptos de Emerson como laconfianza en sí mismo.

No comenzaré con el ensayo ‘Amistad’, sino con algunos aspectos de la discusión de Emerson sobre la amistad que encontramos en otros de sus ensayos. En ‘Leyes espirituales’, un ensayo complementario de ‘Amistad’ en la primera serie de Ensayos, Emerson describe la forma en que comienzan las amistades. Estas no tienen nada que ver con el esfuerzo, los logros, o la belleza física, afirma, sino que resultan materias de atracción o afinidad. Cuando “ya todo ha pasado”, escribe Emerson, “alguien de mentalidad parecida, un hermano o hermana por naturaleza, se nos acerca tan suave y sencillamente, tan íntima y familiarmente, como la sangre en nuestrasvenas, que sentimos como si alguien se hubiera ido en lugar de haber venido, profundamente aliviados y reconfortados, en una especie de soledad gozosa”.[6] Las amistades, así como una gran parte de lo mejor de la vida, son, siguiendo a Emerson, espontáneas y libres.

La amistad aparece en un contexto diferente en el ‘Discurso a la Facultad de Teología’, donde Emerson lamenta que la cristiandad haya perdido el afecto del mensaje de Cristo, de modo que “el amigo del hombre se ha convertido en un perjuicio para él”.El lenguaje “que describe a Cristo en Europa y América”, lamenta Emerson,

no es del estilo de la amistad y el entusiasmo dirigidos a un corazón bueno y noble, sino decoroso y formal, como si fuera un semidiós, igual que los orientales y los griegos describirían a Osiris o Apolo. Ha llegado el momento de que todos vean que el don de Dios al alma no es una santidad vana, opresiva, excluyente, sino una bondad dulce, natural, una bondad como la vuestra y la mía, que nos invita a vosotros y a mí a ser y crecer.[7]

Jesús es el amigo divino de las mujeres y los hombres divinos, sostiene Emerson. Es un dios que no es extranjero, sino que está justo a mano, tan cercano como nuestros amigos en nuestros mejores momentos juntos en que nos invitan a “ser y crecer”. El mensaje amistoso de Jesús, parece decir Emerson, ha sido usurpado o, como diríamos ahora, secuestrado, transformado en un mensaje de temor, alienación y hostilidad.

Si la amistad es central para la concepción de la cristiandad de Emerson, también lo será para su concepción del arte, especialmente para la pintura. Al describir sus primeras experiencias con las grandes pinturas de Europa en el ensayo ‘Arte’, Emerson escribe que “imaginaba que los grandes cuadros serían grandes extraños, una combinación sorprendente de color y forma, una maravilla extranjera”. En cambio, encuentra los cuadros “familiares y sinceros, […] el sencillo tú y yo que tan bien conocía, que había dejado en casa en tantas conversaciones” (CW 2:214/287). La Transfiguración de Rafael le pareció “familiar, como la de un amigo” (CW 2:215/288).

Pero Emerson toca otra nota en ‘Arte’ que resulta crucial para mi lectura de ‘Amistad’, ya que se trata de una nota escéptica. Continuando el argumento que hemos examinado, da uno de sus característicos giros dialécticos, señalado por un nuevo párrafo que comienza con las palabras “Sin embargo”:

Sin embargo, una vez hemos dicho todas las cosas hermosas sobre las artes, debemos acabar confesando francamente que las artes, tal como las conocemos, no son sino iniciales. Damos la mejor alabanza a lo que apuntaban y prometían, no al resultado actual. Ha pensado mezquinamente en los recursos del hombre quien cree que la mejor época de producción ha pasado. El verdadero valor de la Ilíada o de la Transfiguración es que son señales de poder; son olas u ondas de la corriente de la tendencia, pruebas del eterno esfuerzo de producir… Hay un trabajo superior para el arte que las artes. Estas son nacimientos abortados de un instinto imperfecto o viciado (CW 2:215/288).

Los términos de Emerson para las artes que ha experimentado son derogatorios: se dice que son “nacimientos abortados” solo para dar una idea “esencial” de las fuentes y la creatividad humanas. Sin embargo, Emerson confirma también su valor como “señales de poder”, como inspiraciones o recuerdos de algo “a lo que apuntaban y prometían”. Rechaza la gran pintura europea que ha elogiado recientemente por su distancia respecto al ideal, igual que rechaza los mejores libros mientras su propia obra está por hacerse. De manera similar, y por razones similares, rechaza a sus amigos.

El último ensayo que me gustaría citar antes de considerar ‘Amistad’ es ‘Experiencia’, una compleja valoración de la vida humana en el contexto de la muerte de Waldo, el hijo de Emerson. ‘Experiencia’ presenta lo que Cavell ha llamado una “epistemología del estado de ánimo”[8] de acuerdo con la cual la vida es una sucesión de diferentes y en ocasiones irreconciliables perspectivas o apreciaciones de las cosas. En el pasaje que querría abordar, Emerson considera los diferentes libros con que ha establecido una relación profunda:

Una vez disfruté tanto con Montaigne que pensé que no necesitaría ningún otro libro; antes de eso, me pasó con Shakespeare, luego con Plutarco, y con Plotino, en una ocasión con Bacon, después con Goethe, incluso con Bettina, pero ahora vuelvo las páginas de cada uno lánguidamente, mientras aún aprecio su genio. Lo mismo me pasa con los cuadros; cada uno mantiene a su vez un énfasis de atención que no puede retener, aunque quisiéramos seguir disfrutando de esa manera. Con los cuadros he sentido mucho que, una vez habéis visto bien uno, debéis despediros de él; nunca volveréis a verlo de nuevo.[…] La razón del dolor que este descubrimiento nos causa (tardío en relación con las obras de arte y del intelecto) es la queja de la tragedia que murmura desde allí respecto a las personas, la amistad y el amor (CW 3:33/332).

