LAS RAÍCES DE EUROPA

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A título de adelanto y primicia en España, estos son algunos extractos del libro de Jurate Rosales Las raíces de Europa, actualmente en imprenta para su distribución en América Latina. La autora, Jurate Rosales, nacida en Kaunas, Lituania, en 1929, reside en Venezuela y dirige desde 1985 el semanario venezolano Zeta, de mayor distribución en el país. Jurate Rosales recibió en 2011 por la publicación de los primeros capítulos de este libro en lituano un doctorado Honoris Causa de la Universidad Educológica de Vilnius. La versión completa, con el original en español, fue terminada en octubre de 2015.

Extractos del capítulo XIV. La consuetudinaria costumbre de mezclar a todos los “bárbaros” en un mismo grupo ya causó, como se muestra en este libro, mucha confusión en las interpretaciones históricas, pero ninguna ha sido tan flagrante y errónea como la de mezclar dos invasiones distintas ocurridas en España: la de los suevos, vándalos y alanos, quienes cruzaron los Pirineos y entraron en España en septiembre u octubre del 409, y la de los godos, 63 años más tarde, sucedida en circunstancias totalmente distintas.

Ni siquiera la señal de partida, la de los godos de Radagaiso hacia Italia y la de los suevos-vándalos-alanos hacia Francia, fue coincidente, porque hasta en eso hubo un lapso: los godos partieron en otoño, como era su costumbre, mientras que los vándalos, suevos y alanos dieron la señal de partida en invierno, varios meses más tarde, viajaron desde otro lugar y en otra dirección, incluso persiguiendo otras metas.

Los saqueos de los suevos-vándalos-alanos en las Galias (Francia) se desarrollaron entre 406 y 409, y posteriormente en España entre 409 y 411. En esa misma época, los godos estaban en Italia, como lo demuestra la toma de Roma en agosto del 410. Reiterarlo parece una perogrullada, pero si más adelante queremos determinar la influencia que ejercieron los godos en España, la identificación de cada grupo por separado adquiere su importancia.

Las campañas bélicas en Europa tenían sus propios calendarios: lo normal era esperar hasta después de la entrada de las cosechas y tardarse unas semanas más por el inicio de la temporada de caza. Se trataba de que cada unidad reclutada localmente, pudiese llevar suficiente reserva de pan y carne salada o ahumada para alimentar a sus hombres en la primera fase de la marcha, antes de alcanzar territorios que ya también tendrían sus cosechas almacenadas en sus graneros. De manera que la marcha de Radagaiso no fue la excepción y su partida de las tierras que los romanos llamaban “Escitia”, se sitúa hacia fines de otoño del año 405. Las huestes godas se internaron en la provincia de Raetia, penetraron en Italia nororiental y de allí progresaron sin encontrar resistencia. (Según nuestras indagaciones, Radagaiso partió de las tierras bálticas de los galindos.)

Ante el avance del enemigo, el imperio no tuvo otra alternativa que desguarnecer su defensa del Rin, llamando de emergencia a las legiones romanas a Italia, con el fin de enfrentar a Radagaiso y resguardar Roma. Galia (Francia) quedó como una mansión con el portón abierto para el primer intruso que quisiera entrar.

Aprovechando la brecha, se juntaron tres grupos procedentes de tres naciones distintas: vándalos (una muy antigua nación, posiblemente formada localmente en la cultura de Pszewor, hoy Polonia occidental), alanos (pueblos arios nómadas, provenientes de una antigua migración llegada de Asia) y suevos (germanos que habitaban lo que hoy es Alemania). Su disparidad étnica y operativa se confirmará posteriormente al mantenerse separada cada nación a la hora de buscar una solución sedentaria. La partida del grupo en pleno invierno no era característica de una marcha bélica con una planificada preparación y hace pensar en una inesperada improvisación al aparecer la oportunidad de enriquecerse rápidamente.

Aquí caben varias observaciones. En las fuentes de la época, no aparecen nombres de uno o varios jefes que dirigiesen la marcha del mencionado trío de nacionales. Tampoco parece haber existido un plan de campaña, porque sabemos que después de cruzar el Rin, los invasores se disgregaron en varios grupos y en direcciones distintas. No se constata intento alguno de imponer condiciones al adversario vencido, fuesen de pagos de rescates o entrega de tierras, lo cual podría indicar que sólo se aspiraba aprovechar la oportunidad de saquear.

Inicialmente, los vándalos y alanos atravesaron el norte de Alemania en dirección oeste sin que hubiese testimonios de saqueos en ese recorrido, quizás porque se les unieron los suevos que se hallaban en su propio territorio. El grupo cruzó el río Rin en la ciudad de Maguntiatum (hoy Maguncia, en alemán Mainz), el 31 de diciembre 405, fecha que precisa Próspero de Aquitania (c. 390-c. 455), quien refiere la noticia diciendo que los vándalos y los alanos ingresaron en las Galias atravesando el Rin: “Wandali et Halani Gallias trayecto Rheno ingressi”,[1] lo que deja la incógnita de cuándo y cómo se les unieron los suevos.

San Jerónimo, en su Epístola 123, dice que las primeras ciudades saqueadas fueron, si las llamamos por sus nombres actuales, Maguncia y Worms, desde donde un grupo siguió el curso del Rin para atacar Espira y Estrasburgo, y otro se dirigió a lo que hoy es el norte de Francia y Bélgica y saqueó una tras otra Metz, Amiens, Arras y Tournai. Posteriormente, todos se voltearon hacia el sur, atravesaron el río Loira y sometieron, según aparece en la Historia Francorum de Gregorio de Tours, las ciudades de Tolosa, Vienne, Burdeos, Périgueux, Cahors, Clermont y Angulema. El historiador Peter Heather elaboró el itinerario de esa invasión, amparándose en los testimonios de cada saqueo, y allí vemos que, a partir de Maguncia, los asaltantes se separaron en grupos que recorrieron toda Francia.[2]

En cuanto al grado de destrucción infligido por los invasores, el compendio editado por John Drinkwater y Hugh Elton bajo el título de Fifth-century Gaul: A crisis of Identity?,[3] cita testimonios en su mayoría provenientes de autores contemporáneos a los hechos, en los que se refleja un cuadro dramático. En el mencionado compendio, el historiador M. Roberts introduce el análisis de esos testimonios con la famosa frase de Orientus: “Toda Galia está llena del humo de una sola pira funeraria”,[4] y menciona de inmediato los poemas Carmen ad uxorem escrito por Próspero de Aquitania para su esposa, y Epigramma Paulini, que narra el inicio de la invasión de suevos, vándalos y alanes en los años 406-7.

Heather reproduce un pasaje de la carta de Próspero de Aquitania a su esposa, que nos permitimos traducir porque refleja el sistema social que tenían las Galias y que fue destruido por la invasión : “El que volteaba la tierra con cien arados, ahora ara con un sólo par de bueyes; el hombre que a menudo pasaba en un carruaje por espléndidas ciudades, ahora está enfermo y avanza penosamente a pie en medio de un paisaje desierto; el comerciante que cruzaba los mares con diez amplias naves, se embarca ahora en un pequeño esquife y es su propio timonel. Ninguna aldea ni ciudad es lo que era, todo corre de prisa hacia su fin.”[5]

Fueron dos años de desenfrenado saqueo, en un país que nadie defendía, salvo en esporádicos intentos de la propia población o durante la defensa de la ciudad de Tolosa organizada por su obispo, según relata San Jerónimo. En otoño del 409, la destrucción era tan devastadora que Galia se quedó sin cosechas y los invasores, al quedar sin alimentos, se vieron impelidos a cruzar los Pirineos, penetraron en Hispania y allí reanudaron sus saqueos y matanzas.

Hidacio (c. 400-c. 469), quien sería luego obispo de Aqua Flavia, fue testigo ocular del cruce de los Pirineos y dice que ocurrió “el 28 de septiembre o 12 de octubre, no está seguro de la fecha exacta, pero recuerda que fue un martes”.[6] La descripción que hace Hidacio de lo que entonces sucedió es, según lo resume el historiador Pablo C. Díaz Martínez, “absolutamente catastrofista […] la asociación de las bestias, la espada, el hambre y la enfermedad son una recreación del Apocalipsis, pero que [Hidacio] presenta acompañada de información de tipo concreto.”[7]

Inicio del capítulo XV. Los godos no llegaron a Francia como invasores, sino como representantes del legítimo gobierno imperial. Se presentaban en nombre de Roma, la potencia que gobernaba Francia y España desde hacía cuatro y cinco siglos respectivamente. Para cuando los godos aparecieron, ambos países ya estaban profundamente romanizados: Roma les había impuesto y consolidado su lengua y su cultura, así como su complejo sistema administrativo, económico y jurídico. Los godos venían en calidad de enviados del emperador a países romanos, no para saquear sino para vencer y expulsar a los saqueadores. Fueron recibidos no como enemigos, sino como fuerza del orden, que en ese momento era lo que la población más anhelaba.

