Instituto de Estudios Culturales Avanzados / Presentación

PRESENTACIÓN

Hace diez años apareció el número cero de la Torre del Virrey, una Revista de Estudios Culturales cuya orientación se ha mantenido fiel a una serie de disciplinas tradicionalmente reconocidas como humanidades. Hasta la publicación de su último número impreso, el 16, La Torre del Virrey ha acogido centenares de artículos, ensayos, reseñas, comentarios e ilustraciones, cada uno de ellos con su excelencia particular y su lealtad a la concepción de que las humanidades se dicen de muchas maneras. El número 17, que ahora presentamos junto a los primeros documentos del número 18, abandona el soporte del papel y se ofrece a los lectores en el seno del intelecto agente de nuestra época en el que se ha convertido internet. Deliberadamente dedicamos este primer número de una nueva etapa a una herencia, la de Michel de Certeau, que enriquece la vida cotidiana sin cerrar ninguna de sus posibilidades. Los dos primeros documentos del número 18, dedicados a la literatura universal y a la memoria del filósofo Odo Marquard, señalan una constante de nuestras aspiraciones: la de proporcionarle una trascendencia a la tradición.

Ampliar lo que hasta ahora ha sido fundamentalmente un proyecto editorial suponía convertir una comunidad de lectura y escritura en una comunidad de enseñanzas y aprendizajes. Así nace lo que hemos llamado el Instituto de Estudios Culturales Avanzados de La Torre del Virrey. En muchos aspectos, el paradigma de nuestras publicaciones era el mundo de lectores de la Ilustración. Esa Leserwelt se fija ahora un paradigma más antiguo, del que Jacob Klein ha dicho lo siguiente:

La Academia platónica, el modelo de todas las instituciones educativas hasta el día de hoy, no se fundó, en tiempos que se parecen a los nuestros, para servir sino para ser servida; no se fundó con la mirada puesta en los deseos ni en las necesidades de orden práctico, sino contra esos deseos y necesidades. Preparaba a sus estudiantes, al parecer, para una vida que nunca quedara fuera de su alcance. Les imponía reglas cuyo origen no era la sumisión, sino más bien la oposición al orden práctico. No trataba de descender a un nivel inferior, sino más bien de elevar el orden práctico al suyo. Tal vez sea única al respecto. Su legado es la idea misma de educación, pues educar a una persona es alejarla de las regiones en las que no puede ver la luz.

Pasarán muchos años antes de que nuestra institución se acerque a la idea misma de la educación, pero esa vida no está fuera de nuestro alcance. Agradecemos a todos los que han escrito en La Torre del Virrey y a todos cuantos la han leído esos dos gestos culturales que son una de las formas más altas de la amistad entre los seres humanos. Necesitamos aprender y no hay una manera mejor de lograrlo que disponernos a la enseñanza.