Este pasaje de ‘Experiencia’ vincula la amistad a un tema trágico en el pensamiento de Emerson que se ha pasado por alto a menudo. Aun cuando podamos “apreciar el genio” de los libros y la gente con la que ya no tenemos contacto, Emerson advierte que perdemos también algo y que esa pérdida es dolorosa e inevitable, por lo que resulta trágica. Debemos despedirnos de los cuadros, debemos despedirnos de los amigos, debemos despedirnos de los libros. Las cosas que “nunca volveremos a ver de nuevo” son el otro lado —la cara menos agradable— de las sorpresas y deslumbrantes intuiciones que Emerson trata de registrar característicamente.

La idea de Emerson de que nuestras vidas humanas con otros son decepcionantes encaja bien con la discusión de Cavell sobre el escepticismo vivido en Reivindicaciones de la razón. Nuestro escepticismo sobre los demás, afirma Cavell, no resulta un ejercicio académico, sino algo tan común como los celos de Otelo, la ceguera de Lear o la decepción que experimentamos con la conversación cuando no nos hemos expresado adecuadamente. Cavell concibe ese escepticismo vivido no solo como si estuviera inseguro de los demás (como Otelo lo estaba de Desdémona), sino como algo que está arraigado en una profunda decepción incluso con nuestros mejores casos de conocer —como si, escribe, “perdiéramos, o hubiéramos perdido, la imagen de lo que llegaría a significar realmente conocer a otro, o ser conocido por otro—, una armonía, una concordia, una unión, una transparencia, una forma de gobierno, un poder, contra los que nuestro éxito actual alconocer, y ser conocidos, fuera insignificante”.[9]

La crítica de Emerson no se dirige a nuestros mejores casos de amistad, de cuya satisfacción y promesa da buen crédito, sino a las amistades que no cumplen con su promesa inicial. Cuando está de un humor triste debido a su vida con sus amigos, dirá, tal como dice en uno de los momentos más oscuros del ensayo al que volveremos en breve: “La amistad, como la inmortalidad del alma, es demasiado buena para ser creída” (CW 2:116/174). Emerson no cree del todo en sus amigos (no nombra ni se refiere a ningún amigo en su ensayo), pero busca y, durante algunas horas, encuentra la amistad. El trabajo de Cavell a propósito del “escepticismo sobre otras mentes” se centra en la cuestión de nuestra propia responsabilidad —la responsabilidad de Lear, la responsabilidad de Otelo— por no conocer a los otros. El enfoque de Emerson es distinto, no se centra en nuestros fracasos al reconocer a los otros, sino en nuestros fracasos al pedir lo mejor tanto de los otros como de nosotros mismos. Tomo de Cavell tanto la idea de que el escepticismo está vivo en nuestras vidas con otros, como un par de cuestiones: ¿es el escepticismo inevitable, y revela algo de nuestra condición? ¿Ha de ser asumido, aceptado, superado o refutado? Para ser sincero, creo que Emerson nos muestra una especie de escepticismo vivido en relación con los otros que constituye un rasgo de nuestras vidas, pero que también constituye los logros de la amistad; y que la amistad, en su poderoso efecto en nosotros, instila la esperanza de algo mejor que el mejor de los amigos que tenemos.

El ensayo de Emerson sobre la ‘Amistad’ comienza en un lugar inesperado: con las personas “con las que apenas hablamos” o a las que “vemos en la calle”. “Con las que nos alegra mucho estar”, afirma Emerson. Pero ¿qué clase de estar con es ese? Parece que Emerson está hablando de un sentido de la comunidad humana o incluso del amor que sentimos a pesar de queno haya ninguna señal de que fuera recíproco. No hay ningún amigo o relación en la afirmación de Emerson de que “toda la familia humana se baña en un elemento de amor como un fino éter” (CW 2:113/171). El tono es sanguíneo, pero deja al lector preguntándose dónde está en esa imagen la amistad de una persona por otra.[10]

El segundo párrafo continúa con la idea de un sentimiento general de amor y camaradería, lo que Emerson llama “las emociones de la benevolencia y complacencia que sentimos hacia otros”. Se trata de una jerarquía de emociones, afirma ahora, desde “el ínfimo grado de la buena voluntad”, que parece ser el tema de Emerson en esos primeros párrafos, hasta “el supremo grado de amor apasionado” (CW 2:113/171), algo que nunca intenta discutir en el ensayo.