El problema era que los godos necesitaban tierras, pero también eso encontró solución en la legislación romana, que tenía prevista la presencia de “huéspedes”, a quienes los propietarios locales debían ceder dos tercios de sus tierras a cambio de protección militar.

Últimamente ha aparecido una serie de trabajos que reflejan esa realidad, entre ellos un documentado volumen de Rosa Sanz Serrano (2009)[8] y el didáctico libro de Ana María Jiménez Garnica (2010),[9] dos obras que reúnen mucha información recientemente recopilada. Allí encontramos, presentada con una precisión que antes no conocíamos, la descripción del marco jurídico bajo el cual los godos se instalaron en el sur de Francia y posteriormente en toda España.

Rosa Sanz Serrano cita al autor W. Goffart (1980, pp. 162 y ss.), quien aduce que en aquel momento, muchas tierras en el sur de Francia se habían quedado sin sus dueños, de modo que el reparto no habría sido difícil. Alude también a J. Durliat (1997, p. 153 y ss.) quien considera que poco uso puede darle un soldado a una tierra, pero olvida, como bien lo observa la autora, que los godos “eran agricultores”.[10] Finalmente, Sanz Serrano se apoya en Orosio, quien presenta un retrato más completo de la situación:

… los bárbaros, despreciando las armas, se dedicaron a la agricultura y respetan a los romanos que quedaron allí poco menos que como aliados y amigos, de forma que ya entre ellos hay algunos ciudadanos romanos que prefieren soportar libertad con pobreza entre los bárbaros, que preocupación por tributos entre los romanos.[11]

Esa misma expresión de preferir los godos a los romanos la volvemos a encontrar en otro contemporáneo de los hechos, Salvino, quien afirma que el pueblo ya no quiere llamarse romano: “De esta manera, gran parte de los hispanos y una no menor de los galos, en fin, en todo el universo romano, la injusticia romana los ha inducido a no ser más romanos”.[12] La “injusticia” era aparentemente los tributos que recaudaban los romanos.

Otros testigos de la época nos presentan una visión distinta a la de Orosio y Salvino y lo hacen en forma de poemas, escritos por miembros de la aristocracia galorromana que lamenta la pérdida de sus riquezas. Recordemos que en los días postreros del sistema romano, en Galia e Hispania existían grandes propiedades, mayormente trabajadas por esclavos, que habían producido cuantiosas rentas a una aristocracia privilegiada y que se estaba ahora viniendo a menos. Basta con recordar cuántos senadores romanos de extracción ibero o galorromana, llegaron a ser dueños de extensos dominios e ingentes fortunas.

Lo que observamos en esos poemas galorromanos de la época, escritos por la casta más acaudalada y la que mayor pérdida de bienes asumió, es la descripción de su ruina. En el Carmen de Providencia Dei, el autor culpa a los godos de haber destruido urbe, castella et oppida, urbes, castillos y citanias, se lamenta por la pérdida de ganado, cosechas de uva y olivas, acusa a los invasores godos de robar tesoros, relata la destrucción de mobiliario, habla del collar de oro que ceñirá el cuello de una doncella goda, “argenti atque auri amissis, hunc rapta supellex, perque nurus geticas diuisa monilia torquent. Hunc pecus abductunt, domus usta epotaque uina officiunt” y, en su lamento, retrata la destrucción, más que de bienes materiales, de todo un modo de vida.[13]

En otro largo poema, los Eucarísticos de Paulino de Pella, el autor relata su vida y describe paso a paso como fue perdiendo gradualmente su fortuna, con episodios que reflejan el acontecer diario de una persona que no ha sabido granjearse la protección de los godos –lo dice–, mientras otros sí lo lograron, afirma. Un pormenorizado análisis de estos poemas aparece en una tesis de Raúl Villegas Marín: Estudio Histórico Doctrinal, la cual, si bien versa sobre la influencia de la religión en aquel momento, nos interesa particularmente por revelar la profunda transformación del sistema económico imperante.[14]

Los godos que poseían esclavos, mayormente capturados en actos de guerra, eran generalmente la elite militar. Los demás colonos godos trabajaban ellos mismos la tierra y cuidaban sus animales, exactamente como lo habían hecho antes de su marcha a occidente. Es en el quehacer campesino donde dejaron en España un legado de usos, costumbres e incluso palabras de su lengua.

Entre la llegada de los vándalos, suevos y alanos a España y la colonización de la península por los godos, pasaron seis décadas. Es de notar que la primera incursión goda en España no dejó colonos. La colonización vino más tarde.

La permanencia del rey de los visigodos Athaulpho en Cataluña fue relativamente breve, si bien los godos intentaron dominar la Septimania por la importancia de sus puertos mediterráneos. Después de la muerte de Athaulpho en Barcelona en el año 415, las primeras campañas de Valia, efectuadas en nombre del imperio, romani nominis causa según Hidacio, consumaron la promesa hecha a Roma: los vándalos silingos fueron “todos extinguidos” por el rey Valia, según lo refiere textualmente Hidacio. Tampoco se supo más de los alanos. Valia retornó a Francia, ya que a partir de entonces llegaron tropas romanas a España y reemplazaron las huestes godas. Fue en esa primera incursión cuando los godos entraron en Hispania y luego se fueron sin dejar colonos. Según cuenta Próspero de Aquitania (390-455), el rey visigodo Valia se atuvo a la paz que había firmado con Roma en 418, recibiendo la provincia de Aquitania Segunda para asentarse en ella: “Constantius patricius pacem firmat cum Vallia data ei ad inhabitandum secunda Aquitania et quibusdam civitatibus confinium provinciarum”.[15]

Luego, el rey godo Teodorico I volvió a España para combatir a los suevos, esta vez en nombre de otro emperador romano, Avito. En el año 456 los venció en Braga, estableció temporalmente su corte en Mérida (España), continuó guerreando para controlar Bética y los godos ocuparon paulatinamente todo el Guadalquivir. Nuevamente, la fuente de información de esos acontecimientos es Hidacio.

Fue posiblemente a partir de las conquistas de Teodorico I cuando se inició el primer avance visigodo a España, incrementándose luego en forma ya documentada a partir del año 494. La Crónica Caesaraugustana señala que en el año 494 Gothi in Hispanias ingressi sunt, pero en 497 ya dice que Gothi intra Hispanias sedes acceperunt, de modo que según esa información la colonización goda de España tomó realmente cuerpo entre esas dos fechas: en 494 “ingresaron” y en 497 ya estaban asentados.[16]

Esta lenta colonización se aceleró súbitamente, cuando los visigodos perdieron ante los francos la batalla de Vouillé en el año 507 y tuvieron que abandonar el sur de Francia. Algunos godos posiblemente se quedaron en Aquitania, pero el grueso cruzó los Pirineos, y quienes llegaron, esta vez no fueron solo granjeros en busca de nuevas tierras, sino la aristocracia del reino, que se vio forzada a trasladarse a España. La masiva y definitiva mudanza goda a España tuvo lugar después de la derrota de Vouillé, cuando el Estado godo perdió sus tierras en Francia y el “reino de Tolosa” se convirtió en “el reino de Toledo” en España.

LOS CAPÍTULOS XVI y XVII  VERSAN SOBRE LOS CAMBIOS QUE EL IDIOMA GODO INTRODUJO EN EL LATÍN, DANDO COMO RESULTADO EL CASTELLANO. Se enumeran los cambios fonéticos introducidos por la pronunciación goda, las modificaciones gramaticales ocurridas en aquel momento y los aportes del vocabulario.

En el año 475, Eurico, rey de los visigodos, recibió una delegación romana, encabezada por el obispo italiano Epifanio de Pavia, enviada por Roma a hablar de paz en nombre del emperador Nepote. La entrevista, cuyos detalles fueron descritos por Ennodio, se realizó a través de un intérprete, porque Eurico se negó a hablar latín y se atuvo a “una serie de balbuceos vernáculos incomprensibles en lengua goda”.[17]

Más tarde, en el reino ostrogodo de Italia, reaparece la referencia al idioma godo. El historiador Patrick Amory cita una carta de Atalarico dirigida al patricio romano Cipriano, felicitándole por criar sus hijos al estilo de los “gentiles” (propio de los godos), enseñándoles el arte de las armas y la lengua goda: pueri stirpis Romanae nostra lingua loquuntur.[18]

El rey ostrogodo Atalarico reinó en Italia desde el año 526 hasta el 534. Los dos episodios indican que después de llegar a España e Italia, los godos seguían hablando su idioma. ¿Cuál era? O más bien, ¿cuáles eran?

