Museo / Artistas la torre del Virrey

Fukuda Luna

iconEsculturas de hierro

Fukuda Luna, Una sencilla manera de ver el mundo. Consideraciones sobre la filosofía del arte de Martín Heidegger.

Yo soy un hombre de pocas palabras, guardo grandes silencios y la forma que tengo de comunicarme con mi entorno, con el mundo que me rodea, es a través de mis figuras. En mis figuras quiero plasmar lo que guardo en mis silencios. Para mí hablar es obrar, es crear formas figurativas con el hierro. Para realizar mis figuras utilizo fragmentos de hierro seleccionados que, una vez los sueldo, representan, sugieren, dicen, expresan mis silencios y mi modo de ver la realidad. Para mí, mis figuras de hierro expresan con palabras la claridad y obscuridad del mundo, de la vida misma.

De entre los montones de fragmentos de hierro que selecciono, para cada figura escojo sólo aquellos que responden al pensamiento que quiero expresar en ese momento. Entonces intento transformar una masa inerte, como es el hierro, en una sugerencia constructiva que una vez hecha, adquiere vida propia, tiene dimensiones, secciones, perspectivas, interpretaciones diversas, todas ellas unidas por una relación espacial.

La obra de arte, según Heidegger, tiene un lado de claridad, de abrir el mundo, de apertura, y, al mismo tiempo, cuando abre el mundo, se le presenta el lado de sombra, el lado de la Tierra, el lado obscuro del mundo y de nosotros mismos.

Lo que yo hago quiere mostrar la claridad del espacio, y, mostrando la claridad del espacio, se muestra también la obscuridad del mundo, la obscuridad de la Tierra. Mis esculturas tienen siempre estos dos aspectos: claridad del mundo y obscuridad de la Tierra; quieren convertir en tema lo que la obra de arte es, según Heidegger. Por un lado, mi arte es abstracto, conceptual; pero, por otro lado, contiene también guiños a lo figurativo del mundo. Es lo figurativo deshaciéndose entre la claridad del espacio y lo impenetrable de la Tierra. Esto es otra versión del mismo tema de Heidegger.

Esto mismo que les acabo de decir se puede decir de otra manera: mis esculturas tienen un lado claro, pero también tienen un lado de obscuridad, de miedo y de angustia: la angustia del ser humano ante sí mismo y ante su propia soledad. Muestran al ser humano viéndose en la solemne, inmensa y elemental claridad del espacio, y viéndose a sí mismo en esa inmensa y elemental claridad del espacio, ve también su lado obscuro, y le invade la angustia ante sí mismo y el miedo ante sí mismo.

Paso a continuación a explicarles brevemente dos de mis figuras, Animal de fondo y Tierra obscura, que tienen que ver con Juan Ramón Jiménez y con su poema Animal de fondo, que puede considerarse una glosa de las ideas de Heidegger.

Animal de Fondo. Homenaje a Juan Ramón Jiménez: Con ella rindo homenaje al libro Animal de fondo (1949), uno de cuyos 29 poemas se llama ‘Soy animal de fondo’. Las poesías de Juan Ramón Jiménez nos sugieren fascinantes presencias:la Tierra, el aire, el mar, la luz. Esto equivaldría al lado claro de mis figuras. Pero estas poesías también nos cantan la angustia del hombre frente a sí mismo, la soledad y los silencios del ser humano; nos hablan del pasar del hombre por la Tierra como un pasar instantáneo, rapídisimo, de las cosas como pasajeras y de la vida humana como obscuridad y enigma, como un impenetrable brillar un instante en la luz; y éste sería el lado obscuro de mis figuras.

Cito un breve trozo del poema ‘Soy animal de fondo’:

“En fondo de aire” (dije) “estoy”, (dije)
“soy animal de fondo de aire” (sobre tierra),
ahora sobre mar; pasado, como el
aire, por un sol que es carbón allá arriba,
mi fuera, y me ilumina con su carbón el
ámbito segundo destinado.
Pero tú, dios, también estás en este fondo
y a esta luz ves, venida de otro astro;
tú estás y eres
lo grande y lo pequeño que yo soy,
en una proporción que es ésta mía,
infinita hacia un fondo
que es el pozo sagrado de mí mismo.

Tierra obscura. Con ella quiero expresar lo impenetrable de la Tierra; esto sería otra vez el lado obscuro de mis figuras. Tierra obscura quiere expresar ese pozo sagrado de mí mismo del que habla Juan Ramón Jiménez. En esta figura no hay espacio para la claridad. Es como cuando el día se vuelve hacia adentro, cuando la luz es tragada por la tiniebla; o es como cuando viendo y mirando, dámos con el punto ciego del ojo que es la obscuridad dentro de la luz misma.

Yo lo que quiero decir es que mi obra se tiene que mirar por estos dos lados, viendo un lado de transparencia y otro lado de obscuridad. Pero siempre es la misma materia que unas veces se transparenta en la claridad, por eso juego con los huecos, y otras veces se cierra sobre sí misma y se vuelve obscura: el hierro ya no tiene huecos entonces, sino que se hace pesado, grave y compacto.

Diciembre de 2010