En el tercer párrafo Emerson se mueve de las notas un tanto abstractas y generales a un tipo específico de experiencia: nuestra anticipación de la llegada en nuestra casa de un “extraño recomendado”. ¿Qué hace un “extraño” en un ensayo sobre la ‘Amistad’?, podríamos preguntarnos. Aparentemente el extraño representa la posibilidad de una amistad ideal, una amistad que buscamos pero no tenemos. De esa manera, el extraño recomendado “representa a la humanidad”, tal como señala Emerson. Emerson afirma del extraño que “es lo que queremos que sea” (CW 2:114/172), lo que implica que buscamos la compañía del extraño porque nos dará o inspirará en nosotros algo que ahora echamos en falta, aquello alo que llama en ‘Historia’ nuestra “identidad inalcanzada, pero alcanzable” (CW 2:5/48). Continuando su historia genérica de la llegada del extraño, Emerson escribe que la “casa queda limpia” y entre sus residentes su“llegada casi provoca temor en los buenos corazones que le darían la bienvenida” (CW 2:113/172). Después de todo, la preparación y anticipación de la visita del extraño van muy bien al principio. Hablamos mejor de lo que solemos hacerlo, de modo que “nuestros parientes y conocidos […] sentirán una viva sorpresa por nuestros inusuales poderes”. Pero a medida que la visita continúa, el extraño no resulta tan recomendable como habíamos supuesto y el amigo que habíamos estado buscando sigue siendo lo que queremos que sea. El extraño comienza a “introducir sus parcialidades, sus definiciones, sus defectos, en la conversación”, y después:

Todo ha acabado. Ha oído lo primero, lo último y mejor que jamás oirá de nosotros. Ya no es un extraño. La vulgaridad, la ignorancia y el malentendido son viejos conocidos. Ahora, cuando venga, podrá obtener el orden, el vestido y la cena, pero no el pálpito del corazón y las comunicaciones del alma (CW 2:114/172).

¿Qué se dice de la amistad? No mucho, al parecer. No hay amigos, sino vulgares y “viejos conocidos” que no nos muestran lo mejor de ellos mismos y no suscitan lo mejor en nosotros. Esperamos huir, y durante un rato lo logramos, de esta condición ordinaria con el extraño recomendado. El extraño despierta nuestro deseo siempre presente por “el pálpito del corazón y las comunicaciones del alma”, por una humanidad futura. Pero también nos decepciona.

El pequeño drama de Emerson configura un paradigma del escepticismo vivido en el siguiente sentido: demuestra que nuestras dudas sobre la amistad están justificadas por el curso de la experiencia. La llegada del extraño nos excita con la esperanza del genio —el suyo y el nuestro— y parece que por momentos resulta el ideal que buscamos. Emerson lo lleva a un plano general en ‘Experiencia’ no solo en referencia a los extraños recomendados, sino a nuestros amigos. Nuestros amigos, escribe, “nos parecen representantes de ciertas ideas” (CW 3:251/332), pero hay “una ilusión óptica” en ellos. Cada uno tiene límites que nunca ha cruzado, de modo que lo que parecía espontáneo y vívido “al cabo del año, de la vida, resulta cierta melodía uniforme que debe tocar el eje giratorio de la caja de música” (CW 3:249/330). El ensayo ‘Amistad’ de Emerson es una meditación o un par de variaciones sobre el tema de la esperanza y decepción en nuestras vidas con otros. Su drama inicial contempla varios humores: el “corazón palpitante” de la anticipación y el “temor” de la reunión con el extraño, el creciente orgullo al principio de la conversación cuando nuestros poderes sorprenden a quienes nos conocen, y el estado de decepción y resignación cuando volvemos de una conversación exultante para ser una vez más el “diablo mudo” que saluda a los tediosos y viejos conocidos. Si, tal como Emerson dice en ‘Experiencia’, nuestra vida es “una serie de humores como una cuerda de abalorios”, de los que cada uno muestra “solo lo que enfoca”, entonces el ensayo de la ‘Amistad’ de Emerson resulta un registro de los humores de nuestras vidas con otros.

Volvamos ahora al desarrollo del ensayo de Emerson. Como si empezara de nuevo, en los párrafos cuarto y quinto Emerson pasa a discutir los placeres y ventajas de la amistad, que ahora describe como “un encuentro de dos en un pensamiento, en un sentimiento” (CW 2:114/172). Sin embargo, en su alabanza de la superación de los límites entre individuos radica la sugerencia de la permanencia de esos límites: “Reprendo a la sociedad, abrazo la soledad y, sin embargo, no soy tan desagradecido como para no ver al sabio, al encantado y al magnánimo que de vez en cuando pasan junto a mi puerta”. Esta es una imagen de la amistad a cierta distancia, o tal vez solo admiración, que recuerda el helado placer del párrafo inicial en la gente con la que no hablamos.

El sexto párrafo retoma la visita inminente de un extraño, pero ahora (como si se tratara de una nueva clave) en la primera persona del singular en vez de la primera persona del plural. “Una nueva persona es para mí un gran acontecimiento”, confiesa Emerson, “y me impide dormir”. De nuevo escribe una nota escéptica: “A menudo he tenido hermosas fantasías sobre personas que me han concedido horas deliciosas, pero el gozo acaba con el día; no da fruto” (CW 2:115/174). Aquí no se aprecia decepción alguna con nuestros criterios como tales en cuestión, sino una decepción de modo que los criterios razonables de la amistad —que hemos conocido en nuestros mejores momentos con nuestros amigos— no son conocidos por este nuevo visitante. Emerson oscila entre la apreciación y el escepticismo sobre su amigo: “Debo sentir orgullo por los logros de mi amigo como si fueran míos”, afirma, pero también: “Sobrestimamos la conciencia de nuestro amigo” (CW 2:115/174). ¿Idolatramos a nuestros amigos y ellos a nosotros, o leemos de un modo exacto la realidad y promesa del otro?