Hasta la fecha, la indicación más valiosa de la presencia báltica en España proviene de uno de los más insignes lingüistas del siglo XX, el ruso Vladimir Toporov (1928-2005).

Este filólogo moscovita de fama mundial, especializado en los idiomas bálticos antiguos, publicó en el año 1982, en idioma ruso, un estudio sobre la nación báltica de los galindos y su presencia en España.[19] Viniendo de una gran autoridad, sorprende la atención que brinda Toporov al nombre Galindo (cita dos páginas de ejemplos recopilados en España, en su mayoría repetitivos, cada uno con su procedencia), empezando por el Galin Garçíaz el bueno de Aragon y Galind Garçíez el bueno de Aragon, de El Mio Cid.[20] Al mencionar la ruptura política acaecida en el año 711 con la derrota goda ante los árabes y la desaparición del reino visigodo, Toporov se pregunta cuánto tiempo lograron los galindos mantener su idioma vivo en España.[21]

La pregunta de Toporov, nos conduce a una interrogante adicional: ¿qué pasa si muchas de las modificaciones que sufrió el latín hablado en Hispania fuesen en realidad el producto del cruce de dos lenguas, el latín y alguno de los idiomas o dialectos bálticos y el recuerdo de ese idioma persistiese todavía en el castellano moderno? Viéndolo bajo ese ángulo, asombra que los cambios introducidos en el latín de España después de la llegada de los godos no se limiten a la aparición de uno o dos indicios en particular, sino que evidencian el trasplante global de un sistema que se inserta en otro sistema. No se trata meramente de rasgos aislados y disgregados, sino de un ADN completo que una vez injerto en el tronco latino, produjo nuevos frutos.

Los sonidos que un báltico no podía pronunciar, son sustraídos de las palabras latinas; en cambio los sonidos de su idioma que no existían en el latín, aparecen insertos en las palabras latinas. Los cambios morfológicos – que incluyen la estructura gramatical de cada idioma – son todavía más notorios. El sólido y muy complejo sistema morfológico báltico parece haberse encontrado con un igualmente sólido sistema latín y de esa colisión sale un modus vivendi, en el que ambos lados se despojan de lo incompatible, como por ejemplo las diferencias en sus respectivas declinaciones, sustituyéndolas por la muleta de las preposiciones.

Los nombres bálticos en su mayoría se componían de dos raíces, rasgo que el filólogo Zigmas Zinkevičius observa en muchos idiomas indoeuropeos, pero considera que en lituano “los nombres de dos raíces desde lo más antiguo, suponían un significado de alcurnia, hidalguía”.[22] Efectivamente, es frecuente encontrar dos raíces en los nombres de los reyes visigodos de España y de esas, la más frecuente segunda raíz en el nombre sería –rico, ej. Ala-rico, Vite-rico, Amala-rico, etc. El verbo báltico rikau- significa reinar, gobernar, viene de muy lejos, porque su antecesor es la voz báltica *rika – orden, una fila ordenada, que a su vez viene del verbo báltico *rīk-/*rik-/*reik- cortar, gravar, según aparece en el diccionario etimológico del antiguo prusiano (la más antigua lengua báltica conocida) elaborado por el lingüista Vytautas Mažiulis.[23]

Igual a –rico, es –redo, como en Teodo-redo, Reca-redo, con el significado de “gobierno y orden”, según ese mismo diccionario etimológico prusiano.[24]

No menos interesantes son los –svint, en Chinda-svinto, Rece-svinto y Svintila. Esta raíz báltica llamó la atención del filólogo catalán José Corominas quien la citó dándole el significado de “santo” y afirmó haberla leído en textos que atribuía al sorotáptico, idioma prehistórico que creyó encontrar en la región fronteriza entre Francia y España.[25] Es de notar, que aúnque teniendo esa raíz por báltica, nunca la cotejó con los nombres de los reyes godos, lo cual indica que hace muy poco, esta relación todavía era inconcebible en España.

Finalmente el malogrado rey Rode-rico, que la pronunciación k>g transformó en Rodrigo, indica otro aspecto del orden social, puesto que roda[26] significa concejo. Es una voz muy antigua al juzgar por el amplio campo semántico que abarca en el idioma lituano y por sus ramificaciones en los idiomas eslavos, principalmente en Bielorrusia, Polonia y Ucrania, lo que nos vuelve a ubicar en las antiguas tierras bálticas galindas. Entre sus muchos significados, el más frecuente es de orden social, es el concejo que reúne a varias personas para conversar, aconsejarse, decidir o emprender una tarea común. Rode-rico, sería en este caso el jefe del concejo. Entre las ramificaciones del significado de la palabra roda en el hablar lituano, están: reunión, consejo, conversación, medida, decisión, solución, asunto, meta.[27] Es de suponer que cada aldea se regía por un concejo que a su vez tenía un jefe, lo que explicaría la gran frecuencia del apellido Rodríguez en el mundo hispano. Textualmente, Rodríguez es el hijo del jefe del concejo.

EXTRACTO DEL CAPÍTULO XVIII, REFERIDO A LEX GODORUM. Los godos introdujeron en España la palabra rectora de su rol en la sociedad: el garbo, en lituano garbė (honor), del verbo lt. gerbti, gerbia, gerbė, honrar, respetar, lt. Garbingas, honorable, respetable. En lituano, garbės žodis, textualmente “palabra de garbo”, tiene el significado de palabra de honor y es un compromiso sagrado.

Cabría considerar si dentro de ese concepto, no estaría incluida la noción de “lavar el apellido” y los frecuentes asesinatos del rey por un pariente cercano, al considerar que el monarca no había estado a la altura de sus compromisos de honor. Esto sería tanto más probable, en cuanto que entre los bálticos, faltar a un juramento merecía la muerte. Explica la Enciclopedia Lituana que “de acuerdo con los fragmentos sacados de diversas fuentes, se concluye que en la Lituania pagana, el juramento cumplía una importante función. […] Romper un juramento era castigado con la muerte en la horca”.[28]

La escrupulosidad en las cuestiones de honor no se limitaba a mantener la honra del apellido, también incluía un ritual de comportamiento. La honra, o el garbo, se manifestaba a través de gestos rituales, tales como tocar con la palma de la mano la palma del adversario al sellar la paz con el enemigo. La Crónica Versificada de Livonia (Letonia) del siglo XIII, relata que cuando los representantes del gobernante de Samogitia pactaron en el año 1257 la paz con la orden germana de los cruzados, procedieron al juramento “según la costumbre de ellos”, tocando con la palma de la mano, la palma de la mano del enemigo.[29] El gesto tenía el valor de un juramento de paz, explica el cronista.

Podríamos considerar que muchas de las actitudes de los reyes godos en Italia y España se debían a su obediencia a lo que considerarían “normas divinas”, que exigen de cada persona y principalmente de un rey, el cumplimiento de ciertos requisitos dictados por un orden superior. Hay en los reyes godos actitudes de humildad que serían inconcebibles en un gobernante romano imbuido de su poder. Adquiere sentido una de las más alucinantes escenas del reino visigodo: la deposición del rey Wamba por haber sido tonsurado mientras dormía, como magistralmente describió esa escena el historiador José Orlandis.[30] Al despertar tonsurado, Wamba no podía seguir siendo rey y perdió la corona, pese a haber sido el salvador del reino y vencedor de batallas decisivas. Pocas circunstancias describen con igual precisión el apego godo a los formalismos y a los gestos simbólicos.

En los reinos visigodos de Tolosa y de Toledo, el rey actúa como si su poder fuese limitado por compromisos, que a veces lucen más de consciencia que de política. En los primeros tiempos del reino visigodo, la mayoría de los reyes no eran hereditarios, sino elegidos o impuestos, lo que obligaba al nuevo rey a cumplir lo que llamaríamos “sus promesas electorales”. De modo que podríamos suponer, que en España, el antiguo poder sacerdotal pagano, por la fuerza de la costumbre, terminó recayendo en el Concilio de Toledo, mientras que el poder temporal, al ser inestable, fue lo que más influyó en crear en el reino visigodo de Toledo, una constante zozobra política.

Habría que considerar asimismo la desestabilización que pudo haber creado la desaparición de los antiguos sacerdotes paganos, intérpretes de un orden superior, no solo a nivel judicial, sino en el mantenimiento de la continuidad del reino.

