Dónde estabas el día del fin del mundo II

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LUIS ÁNGEL LOBATO, Dónde estabas el día del fin del mundo, Ediciones Cálamo, Palencia, 2014, 64 pp. ISBN 978-84-96932-85-2.

Un amor que alcanza una altura tan importante como la profundidad del pozo al que da paso el desamor. Luis Ángel Lobato nos obsequia, en este poemario de unidad temática, con un lenguaje coloquial que crece tanto como el corazón del lector necesita, para empatizar desde el primer verso y continuar latiendo en la misma sintonía hasta el último.

En Dónde estabas el día del fin del mundo, los paisajes que otrora se dibujaron con trazos dulces alentando la vida se rompen y caen en el vacío que la pérdida va horadando en los días: “el dolor obsceno / de la pérdida, / las ruinas / de lo que aún me resta por vivir”, hasta convertirla en una vida desconocida sumida en la soledad: “y el peso / del desamparo / envejece mi vida / en otra vida extraña”.

Luis Ángel Lobato analiza con el instrumental del recuerdo un amor y disecciona al mismo tiempo lo que de él aún resta en su esencia. Encuentra un amor extendido por todo su ser que, dependiendo del momento, aparece como antídoto o veneno en una lucha que alcanza el tuétano de la desazón: “Es ese tumor de plomo / en mi corazón. Esa enfermedad / cristalizada: los días / sin ti”. Una angustia que parece no tener fin: “Porque te juro / amor mío / que no hay final para la pena”. Y roto el amor: “No sé / qué va a ser de mí“, o “¿Qué será de nosotros / cuando el amor se haya ido?”, ¿qué motivo quedará para existir?

Acabada la lectura del poemario, una profunda sensación me conduce  hasta estas líneas de Luis Cernuda:

“¿No será posible reunirte para siempre con la criatura que tanto quieres?… Si no es posible, ¿qué razón tiene el vivir, cuando aquello en que se sustenta es ya pasado?… Ya no hay dioses que nos devuelvan compasivos lo que perdimos, sino un azar ciego que va trazando torcidamente, con paso de borracho, el rumbo estúpido de nuestra vida.” Regreso a la sombra.

Durante todo el poemario, Luis Ángel Lobato sabe transmitir de forma sutil el calor de aquellos días felices y el frío de la soledad, generando así esa niebla que perdura durante toda la obra.

Dónde estabas el día del fin del mundo, es un libro que me ha cautivado ya desde su título. Es esa poesía a la que vuelves en tantas ocasiones y, cada vez, haces más tuya…

Ángel Gálvez

 

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