Emerson comienza el largo párrafo séptimo con una serie de observaciones y conclusiones escépticas sobre la creencia y el conocimiento:

La amistad, como la inmortalidad del alma, es demasiado buena para ser creída. El amante, cuando contempla a su amada, presiente que no es verdaderamente la que adora, y en la hora dorada de la amistad nos sorprenden sombras de sospecha e incredulidad (CW 2:116/174).

En otros ensayos de Emerson las sorpresas traen alegría y expansión, una nueva perspectiva más completa sobre la vida. Aquí, sin embargo, nos sorprende descubrir que nuestra amiga es más limitada de lo que pensamos, que proyectamos virtudes en ella que no están realmente ahí. En vez de una viva unidad subyacente, Emerson exhibe “una calavera egipcia en nuestro banquete”, “una lejanía infinita” entre las personas.

De esa lejanía Emerson se vuelve a sí mismo, al pensamiento de la confianza en sí mismo de que el “hombre que se mantiene unido a su pensamiento tiene una concepción magnífica de sí mismo”. Aunque no advierta completamente mi propia riqueza, añade, “no puedo sino confiar en mi propia pobreza más que en vuestra riqueza”. El amigo, continúa, no es “el ser”, sino solo “una pintura o efigie”. Lo que conduce a Emerson a la idea que elabora a lo largo de todo su ensayo: que nuestros amigos nos sirven para crecer y ser útiles en vez de acabar siendo elementos de una relación estable e inmutable. El alma “produce amigos como el árbol hojas y, de pronto, pierde la hoja vieja por la germinación de nuevos brotes” (CW 2:116/175). Nuestros amigos, explica la metáfora, son formas de nuestro crecimiento, pero no resultan esenciales para nosotros. Los abandonamos por nuevos amigos, nuevos brotes y hojas. El crecimiento del alma, tal como Emerson lo tiene en cuenta, es una alternancia entre estados de sociedad y soledad, donde cada uno induce el opuesto. “El alma se rodea de amigos”, continúa,

para poder entrar en una mayor soledad o conocimiento de sí misma y marcha sola una temporada para poder exaltar su conversación o sociedad. Este método se revela a lo largo de la historia de nuestras relaciones personales. El instinto del afecto revive la esperanza de unión con nuestros semejantes, y un devuelto sentido del aislamiento nos hace desistir. Así, todo hombre pasa su vida en la búsqueda de la amistad (CW 2:116/175).

El instinto del afecto de Emerson adopta la forma de una carta de muestra que escribe a cada nuevo candidato a la amistad. La carta se expresa en términos de certidumbre y duda: el escritor de la carta no está “seguro” de su amigo, no se atreve a “suponer que le entienda perfectamente”, pero reconoce que el deseo de conocer y ser conocido por su amigo es “un delicioso tormento”.

Como Emerson se niega a aceptar fácilmente lo que pasa por amistad, rechaza también el escepticismo sobre la amistad al principio del párrafo noveno, un giro anunciado de nuevo por las palabras “sin embargo”: “Sin embargo, estos incómodos placeres y excelentes dolores sirven a la curiosidad y no a la vida. No hay que disfrutar con ellos”. La vida, dice Emerson, nos ofrece posibilidades, destellos y horas de algo mejor, y nuestras dudas y decepciones no deberían impedirnos perseguirlos y apreciarlos. No deberíamos apuntar a “un beneficio rápido y vulgar” de nuestros amigos, sino que deberíamostener paciencia para dejarlos ser ellos mismos. Pero después de este consejo pragmático sobre la paciencia, el párrafo se mueve de las posibilidades de la amistad al retrato aciago de la sociedad:

Casi todas las personas descienden para conocerse. Toda asociación debe ser un compromiso y, lo que es peor, la misma flor y aroma de la flor de cada una de las hermosas naturalezas desaparece cuando se aproximan mutuamente. ¡Qué perpetua decepción es la sociedad actual, aun la de los virtuosos y dotados! (CW 2:117/176).

Pero como si el párrafo noveno presentara un tema que será abordado con más intensidad en los párrafos undécimo y duodécimo, Emerson vuelve a considerar la exigencia de que la amistad ideal sea también “real”, algo que podemos encontrar en nuestra experiencia por muy poco que dure. “No quiero tratar a las amistades delicadamente”, afirma Emerson, “sino con el coraje más burdo. Cuando [las amistades] son reales, no son hilos de cristal o escarcha, sino lo más sólido que conocemos” (CW 2:118-119/178). El escepticismo retrocede cuando Emerson avanza la exigencia epistemológica de que conozcamos a nuestros amigos tan bien como conocemos al menos cualquier otra cosa. Al reprimir los temas de este párrafo inicial, Emerson habla de “la dulce sinceridad del gozo y la paz que obtengo de esta alianza con el alma de mi hermano […] ¡Feliz la casa que cobija a un amigo!”

En mitad del inmenso párrafo decimotercero, Emerson realiza un análisis conceptual de la amistad, que se compone de la verdad o la sinceridad por una parte y de la ternura, por otra (CW 2:120/178-179). La sinceridad es una noble virtud, un “lujo”, afirma, “concedido, como las diademas y la autoridad, solo para el rango supremo que tiene permiso para decir la verdad, al no haber por encima nadie a quien cortejar o conformarse” (CW 2:119/179). La sinceridad se asemeja a la conversación franca y a los juicios honestos de los “muchachos indolentes que cuentan con la cena”, en ‘Confianza en sí mismo’, y, “como un lord, desdeñan decir o hacer nada conciliador” (CW 2:29/75).