CAPÍTULO XIX. ¿Por qué el lugar de origen de los godos, descrito en el siglo XIII en España por el rey Alfonso X El Sabio, difiere tanto de lo que nos relatan hoy día los historiadores? Esta ha sido la primera pregunta con la que tropecé y la que me llevó a buscar una respuesta. Pronto, a partir de allí, surgieron muchas preguntas más. Obviamente, en alguna parte, había un error que arrastraba otros errores, así como una mentira obliga a seguir mintiendo. A medida que indagaba, encontré una maraña de equivocaciones históricas. Cada capítulo de este libro tuvo que apartar clichés petrificados, escarbar y recoger pedazos dispersos de lo que realmente pudo haber ocurrido. Apareció una secuencia de hechos incontrovertibles y concatenados, tan numerosos y extendidos en el tiempo histórico, que para poner el punto final a este libro, me veo ahora obligada a emular las novelas de misterio, reuniendo en el último capítulo a todos los actores del drama para relatar, a modo de conclusión, dónde se encontraba cada quien “a la hora del crimen”.

Alfonso X El Sabio reinó en Castilla y León entre 1252 y 1284. Tanto él como su padre, Fernando III El Santo, fueron destacados guerreros de la Reconquista, pero el arma importante de Alfonso, además de la espada, fue la pluma. Comprendió que para comunicarse con quienes le seguían en sus luchas, no podía hablarles en latín, que ya era una lengua muerta. Por primera vez en España, en todos los escritos del reino, se sustituyó el latín por el castellano. Alfonso X era rey de Castilla e incluso su nombre quedó como Alfonso X de Castilla.

Entre las numerosas obras que en la corte del rey fueron traducidas al castellano, figura una voluminosa Historia de España, en cuyo párrafo 386 “comiença la estoria de los godos et cuenta de que yentes fueron et de quales tierras salieron”.[31] Allí, el rey ubica el sitio de origen de los godos en la boca del Vístula, de donde, dice, parte una gran isla llamada Scançia, “que cerca toda la tierra et a las costas aduchas (adyacentes) como en arco, et es luenga (larga) et encierrase en si, et en si misma se acaba”. Es esta la descripción precisa de la costa suroriental del mar Báltico, donde un brazo de arena muy largo y angosto, llamado Istmo de Curlandia, parte del golfo que recibe las aguas del río Vístula y forma una isla que rodea la tierra en arco, extinguiéndose a la altura del actual puerto de Klaipėda.

MAPA

El primer mapa detallado de Prusia oriental fue elaborado por Caspar Hennenberg en 1576. Se aprecian los tres brazos de la desembocadura del río Vístula en el golfo de Gdansk y la “isla” que empieza en este lugar. En el siglo XIX, el primer traductor del texto original de Jordanes al alemán, Wilhelm Martens, en su afán de atribuir el orígen de los godos a Escandinavia, obvió en la traducción que la isla se ve (in conspectu) desde la boca del Vístula y que después de un largo recorrido se acaba en sí misma per longum ducta concludens se. Sin embargo en el medioevo, sin disponer de mapas, Alfonso X El Sabio traduce a Jordanes diciendo que la isla “cerca toda la tierra, et a las costas aduchas (adyacentes) cuemo (como) en arco, et es luenga (larga) et encierra se en si, et en si misma se acaba. Et correl aparte de orient el rio Vistula…”.

Como ya dijimos y reiteramos insistentemente en este libro, esa zona fue habitada por bálticos desde la prehistoria hasta fines del siglo XIII después de Cristo. La Orden Teutónica (germana) conquistó su franja occidental y se asentó en Prusia en el año 1309. Para entonces, Alfonso X llevaba dos décadas de fallecido. De modo que en su tiempo, Prusia era territorio báltico y es el lugar que el rey describe en detalle como el punto de partida de los godos. El día en que me topé con ese texto en la biblioteca de libros raros,[32] mi primera pregunta fue ¿por qué nadie se dio cuenta de lo que decía el rey? ¿De dónde sacó el rey su información? Aquí, la respuesta fue fácil, porque el mismo Alfonso lo explica en la introducción de su Historia de España : “mandamos ahuyentar (reunir) quantos libros pudimos auer de historias en que alguna cosa contasen de los fechos dEspanna, et tomamos de la cronica dell arzobispo don Rodrigo que fizo por mandato del rey don Ffernando nuestro padre (…)”. Se refería al arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, quien escribió la historia de los godos por encomienda de Fernando III El Santo, padre de Alfonso X El Sabio. Esa información me hizo retroceder a Rodrigo.

El políglota arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada (1170-1247), escribió su historia de los godos recopilando un texto escrito en el año 551 en Constantinopla por Jordanes. Así lo afirma el mejor conocedor del texto toledano, Juan Fernández Valverde.[33] El detalle está en que Rodrigo escribió la historia de los godos en latín. Alfonso X repitió su texto y por primera vez lo hizo traducido a otro idioma, que era el castellano. En conclusión: los primeros capítulos de la historia de Jordanes reaparecen en el latín medieval de Rodrigo y a su vez, están en la traducción al castellano de Alfonso X. Los tres textos —Jordanes, Rodrigo y Alfonso— coinciden en cuanto a la precisión con que ubican el lugar de origen de los godos en la boca del Vístula y la isla que parte desde ese lugar, cercando la tierra. Hasta allí, entre ellos tres no hay contradicción alguna.

El historiador Jordanes vivió en el siglo VI y explica que escribió la historia de los godos, posteriormente llamada la “Gética”, resumiendo de memoria una historia más amplia, escrita en su tiempo por el senador romano Marco Aurelio Casiodoro (c. 485-c. 580) al que el rey de los ostrogodos Teodorico (454-526) la habría dictado personalmente. Jordanes posee la gran virtud, poco frecuente en su tiempo, de citar sus fuentes y en los capítulos que versan sobre la más antigua historia de los godos, explica que se ha guiado por la memoria oral de sus cantos “que son como un libro de Historia”, y por el historiador Ablabius, que “describe muy bien al pueblo godo en su verídica historia”.[34]

Tal es, por lo tanto, la descripción que nos dejan los propios godos, conocedores de su pasado: Jordanes se define como tal, la historia oral que cita, sería la más antigua fuente goda, Ablabio es historiador de los godos y Teodorico es un rey godo, vástago de la dinastía ostrogoda de los Amalos.

La historia escrita por Jordanes era considerada el más importante documento sobre el pasado godo y por ende, en su tiempo, un aporte fundamental a la historia de Europa. Según el traductor moderno de Jordanes, José María Sánchez Marín, en el alto medioevo el texto de Jordanes fue utilizado por el Geógrafo de Rávena, por Gregorio de Tours, por Paulo Diácono, entre otros. Deben haber sido muchos los manuscritos existentes, porque incluso hoy, más de cincuenta se encuentran conservados en diferentes sitios, de acuerdo con una lista elaborada por F.Giunta y A.Grillone, según afirma José María Sánchez Marín.[35] Estas mismas fuentes muestran que a partir de la aparición de la imprenta, la obra de Jordanes fue objeto de innumerables ediciones, la primera conocida siendo la de Conrad Peutinger, en Augsburgo en 1515. En ese mismo siglo XVI aparecieron ediciones impresas en Basilea, París, Francfort, Leiden.

En el siglo XVII se imprimieron las ediciones de Ginebra, cuatro ediciones seguidas en Hannover, otra en Hamburgo, una en Ámsterdam y otra más en Rouen, sin contar las de París. En el siglo XVIII la fiebre “jordaniana” fue disminuyendo y sólo se menciona una obra compuesta, editada en Milán en 1723. Luego, en el siglo XIX, la Gética de Jordanes fue reeditada nuevamente, pero ya no para ilustrar al lector sobre la antigua historia de Europa, sino para criticar a Jordanes, quien de informativo, pasó a “equivocado”. El vuelco se debió a la Biblia de Ulfilas.

A diferencia del éxito de Jordanes, la Biblia que Ulfilas tradujo a un idioma “gótico”, permaneció olvidada durante mil años hasta que un fragmento de ella, consistente de los cuatro Evangelios, fue encontrado en el convento alemán de Werden en 1569. Fue considerado durante los dos siglos siguientes como pieza de colección, debido a su lujosa apariencia. Pasó a un amplio conocimiento público a partir de 1769, cuando el lingüista sueco Johan Ihre lo analizó e identificó como el más antiguo testimonio escrito en un idioma germano. Esa revelación generó una convicción mundial de que los godos fueron germanos.

