Museo / Series la torre del Virrey

Museo Nº 21. Artista Moisés Martínez Martínez.

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ÚLTIMOS TESTIMONIOS DE TSUKIJO

Inagurado en 1935, aunque sus orígenes, se remontan al período Edo, es el mayor mercado de pescado del mundo. Se calcula que por sus instalaciones pasan más de 2000 toneladas de pescado al día. Uno de sus principales atractivos y por los que más se ha conocido a lo largo de la historia, es por su lonja, donde se subastan gigantescos atunes rojos (procedentes de Japón y de todas las partes del mundo). Aquí, los Oroshi Gyosha (vendedores mayoristas) ponen valor a los productos que cada día son subastados. Entre los pujantes ha destacado el japonés Kiyoshi Kimora, quien en la primera subasta de enero de 2016, pagó por un atún rojo, la friolera de 14 millones de yenes (108.376 euros), aunque  quedándose por debajo de la que el propio  Kiyoshi Kimora, pagó en 2013 por otro atún rojo (155,4 millones de yenes, 1.07 millones de euros).

Para ver esta actividad, había que llegar al mercado hacia las 3 h. de la madrugada, donde solamente unos pocos privilegiados tenían acceso a este espectáculo de la subasta, que se llevaba a cabo entre las 5.20 h  y las  7 h de la mañana. Mientras, toda la actividad de embalado, despiece, etc., del pescado, se iba realizando en su edificio principal.

El mercado se hallaba en el barrio de Tsukiji Shijo, cerca de la estación del mismo nombre. Pero desde noviembre de 2016, el mercado de pescado más famosos del mundo, ha sido trasladado a la vecina isla artificial de Toyosu. Se estima que el nuevo mercado tenga una extensión mayor, con unas 40 hectáreas, alrededor de un 40% más del ya desaparecido mercado. Sin embargo, esperemos que el encanto y atractivo fotográfico que nos ha brindado durante todos estos años, siga haciendo honor a su popularidad y podamos verlo de nuevo en cualquier visita a la capital nipona.

Con esta serie de fotografías reflejo el esfuerzo diario que llevan a cabo estos duros y cordiales comerciantes, mientras descuartizan sus productos marinos. El color, las luces de neón, los recónditos y a veces oscuros pasillos atestados de cajas, el agua circulando por el encharcado suelo, los vehículos que recorren todo este caótico laberinto a toda prisa, es solo una pequeña muestra del auténtico ambiente comercial y laboral del pueblo japonés.

Tokio, verano de 2015.
Moisés  Martínez Martínez
www.moisesmartinez.photography