Emerson escribe en ‘Confianza en sí mismo’ que “nos asusta la verdad, nos asusta la fortuna, nos asusta la muerte y nos asustamos unos de otros” (CW 2:43/92). En el ensayo ‘Amistad’ ese temor es descrito como insinceridad: “Rechazamos y rodeamos la aproximación de nuestro semejante con cumplidos, chismes, diversiones, asuntos” (CW 2:119/179). Por su parte, nuestros semejantes, hombres y mujeres, evitan lo poco que tenemos que decir o conceder al pedir que los complazcamos: cada persona, se lamenta Emerson, “tiene cierta fama, cierto talento, cierto capricho de religión o filantropía en su cabeza que no ha de ser cuestionado y que estropea toda su conversación” (CW 2:120/179).

Con un verdadero amigo, en cambio, uno puede ser completamente sincero, tal como lo es consigo mismo. Un amigo es entonces “una suerte de paradoja en la naturaleza”, argumenta Emerson, porque aunque a) “todo hombre solo es sincero” y b) “cuando entra una segunda persona, comienza la hipocresía”, c) un verdaderoamigo es alguien con quien puedo ser tan sincero como lo soy conmigo mismo. Emerson da a esta paradoja un sesgo metafísico y recuerda, al final del párrafo, el “idealismo” que recorre como un leitmotiv su escritura. Afirma:

Yo, que existo solo, que no veo nada en la naturaleza cuya existencia pueda afirmar de manera tan evidente como la mía, contemplo ahora la apariencia de mi ser en toda su altura, variedad y curiosidad, retirada en una forma extraña; de modo que un amigo puede considerarse la obra maestra de la naturaleza (CW 2:120/179-180).

Este es uno de los muchos momentos en los textos de Emerson donde, junto a su enfrentamiento a una identidad esencial, encuentra asimismo a otro, a veces en la naturaleza, otras veces en las palabras de un poeta, a veces, como aquí, en un amigo. La preparación del encuentro con el amigo ideal es un placer y un espectáculo. Tal como Emerson señala en una de sus aparentes líneas definitivas: “Mi amigo me proporciona entretenimiento sin requerir estipulación alguna por mi parte” (CW 2:120/179).

Emerson distingue dos elementos de la amistad: la sinceridad y la ternura. En el párrafo decimocuarto habla de la ternura, comenzando con la tierna ansiedad que sentimos frente a otro a quien nos dirigimos: “Apenas creemos que otro pueda tener el carácter suficiente para atarnos por amor”. Pero socava su ternura cuando afirma: “Me brindo menos a aquel de quien soy más devoto” (CW 2:120/180). La lección parece ser: sí a la devoción y no tanto a la ternura. La crítica de Emerson (aunque no el abandono) a la ternura se apoya en la discusión del párrafo anterior sobre la sinceridad y confianza en sí mismo. Un exceso de ternura o una idea falsa de la ternura —complacer a alguien o seguir las estipulaciones de alguien— supone la muerte de la amistad porque entra en conflicto con el camino que hemos de seguir.

Emerson esboza así una ternura reformada, combinando “las virtudes municipales de la justicia, la puntualidad, la fidelidad y la compasión” con una dosis de lo extraordinario o nuevo. La amistad ha de “dignificar las necesidades y oficios diarios” de nuestras vidas, pero no degenerará en “algo usual y sabido”. Los amigos “deberían estar alerta y ser inventivos” (CW 2:121/181).[11]

En los párrafos quince y dieciséis Emerson argumenta con cifras: ¿Podrían más de dos personas llegar a la conversación elevada que es la forma que suele adoptar la amistad? Lo que llama la “ley de uno a uno” es fundamental para la “conversación” y la conversación es “la práctica y consumación de la amistad”. La presencia de dos personas es necesaria para la amistad, pero no suficiente, ya que la conversación es cuestión de “afinidad” y no de voluntad. Un hombre con la reputación de ser un gran conversador, explica Emerson, no tiene necesariamente “una palabra [para] su tío o su primo” (CW 2:122/182).

El argumento, que comenzó en el párrafo decimotercero, respecto a la verdad, la ternura y el encuentro con nuestra apariencia majestuosa, está entremezclado con los temas de la distancia, la recepción, la paciencia y la confianza en sí mismo. Emerson vuelve a escribir la lección del ‘Discurso a la Facultad de Teología’, donde advertía a los graduados que no estén “ansiosos por visitar periódicamente a todas y cada una de las familias de su parroquia”, sino que den cuenta de sus visitas ocasionales: “cuando os encontréis a un hombre o a una mujer, sed para ellos un hombre divino, sed pensamiento y virtud, dejad que sus tímidas aspiraciones encuentren en vosotros a un amigo, que sus entrampados instintos se disipen en vuestra atmósfera” (CW 1:90/130). En ‘Amistad’ Emerson escribe que no deberíamos “profanar almas nobles y bellas al irrumpir en ellas”. Un amigo es lo bastante grande para ser reverenciado, pero la reverencia requiere distancia. “Tratad a vuestro amigo como un espectáculo”, advierte Emerson. “Por supuesto, tiene méritos que no son vuestros, y que no podéis honrar, si debéis tenerlo cerca de vosotros. Quedaos aparte; dejad espacio a esos méritos, dejadlos aumentar y expandirse” (CW 2:123/183). La cercanía de la amistad requiere cierta distancia. Pero esa cercanía no es física: “No os aproximaréis más a un amigo por entrar en su casa”. No se trata de tener voluntad, sino de lo que Emerson llama “la elevación de la naturaleza en nosotros hasta el mismo punto en que están: entonces nos encontraremos como el agua con el agua…” (CW 2:123/185).