Podríamos decir que a partir de ese momento, Ulfilas “mató” a Jordanes por una razón que no carecía de peso: lo que Jordanes relataba, no coincidía con lo que se sabía de los germanos. La Biblia era un hecho palpable. La palabra de Jordanes podía ser cierta o falsa, ergo, Ulfilas era una prueba tangible y Jordanes debía estar equivocado.

En la segunda mitad del siglo XIX, los ingentes trabajos del latinista alemán Theodor Mommsen, quien dedicó su vida a la publicación de los antiguos textos romanos, incluyeron el acopio de los manuscritos que pudo reunir de la Gética de Jordanes. Simultáneamente, el texto de Jordanes publicado por Mommsen, fue traducido en 1884 por el latinista Wilhelm Martens. Era la primera traducción conocida de Jordanes del latín a un idioma moderno, después de la que en el siglo XIII había hecho Alfonso X al castellano, si bien la del rey siguió el texto presentado unos años antes por Rodrigo Jiménez de Rada. Entre las dos traducciones, la de Alfonso y la de Martens, habían transcurrido siete siglos. En ese espacio de tiempo, muchas cosas habían cambiado en Europa.

El primer cambio era de orden geográfico. La bahía que Jordanes llama correctamente “Codano” y donde desemboca el Vístula, había modificado radicalmente su apariencia. La isla a la que se refiere Jordanes, empezaba antiguamente en el lado occidental de la bahía y la atravesaba, de allí pasaba al mar abierto extendiéndose hasta el puerto de Klaipėda. A lo largo de los años, las sedimentaciones arenosas que formaban una cadena de islas dentro de la bahía, fueron cubiertas de agua. Era algo que Martens no podía saber, porque los mapas históricos de la bahía de Gdansk son de muy reciente divulgación: un estudio técnico del delta del Vístula por el ingeniero Kazimierz Cebulak fue publicado en 2010[36] y un monumental análisis del Vístula, obra conjunta de las universidades polacas de ese mismo decenio, confirmó los grandes cambios geográficos ocurridos en la bahía en los últimos siglos. De tal manera que cuando Jordanes se refería a la isla que se veía desde la boca del río, en su tiempo, ella ocupaba todo el largo de la bahía y obviamente, era una conformación geográfica llamativa, pero en la época de Martens, la isla empezaba del lado oriental de la desembocadura del río y en la bahía misma no se veía sino agua. En tiempos de Martens, la tierra más cercana en dirección Oeste a partir de la boca del Vístula, era Escandinavia, por lo menos en el mapa, porque obviamente no era posible abarcar a simple vista todo el ancho del mar Báltico y “ver” la península escandinava.

Otro gran cambio era político y demográfico. Después de la marcha sobre Roma, las tierras bálticas fueron objeto de sostenidas incursiones eslavas y germanas. En el siglo VI comenzó la primera expansión eslava, que gradualmente cubriría gran parte de los Balcanes. A partir del siglo VIII esa invasión se enrumbó hacia lo que hoy es Polonia, Rusia, Ucrania y Bielorrusia, transformando amplias extensiones de tierras bálticas étnicas, en países de idioma eslavo. En el siglo XIII avanzaron los germanos: se derrumbó la frontera báltica de Prusia oriental. La orden teutónica de los cruzados se apoderó de la región del bajo Vístula. El idioma prusiano dejó de existir y cinco siglos más tarde, sólo se conocían de esa lengua báltica los últimos vestigios anotados por algunos letrados.

Finalmente, en el siglo XVIII, el estado polaco-lituano fue desmembrado por Rusia, Prusia y Austria en tres etapas: 1772, 1793 y 1795. Lituania cayó en poder de Rusia y el Gran Ducado de Lituania dejó de existir, convirtiéndose en una lejana provincia de la Rusia zarista. Otra nación que seguía manteniendo vivo su idioma báltico, Letonia, pasó igualmente a formar parte del imperio del Zar. En el siglo XIX, los bálticos estaban desaparecidos del mapa político de Europa.

La dificultad que tuvo Martens cuando hizo la traducción de Jordanes, consistió en no saber a qué nación se refería la obra. El Estado báltico no existía. La Biblia de Ulfilas sí. Por consiguiente, los godos debían ser germanos. A partir de allí, Martens se vio obligado a afrontar un escollo insalvable: el relato no correspondía a lo que se conocía de los pueblos germánicos. Lo que relataba Jordanes, partía en su totalidad del Este de Europa y de regiones que los pueblos germánicos nunca habían pisado.

Las primeras palabras de la Gética, que no son de Jordanes sino que aparentemente provienen de la copia de un texto de Rufinus,[37] no causaban dificultad alguna, pero a partir del momento en que comienza el relato que sería del propio Jordanes, la descripción del lugar de origen de los godos deja de cuadrar con la realidad político-geográfica del siglo XIX. La solución de Martens fue adaptar su traducción a lo que él creía saber. La palabra báltica Scançia —la inundada— fue interpretada como “Escandinavia”, en un aparente esfuerzo por coincidir con un origen germánico.[38]

Al inventar en vez de traducir, Martens falseó a partir de allí el resto del relato, transformándolo en un incomprensible galimatías, sin que se supiera quién es quién, ni se lograran entender los objetivos políticos de los diferentes grupos. Jordanes, el historiador más reeditado y universalmente respetado hasta el siglo XVIII por considerársele el excelso relator de la antigua Historia de Europa, ingresó, a partir de la traducción de Martens, a la categoría de los charlatanes.

El siguiente traductor después de Martens, el inglés Charles Christopher Mierow, trató de excusar a Jordanes por lo que, también él, consideraba una serie de inventos: “He is so credulous, and tells in all sincerity such marvellous tales of the mighty achievements of his people, that the reader is drawn to him by his very loyalty and devotion to the defeated Gothic race in whose greatness he has so confident a belief”[39] (Es tan crédulo y cuenta en toda sinceridad tan maravillosos logros de su pueblo, que el lector está atraído por su mera lealtad y devoción hacia la vencida estirpe goda en cuya grandeza cree con tanto convencimiento). Implícitamente, Mierow también consideraba a Jordanes un iluso.Han transcurrido 130 años desde la traducción de Martens, pero el invento del origen escandinavo sigue perdurando, las referencias académicas y literarias siguen llamando a los godos “germanos” y esa matriz de opinión, creada por una cadena de errores involuntarios, será difícil de erradicar.

Scandia o Scançia no es un personaje, sino una región, pero su importancia para entender el pasado de Europa, la eleva a la categoría de prueba maestra de la identidad de los godos. Según Jordanes, los godos partieron de Scandia, palabra que en los idiomas bálticos significa la que se inunda, lo que efectivamente ocurre en ese lugar cada primavera, cuando el deshielo de los ríos sumerge brevemente las muy bajas tierras de los deltas del Vístula y el vecino Nemunas. El agua, al retirarse, deja “gran cantidad de sedimentos, peces muertos y otros restos orgánicos”. En una época en que el hombre ya sembraba pero no conocía el abono, la zona garantizaba el sedentarismo, ya que no había necesidad de mudarse al agotar la tierra. Cabe agregar otras ventajas del área: bahías con cómodos puertos (Dantzig, Kaliningrado, Klaipėda y Riga), peces abundantes en un mar cerrado entre la costa y la isla, y la recolección del ámbar en la isla que bordea la costa.

El hecho de que Jordanes llame el lugar “Scandia” —la inundada— indica que entre las ventajas que en la antigüedad ofrecía esa zona, sobresalía la de las inundaciones primaverales (un caso análogo a las inundaciones del Nilo en Egipto, fuente de sus famosas cosechas de trigo). Las condiciones del lugar sin duda permitían un mayor crecimiento demográfico y la consiguiente emigración del exceso poblacional, porque Jordanes define ”Scandia¨ como un lugar que es “casi fábrica de gente y ciertamente como la vagina de las naciones” (Scandia insula quasi officina gentium aut certe velut vagina nationum).[40]

Tenemos que tomar en cuenta que las poblaciones de Europa son mucho más antiguas, individualmente definidas y estables, de lo que se pensaba en tiempos de Martens o Mierrow. En el caso de los bálticos, la arqueología y la genética coinciden en confirmar que en sus tierras originarias (que geográficamente incluyen Scandia), se ha mantenido la misma estirpe humana desde el fin de los glaciares hasta la fecha.[41] Por otra parte, los recientes adelantos de la arqueología en toda Europa y particularmente en Francia, nos ofrecen un cuadro de organización social y cultural desde épocas del neolítico, con sociedades estructuradas, dotadas de características propias. Los bálticos no eran la excepción.

La historia relatada y fechada por Jordanes se inicia en el 1490 a.C.[42] y parte, siempre según Jordanes, de la región de Scandia. Explica que en aquel momento, los godos conquistaron las tierras de los Ulmerrugios y los Vándalos. Sabemos que los Rugii, según Tácito, eran germanos y vivían entre los ríos Vístula y Oder. Los vándalos, según la arqueología, serían oriundos del sitio de la cultura de Przewor, por lo tanto, efectivamente, eran sus vecinos surorientales. Jordanes en el año 551 no sabía de arqueología, pero dice correctamente: “eorum vicinos Wandalos”,[43] sus vecinos los vándalos. Siempre según Jordanes, la permanencia de los godos en esa región, duró el tiempo de cinco generaciones.

Las veces que desde el año 1940, los lingüistas alemanes, rusos y polacos observaron la presencia de toponímicos bálticos al Oeste del río Vístula, llegando incluso no solo al río Oder, sino hasta la boca del Elba, aparecen resumidas en el magnífico libro del lingüista Umberto Dini Foundations of Baltic Languages al que se puede acceder por Internet.[44] Dini cita los nombres de numerosos académicos que revelaron esta antigua presencia, algunos de renombre mundial, como Vladimir Toporov. El área que contiene nombres bálticos abarca principalmente Pomerania y Mecklemburgo, incluyendo la región de Berlín.

Quizás no sería aventurado suponer que la aparición de esa nomenclatura báltica se originó en el período que relató Jordanes. Cabría agregar en este aparte de suposiciones, que la incursión goda presumiblemente iniciada en el 1490 antes de Cristo,[45] podría haber constado en otras fuentes antiguas, o que los manuscritos de Jordanes utilizados por Mommsen quizás poseían un texto incompleto, porque tanto el toledano como el rey Alfonso X, ofrecen información adicional acerca de esa invasión. El arzobispo repite textualmente las palabras de Jordanes en cuanto a la referencia a los Vándalos, pero termina la frase con lo siguiente: “et diuersos reges ex suo genere habuerunt”,[46] lo que Alfonso X traduce al castellano: “et ouieron de so linaje reyes departidos”,[47] indicando que los godos “repartieron” en la región conquistada, reyes de su estirpe. Estas palabras, al indicar una versión de los hechos más completa que la relatada por Jordanes, sugieren que para entonces, los godos ya poseían un sistema de gobierno.

En lo que respecta una migración de los godos hacia otras tierras, nuevamente aparece una discrepancia entre el texto reproducido por Mommsen y el que utilizó el obispo toledano, porque mientras el texto de Jordanes referido por Mommsen afirma que los godos abandonaron la región conquistada en lo que hoy es Alemania porque se habían multiplicado mucho, el toledano es más preciso y utiliza el nombre de los rugios para decir que su tierra no era apta para la agricultura, razón por la que los godos la abandonaron: “et uidens Rugorum terram ubertatis penuria laborare…”,[48] lo que en Alfonso X aparece como “vio cuemo non era tierra de grand plantia”.[49]

Ya anteriormente, según precisa el toledano, el rey godo Gardarico había conquistado tierras en Escitia y Gepidia (que sería la antigua Dacia, hoy Rumania). La llegada de los godos a Escitia y su papel en el gobierno de Dacia están ampliamente descritos por Jordanes y la inserción de un idioma báltico en el reino de Dacia, es tema del capítulo II de este libro. De modo que hasta allí, podemos seguir con bastante fluidez el relato de Jordanes.

Lo que viene luego es la marcha a Asia, episodio que más contribuyó a desacreditar a Jordanes, si bien era el de más fácil comprobación, por las avasallantes similitudes existentes entre los idiomas bálticos y el sánscrito, una antigua lengua encontrada en la India. Los godos disponían, desde Ucrania, de un fácil acceso al Cáucaso. Según Jordanes, se enfrentaron al faraón egipcio Vesoso (Sesostris) junto al río Fasis (actual Rioni en lo que es ahora la República de Georgia). El rey godo vencedor del faraón en esa batalla se llama Tanauso, lo que podemos interpretar como un epónimo de Tanais, antiguo nombre del río Don, y confirmaría que en aquel entonces, los godos dominaban la cuenca del Don, lo cual vuelve a coincidir con Jordanes, quien afirma que los godos habían vencido a los “spalos”,[50] que eran, efectivamente, los habitantes de esa cuenca del Don.[51] Con el camino abierto a través del Cáucaso, los godos penetraron en Asia, formaron una alianza con el imperio Meda y siguieron avanzando: “…paene omnem Asiam subjugavit et sibi tunc caro amico Sorno, regi Medorum, ad persolvendum tributum subditos fecit, ex cujus exercitu victores tunc nonnulli, provincias subditas contuentes et in omni fertilitate pollentes, deserto suorum agmine, sponte in Asiae partibus resederunt.”[52] Igual lo repite el toledano y a su vez lo traduce Alfonso X al castellano: “…conquirió toda Asia, quel no finco ende sino muy poco [conquistó toda Asia de la que no dejó sino muy poco] et dio la por pechera [la dio a la señoría, para cobrar tributo] a Formis, rey de Media que amaua ell entonces mucho. Et muchos de los de la hueste de Thanauso que eran buenos en armas, veyendo las provincias que auian conqueridas cuemo eran muy abondadas de todos fructos, dexaron las campannas de los suyos [dejaron las tropas de los suyos] et fincaron se [se quedaron] de moradas viviendo en aquella tierra de Asia”.[53] En las fuentes latinas, Pompeyo Trogo afirma que en aquel momento los “escitas”, o sea los godos según Jordanes, llegaron a Bactria,[54] que sería lo que hoy es Afganistán y parte de Pakistán.