Emerson escribe en ‘Confianza en sí mismo’: “Haced vuestro trabajo y os conoceré”. La condición para ser conocidos es que hagamos nuestro trabajo. Los amigos tienen más que conocimiento uno de otro, constituyen una unidad. Todo esto se dice en ‘Amistad’, donde Emerson escribe: “Deben ser dos, antes de ser una sola. Que sea una alianza de dos naturalezas amplias, formidables, mutuamente contempladas y temidas, antes de que reconozcan la profunda identidad que las une bajo estas disparidades” (CW 2:123/183).

En el ‘Discurso a la Facultad de Teología’ Emerson contrapone el mensaje amistoso de Jesús con el mensaje temible de la iglesia. Aquí el amigo inspira reverencia e incluso temor. ¿Temor a qué? No al castigo divino de un dios colérico, sino a la condescendencia cuando se eleva a nuevas alturas.[12] Los amigos son iguales cuando se animan uno a otro a hacer mayores esfuerzos y realizar mayores hazañas. Los lectores de Nietzsche encontrarán anticipaciones del capítulo ‘Del amigo’ de Así habló Zaratustra en el pasaje de ‘Amistad’ ya citado y en la continuación de Emerson, que dice como sigue:

No te molestes en reducir esa mirada grande, desafiante, esa belleza desdeñosa de su semblante y acción, fortifícala y auméntala. Protégelo como tu contraparte. Que sea para ti siempre una especie de hermoso enemigo, indomable, devotamente reverenciado, y no una conveniencia trivial que pronto queda pequeña y desechada (CW 2:123-124/184).

Nos alejamosdel amigo que no nos hace bien, pero no del amigo con quien luchamos bellamente. Necesitamos aumentar y conservar al amigo tanto como al bello enemigo. Este amigo ha de estar “siempre” con nosotros.

En un notable pasaje similar en Así habló Zaratustra, Nietzsche escribe:

En el propio amigo debemos honrar incluso al enemigo. ¿Puedes tú acercarte mucho a tu amigo sin pasarte a su bando?

En nuestro amigo debemos tener nuestro mejor enemigo. Con tu corazón debes estarle máximamente cercano cuando le opones resistencia…

¿Eres tú aire puro, y soledad, y pan, y medicina para tu amigo?…

¿Eres un esclavo? Entonces no puedes ser amigo. ¿Eres un tirano? Entonces no puedes tener amigos.[13]

El tirano de Nietzsche se corresponde con el “amigo” demasiado tierno o solícito de Emerson que quiere que lo complazcamos. Nosotros, quienes lo complacemos, somos sus esclavos. Los amigos tanto de Nietzsche como de Emerson conservan y aumentan su propia libertad y poder tanto como los de sus amigos. Tal como Emerson señala en la última sentencia de su ensayo, la amistad “trata a su objeto como a un dios para poder deificarlos a ambos”.

El ensayo de Emerson progresa de una amistad difusa a cierta distancia a nuestras decepciones con nuestros amigos, hasta la realidad de la amistad en nuestras vidas y su promesa de algo mejor que cualquier amistad que hayamos logrado alguna vez. El ensayo concluye con la repetida advertencia de que una gran parte de lo que aceptamos como amistad no es real. El tono concluyente se pone en el párrafo veintidós, que inaugura un estilo ligeramente hastiado de la vida: “Cuanto más elevado sea el estilo que exigimos de la amistad, desde luego, menos fácil será establecerlo en carne y hueso. Caminamos solos en el mundo. Los amigos, tal como los deseamos, son sueños y fábulas” (CW 2:125/185).

Respecto a nuestra impaciencia por la camaradería Emerson continúa diciendo que nos conformamos con la amistad de un tipo ínfimo: con “alianzas impetuosas y absurdas”, “relaciones falsas” y “ligas de amistad con personas baratas” (CW 2:125/183-184). Al reprimir los temas de la afinidad y paciencia, aconseja a sus lectores no recurrir a otros que les pertenezcan por naturaleza, sino que persistan en sus propios caminos. No por voluntad, sino solo por la atracción de su carácter serán capaces de “atraer” a sí mismos “al primogénito del mundo”.

Haciéndose eco de los primeros pasajes sobre la virtud de la pobreza doméstica en contraposición con el encanto de la riqueza exterior, Emerson afirma:

Viajamos a Europa o perseguimos a las personas o leemos libros con la fe instintiva de que nos harán salir y revelarnos a nosotros mismos [cursivas mías]. Mendigos todos. Las personas son como nosotros; Europa, una vieja y marchita vestimenta de muertos; los libros, sus fantasmas. Deshagámonos de esta idolatría. Acabemos con esta mendicidad. Despidámonos aun de nuestros mejores amigos y desafiémoslos diciendo: “¿Quiénes sois? Soltadme; ya no dependeré de nadie” (CW 2:125-126/186).

Mendigamos cuando deberíamos hallar en casa lo que necesitamos. A quienes mendigamos son también mendigos. Emerson llama a nuestra práctica de mendigar “idolatría”. Confundimos a otro mendigo con un dios. Los ídolos están hechos de piedra, mientras que la divinidad reside en el poder del pensamiento y la transición, por ejemplo, en las conversaciones y enfrentamientos de grandes amigos.