Según la línea de tiempo que trazó Gutschmid según el relato de Jordanes, el reino de Tanauso duró 33 años, de 1323 a 1290 a.C.[55] De manera que coincidiríamos en tiempo y lugar geográfico con la aparición del sánscrito, el idioma indoeuropeo encontrado en la India. Según resume una autoridad como el lingüista Francisco Villar refiriéndose a “una explicación ampliamente mayoritaria”, “entre 1400 y 1000 a.C., los indios penetraron en la India desde Occidente, a través de Irán y Afganistán, y ocuparon en primer lugar el valle del Indro, donde había florecido una antigua civilización agrícola…”.[56] Esa conquista aparece descrita en los Vedas. Debemos agregar a lo dicho por Villar, que el idioma de esos Vedas, el sánscrito, tiene la particularidad de poseer coincidencias de gramática y vocabulario con los idiomas bálticos. Las similitudes entre el sánscrito y las lenguas bálticas fueron objeto de ingenuas conclusiones en el siglo pasado. La Encyclopedia Americana de idioma inglés, en su edición de 1954, afirma que un lituano puede comprender lo que dice un hindú de Cachemira,[57] lo cual es falso, aun si “suena bien”. Lo mismo decía la Enciclopedia Británica en 1882. Mucho más fidedigna es la afirmación del lingüista hindú Chaderzhi Suniti Kumar, quien viajó en la década de los años 1960 a Letonia con el objeto de comparar los cantos sánscritos con las antiguas “dainos” bálticas y concluyó que “está unánimemente e indiscutiblemente reconocido que el idioma lituano se parece al sánscrito más que cualquier otro.” [58] En cuanto al contenido, Chatterdzhi explica que “podríamos decir con toda propiedad que los cantos védicos y las dainos bálticas constituyen dos cuerpos literarios emparentados, que se complementan mutuamente”.[59] Por su lado, el profesor letón Rosma Grisle confirma: “La lingüística comparada revela una asombrosa coincidencia entre los idiomas bálticos y el sánscrito”. El propio Jordanes dio la clave de ese idioma al observar la alianza de los medas (indo-iranios) con los godos, que para nosotros son los bálticos. ¿Acaso esa información no es la respuesta exacta a la mezcla que creó el idioma sánscrito?En el año 551, cuando escribió su historia de los godos, Jordanes no podía saber que doce siglos más tarde, Gran Bretaña conquistaría la India y uno de los funcionarios ingleses, William Jones, descubriría el sánscrito. Mucho menos podía sospechar, que una nueva ciencia, llamada lingüística, coincidirá con lo que, según él mismo dijo, recogió de los antiguos cantos y del historiador Ablabio. ¿Por qué hemos de dudar de su honradez de historiador? Durante siglos, la Ilíada y la Odisea de Homero fueron consideradas el producto de la imaginación de un poeta, hasta que Heinrich Schlieman desenterró las ruinas de Troya en el año 1871, probando que ese lugar existía, pero ya Jordanes, en el año 551, no solo conocía la ubicación de Troya,[60] sino que revelaba detalles de su famosa guerra. Hoy sabemos que Troya existió desde el tercer milenio a.C., y de sus 12 estratos arqueológicos el de la Guerra de Troya sería el VII-A, (Troya VII-A, destruida aprox. en 1200 a.C.) De acuerdo con las fechas que deduce Gutschmid de la Gética, según Jordanes la caída de Troya habría ocurrido en el 1190 a.C., lo que nos mantiene dentro de lo probable. Nuevamente, pareciera que Jordanes tenía razón. La mención por Jordanes de dos reinos godos, apoyándose en el autor “Dion” (¿Crisóstomo, o su nieto Dion Casio?) reposa sobre datos que también aparecen en los escritos de un tal Dyctis Cretensis. Muestra igualmente coincidencias con Herodoto y otras fuentes griegas. Revelan que en aquel entonces, había dos reinos godos en las orillas del mar Negro – en la orilla sur que es la actual Turquía, estaba el de las Amazonas,[61] y en la del norte, junto a la boca del Danubio,[62] reinaba el godo Telepho, lo que significaría que mientras Troya controlaba el paso del estrecho de los Dardanelos, los godos mantenían un control estratégico en ambas orillas del mar, en el inicio y final del paso hacia el Mediterráneo, en la vía de lo que posteriormente sería el comercio del ámbar desde el Báltico y la Ruta de la Seda desde Asia. El hecho que Homero mencione tres veces la importancia del ámbar, indica que alguna de las rutas comerciales de esa época bajaba desde el mar Báltico, principal lugar de procedencia del ámbar en la antigüedad. Y el hecho de que Jordanes diga que los godos fueron aliados de Troya, concuerda con la lógica de intereses comerciales compartidos. El segundo canto de Homero, la Odisea, ya es el relato de la toma de posesión por los griegos de las rutas marítimas que anteriormente dependían del peaje ejercido por Troya en el estrecho de los Dardanelos. Jordanes ha sido particularmente claro en explicar que hubo tres distintos avances godos hacia el sur en dirección del mar Negro, lo cual nos traslada desde las tierras bálticas a los Balcanes. Según Jordanes, el primer avance conquistó la cuenca del río Don, atravesó el Cáucaso y se posesionó, conjuntamente con los medas (nación indo-irania) de lo que se consideraba entonces “casi toda Asia”, de donde se retiró dejando el gobierno de los lugares conquistados a los medas y donde parte de sus hombres decidieron quedarse “de morada”. De esa primera migración, tenemos la lucha contra Grecia micénica. La derrota del aliado, Troya, marcó el fin de esa primera gesta.El segundo avance, relatado extensamente por Jordanes, corresponde a la aparición del estado de Dacia en Rumania. Su final fue marcado por la desaparición del reino dacio en el año 106 d.C., cuando el rey de Dacia, Decébalo, fue vencido por los romanos. La tercera migración de los godos hacia el sur, toma cuerpo en el siglo II, avanza hasta el Danubio, llega al mar Negro a la altura del mar de Azov, luego alcanza Panonia, de allí avanza sobre Roma, y termina en el sur de Francia y en España.En esas tres migraciones godas, el denominador común siempre es el mismo: la aparición de rasgos de idiomas bálticos en la lengua local. Si partimos del hecho inevitable y evidente, que los idiomas no caminan solos, sino que los llevan seres humanos de carne y hueso a lo largo de su andar, se nos hace imprescindible dilucidar dónde, cuándo y cómo, cada idioma apareció en sitios a veces muy lejanos de su presunto punto de partida y quiénes lo llevaron a ese lugar. Jordanes no podía adivinar que algún día existirá la lingüística, que certificaría muchos siglos más tarde la sorprendente semejanza que existe entre un idioma del noroeste de India llamado sánscrito y los idiomas bálticos. Sin embargo, su Gética es la que explica la aparición y existencia de ese vínculo. No menos evidente es la presencia de la impronta báltica en lo que se reconstruye del idioma de los dacios (ver capítulo II “Los getas de Dacia”). Y para definir el tercer avance, tenemos el aporte báltico durante la formación del castellano (Capítulo XVI “El idioma de los godos” y capítulo XVII “El cruce de dos idiomas”). Son muchas las preguntas que faltan por contestar según los itinerarios descritos por Jordanes. ¿Cuántos godos había en cada una de esas expediciones? ¿Cuántos se retiraron de los territorios que ocupaban y cuántos se quedaron y se fundieron en la población local? ¿Cuál ha sido la interconexión con las demás etnias con las que los godos tuvieron contactos y cómo funcionaban las mutuas influencias interétnicas? La tarea de la historiografía moderna consiste precisamente en desvelar, conocer y apreciar las diferentes capas culturales que forjaron las naciones modernas y que, en el caso de Europa, quizás fueron mucho más antiguas, cosmopolitas y viajeras de lo que hoy suponemos.Temo que vivimos con unos clichés acerca de los más antiguos habitantes del “Viejo Continente”, sin percatarnos que nos aferramos a ideas preconcebidas, carentes de elemental sentido común – nos parece normal, por ejemplo, que las legiones romanas estuviesen en Bélgica, España, Alemania, Inglaterra, Asia Menor, África y Asia, pero no admitimos que los bálticos se hayan movido más allá del pastoral donde pacía su ganado. Ese “Viejo Continente”, es preciso verlo como una cuna común de dinámicas culturas, mucho más igualitarias socialmente que las del Medio Oriente o Egipto. La “vieja Europa” marchó a su propio ritmo, ni aceptó, ni necesitó someterse a oligarquías celosas de dejar grabadas en piedra o arcilla testimonios de la grandeza de sus potentados. Lo que Europa siempre tuvo y sigue teniendo, es una población creativa, que desde la Edad de Piedra ha compartido un entramado de múltiples microcosmos, fruto de trabajo e ingenio individual.

Escuchemos a los españoles: “En el tránsito entre el Paleolítico (Edad de la Piedra Tallada) al Neolítico (Edad de la Piedra Pulimentada) aparecieron en Europa multitud de manifestaciones de minería subterránea: en Francia, Alemania, Suiza, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Polonia y España. Tal era la apetencia de núcleos de silex de buena calidad, que el agotamiento de los grandes cantos superficiales provocó su búsqueda en el interior de las rocas que lo contenían. Así, en uno de los yacimientos más famosos, el de Rijckholt, en Holanda, se profundizaron pozos de hasta 15 metros y luego, por medio de galerías, se siguió el nivel de nódulos de pedernal. Se calcula que estas minas, hace 5.000 años, produjeron 150 millones de útiles.”[63] Se hace imprescindible comparar esa relación con los recientes estudios de la exportación de silex español hasta las costas de Irlanda. O la importancia que tuvieron las minas de Madrid, o la presencia de grandes láminas de silex en Galicia (España), importadas de otras regiones.

En la región báltica, las minas de silex fueron detalladamente estudiadas. El arqueólogo Algirdas Girininkas escribe que incluso “desde el paleolito y mezolito”, el silex de esa área creó aldeas empresariales, exclusivamente dedicadas a la minería, de donde “unos productos semi-terminados iban a la exportación.” Sacar el silex de los fosos de la mina, clasificarlo, semi-terminarlo, prepararlo para el transporte, exigía tiempo, práctica y fuerza física: “Ese grupo de gente no tenía ni tiempo ni posibilidades de ocuparse de otra cosa.” Canjeaban su producción de silex por alimentos.[64]