En el penúltimo párrafo del ensayo Emerson confiesa que en sus “humores lánguidos” no seguirá el consejo que ha dado. Se ocupa de “objetos extraños” en vez de su propio progreso y se conforma con el “gozo doméstico” y la “cálida simpatía” que constituyen en gran parte lo que pasa por amistad en sentido ordinario. Sin embargo, también declara ante su alejamiento de esas amistades una política de aversión que corre paralela con la relación con los libros que recomienda en ‘El escolar americano’. Aun cuando los libros sean una gran parte de la educación del escolar, su verdadero propósito es inspirar el pensamiento del escolar. Esa es la razón de que “los libros son el momento de ocio para el escolar” (CW 1:57/97). No se trata de que no hagamos nada al leer, sino de que leer es algo secundario para nuestra vida. Con los amigos pasa como con los libros:

Obro entonces con mis amigos como con mis libros. Quisiera tenerlos donde pueda encontrarlos, pero rara vez los uso […] No puedo permitirme hablar demasiado con mi amigo. Si es grande, me vuelve tan grande que no puedo descender para conversar. En los días grandes, los presentimientos se ciernen sobre mí en el firmamento […] Entonces, aunque aprecio a mis amigos, no puedo permitirme hablar con ellos y estudiar sus visiones, para no perder la mía (CW 2:126/186-187).

Al final del ensayo ‘Amistad’ irrumpen los temas de la confianza en sí mismo y de la extrema aunque benigna separación de los otros. Emerson acaba el penúltimo párrafo pensando que se encontrará con sus amigos “como si no lo hiciera y se separará como si no lo hiciera”. En el último párrafo del ensayo retoma la idea de la amistad a distancia: “Recientemente me ha parecido más posible de lo que creía mantener una gran amistad, por una parte, sin la debida correspondencia por la otra”. Pero socava inmediatamente las supuestas ventajas o virtudes de esa clase de amistad cuando afirma: “Sin embargo, estas cosas no pueden decirse sin traicionar de algún modo la relación. La esencia de la amistad es la entereza, una total magnanimidad y confianza” (CW 2:127/188). ¿Dónde nos conduce esto?

Volviendo atrás en el ensayo ‘Amistad’, podemos ver que Emerson ofrece un rango de experiencias que constituyen la amistad: las batallas titánicas entre bellos enemigos, la brillantez y expansión de la conversación, una soledad gozosa, como si alguien se hubiera ido y no llegado, una general benevolencia hacia la gente en la calle con la que no hablamos, la cálida simpatía y gozo doméstico que compartimos con un amigo familiar, la decepción de un amigo perdido. El don de nuestros mejores amigos, sostiene Emerson, como los dones del arte o la literatura, es un sentido de nuestro propio poder y perspectivas.

Si tuviéramos que registrar una crítica del ensayo de Emerson, se debería a algo que omite, a saber, la muerte de un amigo. No hay duda de que soy especialmente sensible con ese tema, ya que he perdido a un amigo querido el año pasado. No es que Emerson no supiera nada de tal pérdida, pues cuando publicó Naturaleza en 1836, había perdido a su esposa Ellen y a Charles, su hermano más joven. De hecho, expone la cuestión de la muerte de un amigo en el quejumbroso y un tanto abrupto final del primer capítulo de Naturaleza. Después de alabar la naturaleza por sus comodidades y rememorar una experiencia extática “con charcos de nieve, al oscurecer”, Emerson acaba el capítulo como sigue:

La naturaleza siempre vive de los colores del espíritu. Para un hombre que trabaja bajo el peso de una calamidad, el calor de su propio fuego resulta triste. Entonces hay una especie de desprecio del paisaje, como el que experimenta quien acaba de perder a un amigo querido. El cielo no parece tan grande como cuando se cierne sobre una población menos valiosa (CW 1:10-11/45).

Aquí el mundo como un todo pierde importancia: estamos en el dominio de lo que Wittgenstein llama el “mundo” del“hombre infeliz”.[14]

Hay otra forma en la que perder a un amigo tiene lugar en nuestras vidas, en la que el mundo como un todo no pierde su valor o importancia, pero sí una parte de nosotros que resulta amenazada. Emerson nos orienta en la dirección correcta para apreciar esto cuando escribe en ‘Leyes espirituales’: “En el humor que puede contagiarnos un amigo reside su dominio sobre nosotros”.[15] La palabra “dominio” significa control o señorío, así como las tierras o dominios de un lord. Reuniendo estos sentidos, podemos entender a Emerson como si expresara que nuestro amigo nos deja vivir en un dominio en el que solo entraríamos con el humor con que pudiera llevarnos. Ahora, cuando el amigo muere, el humor con que podría llevarnos, el dominio en el que vivíamos juntos bajo su autoridad, muere con él. Pienso en esto como en un encogimiento del yo, una pérdida de una parte de nosotros que solo se muestra con su amigo.[16] (Emerson sugiere un punto de vista diverso en ‘Experiencia’ al considerar la pérdida de su hijo y encontrar, para su propia sorpresa y estupor, no una pérdida de la identidad, sino una identidad aún intacta aunque incapaz de absorber o procesar los acontecimientos de su vida.)