Los centros de producción aparentemente se comunicaban entre ellos, porque en los del Báltico se encontraron muestras de productos polacos de las minas de Krzemionski y también silex proveniente de la isla de Rugen, en el norte de Alemania.[65]En el caso particular del Báltico, desde muy temprano existió otra importante actividad empresarial: la exportación del ámbar. El arqueólogo Girininkas, en su voluminosa obra sobre la Edad de Piedra en el Báltico, dedica un espacio a lo que también fue una industria, con sus zonas de recolección del ámbar, centros de talleres para labrar las gemas y sus rutas de exportación. Observa en la zona de producción, la presencia de objetos de procedencias lejanas, testigos del comercio de canje.[66] Menciona de esa misma época y en la zona de producción del ámbar, la existencia de grandes vasijas de 1m x 0,70 m, en aparentes almacenes donde eran colocadas semienterradas. Actualmente, en toda Europa se está recaudando información sobre las culturas que existieron allí hace milenios. Cada país, cada nación, se encuentra en condiciones de escarbar, revelar y estudiar su más lejano pasado. Dentro de poco, vendrán a la ayuda de los estudiosos las claves genéticas y lo más probable es que todos terminemos siendo hermanos, o a lo sumo, primos en algún grado. Es cuando los europeos podrán separar dentro de la gran familia que son, los curricula vitae de sus naciones actuales.Una última nota antes de terminar. Los cazadores que siguieron las manadas de los alces a medida que los glaciares de la Segunda Edad de Hielo fueron derritiéndose en el norte de Europa son los que se asentaron definitivamente en las tierras que el hielo liberó en el Báltico y dieron inicio, según su ADN, a lo que serían los protobálticos y finalmente los bálticos contemporáneos. Pues según los arqueólogos, aquellos cazadores de alces procedían del suroeste de Europa y pertenecían, siempre según los arqueólogos, a diversas ramas de la cultura Magdaleniense, oriunda de Francia y España.Con esa promesa de futuras revelaciones acerca del más lejano pasado europeo, termina ahora la aventura que conjuntamente con los lectores, vivimos capítulo tras capítulo, borrando clichés y revelando testimonios. Sin que nos diéramos cuenta, los hallazgos nos enrumbaron a la conclusión que menos esperábamos, pero ahora parece imponerse: que la cultura de Europa es tan antigua como la de Egipto. Los autores clásicos ya lo sabían, pero los europeos lo olvidaron. Pompeyo Trogo, en el siglo I a.C., se hizo eco del debate acerca de si son más antiguos los egipcios o los escitas que dominaban las cabeceras de los grandes ríos en Europa del norte.[67] Después de relatar los ingenuos argumentos de cada bando, Trogo pareció inclinarse a favor de los escitas.

[1] Prosper Aquit. Epit. Cron. a.a.406.

[2] Heather, P., The Fall of the Roman Empire, mapa en p.207.

[3] Drinkwater J., Elton H., edited by, Fifth Century Gaul: A crisis of Identity?, 2002.

[4] Orientus, Commonitorium, 2.184.

[5] Heather, P. The Fall of the Roman Empire, p.208.

[6] Díaz Martínez, P.C., Hispania tardoantigua y visigoda, p. 276.

[7] Idem.

[8] Sanz Serrano, Rosa, Historia de los godos. Madrid 2009.

[9] Jiménez Garnica, A.M., Nuevas gentes, nuevo Imperio: los godos de Occidente en el siglo V. Madrid, 2010.

[10] Sanz Serrano, Rosa, Historia de los godos. Madrid 2009. p.150.

[11] Orosio, VII,41,7. Cf. Sanz Serrano, R., Historia de los godos, pp.150-1.

[12] Salvino, De Gubernatione Dei, V.V. 21-23. Cf. Sacaze, Inscriptions Antiques des Pyrénées, Toulouse, 1892. pp. 159-60. También cf. Sanz Serrano, R., Historia de los Godos, pp.176-7.

 

[13] Carmen de Prouidencia Dei, vv.93.7 .

[14] Raúl Villegas Marín: Estudio Histórico Doctrinal. https://www.google.co.ve/#q=sancti+paulini+epigramma

[15] Prosper Aquitaniae, 419 d.C.

[16] Cf. Jorge Morín de Pablos y Rafael Barroso Cabrera, “El mundo funerario de época visigoda en la Comunidad de Madrid”, Departamento de Arqueología, Paleontología y Recursos Culturales de Audema, S.A.

 

[17] Ennodio, Vita Beatissimi viri Epiphani, v.89-90. Cf. Ana María Jiménez Garnica, Nuevas Gentes, nuevo imperio: los godos y Occidente en el siglo V, Madrid, 2010, p.215.

[18] Cassiodorus, Variae, 8.21.6-7. Theodor Mommsen. MGH AA 12. Berlin, 1894. Cf. Patrick Amory, Peopole and identity in Ostrogothic Italy, 489-554. Cambridge University Press, 1997. Paperback ed. 2003, p. 73.

[19] Toporov, V., Galindo v zapdnoi Evrope, cf. Balto-slavanskie issledovania, Academia Hayk SSSR, Moskva, 1982. pp. 129-142.                                                          

[20] Idem, pp. 133 y 136-7.                                            

[21] Idem, p.135.

[22] Zinkevičius, Z., Lietuvių asmenvardžiai, Lietuvių Kalbos Institutas, Vilnius 2008, p.30.

[23] Mažiulis, V., Prūsų kalbos etimologijos žodynas 1-ojo leidimo 4 t. psl. 21–22.

[24] Idem.

[25] Coromina, J., Dos notas epigráficas. 1973, pp. 6-7.

[26] Lietuvių Kalbos Žodynas / http://www.lkz.lt/startas.htm.

[27] Idem

[28] Lietuvių Enciklopedija, t. XXIV. p.32.

[29] Lietuvių Enciklopedija, t.XXIV, p.32.

[30] Orlandis, J., Semblanzas visigodas. Ediciones Rialp, S.A., Madrid, 1992, pp. 147-9.

[31] Alfonso X El Sabio. Primera crónica general. Cap.386.

[32] Biblioteca de la Colección Arcaya, Caracas, Venezuela. Primera crónica General de Alfonso X El Sabio, recopilada por Ramón Menéndez Pidal, Madrid, 1906.

[33] Fernández Valverde, J., Historia Rebus Hispanie sive Historia Gótica, Roderici Ximenii de Rada, Turnholti Brepols Editores Pontificii, 1987.

[34] Jordanes, IV.28.

[35] Sánchez Marín, J.M., Origen y gestas de los godos, Ediciones Cátedra, Madrid, 2001.   

[36] Cebulak, K., Delta Wisly, Nowy Dwor Gdanski, 2010.

 

[37] Mierow, J.C. The Gothic History of Jordanes, Princeton University, London, 1915, p.14.

[38] Jordanis Gotengeschichte, Phaidon, Essen und Stuttgart, 1986, p.11.

[39] Mierow, J.C. The Gothic History of Jordanes, Princeton University, London, 1915. Preface I.

[40] Jordanes, IV.25.

[41] Girininkas, A., Lietuvos Archeologija, t.I – VI. Klaipėdos universiteto Baltijos regiono istorijos ir archeologijos Institutas, 2009. p.70.

[42] Jordanes, LX313; Cf. A.von Gutschmid Zu Jordanis, Kleine Schriften, v.5., Leipzig, 1894, pp.293-336.

[43] Jordanes, IV.26.

[44] Dini, U., Foundations of Baltic Languages, English Translation by MIlda B. Richardson and Robert E. Richardson. Vilnius 2014., pp. 59-61.

[45] Jordanes, LX313; Cf. A.von Gutschmid Zu Jordanis, Kleine Schriften, v.5., Leipzig, 1894, pp.293-336.

[46] Rodrigo Jiménez de Rada, De Rebus hispaniae, I.VIII.

[47] Alfonso X El Sabio, Historia de Espanna, Cap. 386.

[48] Rodrigo Jiménez de Rada, De Rebus Hispaniae, I.VIIII

[49] Alfonso X El Sabio, Historia de Espanna, Cap.387.

[50] Jordanes, IV. 28.

[51] Gimbutas, M., The Slavs, New York, 1971. p.68.

[52] Jordanes, VI.47.

[53] Alfonso X El Sabio, Historia de Espanna, Cap.389.

[54] Pompeius Trogus, Justinus. II.3.

[55] Mierow, C.C., The Gothic History of Jordanes, Princeton University, London, 1915. Chronological table following Gutschmid, p. 37.

[56] Villar, Fr., Los Indoeuropeos y los Orígenes de Europa, Madrid, 1991, p. 405-6.

[57] Encyclopedia Americana, t.XVII, p.482.

[58] Chatterdzhi Suniti Kumar, Balts and Aryans, Calcuta, 1968, Indian Institute of Advances Studies, p.143.

[59] Idem.

[60] Jordanes, XX, 108.

[61] Jordanes, VII, 50-55.

[62] Jordanes, IX. 59.

[63] Orígenes y desarrollo de la Minería, Departamento de Ingeniería Geológica, E.T.S. de Ingenieros de Minas en Madrid.

[64] Girininkas, A., Lietuvos Archeologija, Akmens Amžius. Klaipėdos Univsersiteto Baltijos regiono istorijos ir archeologijos Instituas, 2009. p.213.

[65] Girininkas, A., Lietuvos Archeologija, Akmens Amžius. Klaipėdos Univsersiteto Baltijos regiono istorijos ir archeologijos Instituas, 2009, p.214.

[66] Girininkas, A., Lietuvos Archeologija, Akmens Amžius. Klaipėdos Univsersiteto Baltijos regiono istorijos ir archeologijos Instituas, 2009, pp.215-217.

[67] Pompeius Trogus, Justini, Liber II, I.

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