El escepticismo de Emerson sobre la amistad es parte de su crítica a las formas ínfimas, conformistas que adopta principalmente la vida humana. Su explicación de la amistad muestra una profunda atención a la perfección moral —a nuestra identidad inalcanzada pero alcanzable, solo y con otros—, así como una conciencia igualmente profunda de lo que llama “la queja de la tragedia” que tiene lugar en nuestras vidas “respecto a las personas, la amistad y el amor”.

Traducción de Antonio Fernández Díez

[1] Russell B. Goodman es Regents Professor, Emeritus, del Departamento de Filosofía de la Universidad de Nuevo Méjico. Es autor de American Philosophy and the Romantic Tradition (Cambridge, 1990), Wittgenstein and William James (Cambridge, 2002) y American Philosophy Before Pragmatism (Oxford, 2015), y editor de volúmenes dedicados al pragmatismo, Stanley Cavell o el neoplatonismo . Ha publicado artículos sobre Emerson en Journal of the History of Ideas, ESQ: A Journal of the American Renaissance, The Oxford Handbook of American Philosophy y The New Emerson. Ha sido Fulbright Senior Lecturer en la Universidad de Barcelona, conferenciante en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Edimburgo y dirigido seminarios sobre Emerson y el pragmatismo para el National Endowment for the Humanities.

[2] The Collected Works of Ralph Waldo Emerson, Harvard UP, Cambridge, Mass., 1971, vol. 2, p. 115 [en adelante, en el cuerpo del texto, CW, volumen y número de página, seguido de la paginación de Ensayos, trad. de J. Alcoriza, Cátedra, Madrid, 2014, salvo cuando seguimos otra traducción].

[3] The Collected Works of Ralph Waldo Emerson, Harvard UP, Cambridge, Mass., 1971, vol. 2, p. 115 [en adelante, en el cuerpo del texto, CW, volumen y número de página, seguido de la paginación de Ensayos, trad. de J. Alcoriza, Cátedra, Madrid, 2014, salvo cuando seguimos otra traducción].

[4] Emerson usa el término en ‘Cultura’ (CW 6:72, donde se escribe “master-tones”), pero sigo la adaptación del término por parte de Cavell al entender que nombra los principales temas de su obra [‘Cultura’, en La conducta de la vida, trad. de J. Alcoriza y A. Lastra, Pre-Textos, Valencia, 2004]. Véase Stanley Cavell, ‘Finding as Founding: Taking Steps in Emerson’s Experience’, en Emerson’s Transcendental Études, Stanford UP, 2004, p. 117.

[5] Russell B. Goodman, ‘The Colors of the Spirit: Emerson and Thoreau on Nature and the Self’,enNature in American Philosophy, ed. de J. De Groot, The Catholic University of America Press, Washington D.C., 2004; ‘Emerson’s Mystical Empiricism’, enThe Perennial Tradition of Neoplatonism, ed. de John J. Cleary, Leuven UP, 1997; ‘Paths of Coherence Through Emerson’s Philosophy: A Reading of Nominalist and Realist’, en The Other Emerson, ed. de B. Arsić y C. Wolfe, Minnesota UP, 2010.

[6] CW 2:87 [‘Leyes espirituales’, trad. de A. Fernández Díez, en Desobediencia civil. Historia y antología de un concepto, ed. de A. Lastra, Tecnos, Madrid, 2012].

[7] CW 1:82-83 [‘Discurso a la Facultad de Teología’, en Naturaleza y otros escritos de juventud, ed. de J. Alcoriza y A. Lastra, Biblioteca Nueva, Madrid, 2008].

[8] S. Cavell, ‘Thinking of Emerson’, en Emerson’s Transcendental Études.

[9] S. Cavell, The Claim of Reason, Oxford UP, Londres, 1979, p. 440 [Reivindicaciones de la razón, trad. de D. Ribes, Síntesis, Madrid, 2003]

[10] En la Ética a Nicómaco de Aristóteles, la reciprocidad es una condición necesaria para la amistad.

[11] Esta mezcla de lo diario y lo inventivo encaja bien con las descripciones de Cavell de la “comedia de enredo matrimonial” en Pursuits of Happiness. The Hollywood Comedy of Remarriage, Harvard UP, Cambridge, Mass., 1999 [La búsqueda de la felicidad: la comedia de enredo matrimonial en Hollywood, trad. de E. Iriarte, Paidós, Barcelona, 2008].

[12] Cf. la afirmación de Emerson de que la “virtud es Elevación” (CW 2:40/88).

[13] The Portable Nietzsche, ed. de W. Kaufmann, Penguin, Nueva York, 1977, pp. 168-169. Nietzsche volvió a leer los ensayos de Emerson durante el verano anterior a su composición de Así habló Zaratustra [trad. de A. S. Pascual, Alianza, Madrid, 2015, pp. 52-53]. Véase la introducción de Walter Kaufmann a The Gay Science, y mi ‘Moral Perfectionism and Democracy in Emerson and Nietzsche’, en ESQ: A Journal of the American Renaissance, 43/1-4 (1997), pp. 159-80.

[14] Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus, Routledge y Kegan Paul, Londres, 1963, § 6.43 [Tractatus logico-philosophicus, trad. de J. Muñoz e I. Reguera, Alianza, Madrid, 2012].

[15] CW 2:84 (Emerson, ‘Leyes espirituales’, p. 138).

[16] William James, The Principles of Psychology, Harvard UP, Cambridge, Mass., 1983, pp. 280-282.

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